Hola, aquí estoy de nuevo, tras pausa de semanas, con la buena noticia de que este año ‘Puntos de Luz’ continuará en las ondas durante el mes de julio. Pasado el periodo pre y post electoral, aunque aún haya pactos por cerrar, abrimos nuevas ventanas. A otros mundos, a otros periplos. Precisamente el primer jueves de junio conversamos con Iosune Murgoitio, una de las ganadoras del III Concurso de Relatos Mujeres Viajeras, una web que está en marcha desde 2007 y con cuya creadora hablaremos para cerrar el mes.
La web se propone, entre otras cosas, potenciar, dar a conocer, financiar y promover el papel de la mujer en el escenario de los viajes, el turismo voluntario o la cooperación en distintos puntos del planeta. Difundir las aventuras, desventuras y retos que muchas féminas viven más allá de las fronteras patrias.Iosune se fue hasta Bolivia, a una cárcel. De lo que allí vivió se nutre ‘El cerro de los instantes penitenciarios’, del que les adelanto algún fragmento, a la espera de que Casiopea, la editorial de MujeresViajeras, la publique este verano.
‘Una hora después atravesamos la puerta. Mujeres a la izquierda y hombres a la derecha. El funcionamiento de la sociedad, en dos filas por razón de sexo. El punto de partida de la injusticia y la frustración de una cotidianeidad social muy compleja. Un policía uniformado, enseña del estado boliviano y piel morena, recorre cada una de nuestras posiciones. Deduzco que es colla, fracción indígena de la sociedad boliviana procedente del altiplano y cuya dignidad fue absorbida por los españoles que arrasaron el país hace más de 200 años. Me pide lo que le corresponde: cinco bolivianos. Libertad de solicitar. Aproximadamente, cincuenta céntimos de euro. Un instante de abrir la cartera, extraer ese valor ficticio, mirarle a los ojos y entregárselo a él, al que irónicamente, vestido de color verde esperanza, vela por el cumplimiento de una placa colocada a la entrada de la prisión: “Toda persona para ingresar a este recinto solo debe presentar su cédula de identidad. No debe pagar por ningún concepto. No sea cómplice de la corrupción’.
Pienso en esas mujeres victorianas cuyas vidas tan bien cuenta Cristina Morató, periodista, fotógrafa, escritora, que desde hace 20 años recorre el mundo y plasma en textos las vidas de mujeres que hicieron del mundo su casa. Con historias increíbles como las que recoge en ‘Viajeras intrépidas y aventureras’. Pienso en esa Amelia Eackhart a la que dio vida en pantalla grande Hillary Swank, de la cineasta india Mira Nair, y que ya había inspirado ‘Amelia. El vuelo final’, de Yves Simoneau en 1994. Primera mujer que en 1932 realizó en solitario la travesía del Atlántico y que aprovechó su fama para promover el uso comercial de la aviación y defender, desde una postura feminista, la incorporación de las mujeres a este nuevo campo profesional.
Y pienso en cuántas personas se dejan la piel cada día en mejorar este mundo nuestro, y de las que apenas sabemos nada.