El Hierro ha estado postrado en la cama enfermo de una crisis sísmico-volcánica, prescrita por científicos y autoridades, para cuyos achaques no existe tratamiento paliativo. En medio de la severa crisis económica mundial, esta otra de carácter geológico que hirió de muerte el sector pesquero, ha asestado demasiados reveses sobre una población reducida, que había hecho de su hábitat un modelo sostenible y que ahora carece de horizonte fiable.
No fue una cumbre más. Pero tampoco una cumbre histórica. Los consejos europeos (y el de este lunes 30 de enero no ha sido una excepción) suelen tener mucho de reglamentario y puesta en escena, y, cada vez más, se dotan de un contenido sustancial inevitable.