miércoles, 04 de enero de 2012
Pasado mañana, cuando vengan los Reyes, nos traerán recuerdos de Pérez Arnay. Porque era un regalo del cielo, un amigo que sonreía como si te obsequiara todo el tiempo su bonhomía y afecto. Me lo tropezaba a menudo, en el Quiosco de Rosi y Marín en la Plaza Militar, entre revistas de lo suyo –el cine- y lo mío, que son los periódicos y los libros, papeles de otra película, el buen periodismo y el malo.
Arnay era de los buenos periodistas del género –habría sido un ‘pedazo’ de crítico cinematográfico en el Madrid de Terenci Moix, su amigo también desaparecido, a cuyo encuentro ha ido por fin-; lo tuve cerca en Radio Club detrás de un micrófono adulándole a la noche para que le dejara mantener los ojos abiertos hasta bien entrada la madrugada al arrullo de las canciones de ‘Anyway’. Era buen catador de cine, tenía un archivo documental de primera mano; conocía la biblia acerca del séptimo arte. Escribió la biografía de María Montez, la mítica reina del Technicolor, hasta cuyos orígenes canarios indagó sin desmayo.
Antonio se ha ido casi al alimón con el gran doblador Rogelio Hernández –que conocimos juntos en la emisora cuando lo trajo Paco Padrón-, la voz de Brando, de Paul Newman y de Jack Nicholson. Tenía la pasión rutilante de las estrellas, a las que se ha unido en el firmamento que anhelaba, y vivía como un actor de oficios inimaginables. Era enfermero, como hubiera sido filólogo de no haber interrumpido los estudios con la muerte del padre. Era –había sido- periodista de prensa, radio y televisión, hasta que en los 90 abandonó el gremio, porque no le debía nada a nadie.
Era dueño absoluto de su vida. Lo veía con el entusiasmo de siempre, sonriendo como única manera de comportarse. Era de la gente que no disimulaba la alegría. Por eso, si el corazón le estalló en la calle, debió de ser otra carcajada de Arnay, recién llegado del Líbano, con ganas de emprender un viaje todavía más lejos, a la fábrica de los sueños.
Comentarios
martes, 10 de enero de 2012 - 0:54
Me enteré de su fallecimiento por una amiga común. Todavía no puedo creer que Antonio ya no esté con nosotros. Parece un sueño que no quiero recordar. Tuve la suerte de ser su amigo y compañero en Radio Club Tenerife. El me enseñó a amar el cine. El me enseñó a amar la música. Aprendí tanto de Antonio. Con el paso de los años, de compañeros en Radio Club, tuve el honor de sustituirle en la realización de ese programa mítico que es Anyway, con esa sintonía y melodía de piano. El me pedía cuando se iba de viaje que me quedara yo al timón de la banda sonora de las madrugadas de tantos oyentes. Escribo estas líneas como humilde recuerdo a un gran periodista y mejor persona. Al igual que Carmelo Rivero, siempre le recordaré por su sonrisa y buen humor. Descanse en paz, mi querido Antonio.
martes, 31 de enero de 2012 - 17:13
TODAVIA NO ME LO CREO...
ES INCREIBLE LOS ZARPAZOS QUE DA LA VIDA SIN ESPERARTELO...
LE HABIA RESERVADO MAS DE 10 PELICULAS DE LAS SUYAS...Y ESTABA ANSIOSO PARA QUE LAS VIERA...PORQUE ERAN DE LAS SUYAS...Y LE IBAN A ENCANTAR!!!..CLASICAS DE CULTO....DE LAS QUE SIEMPRE BUSCABA.....
Y SE NOS FUE SIN AVISAR...DE LA FORMA INJUSTA QUE TIENE LA VIDA A VECES DE LLEVARSE A PERSONAS BUENAS...

RECORDAREMOS DE EL...SU ALEGRIA...GANAS DE VIVIR...MIL PLANES QUE REALIZAR...TANTOS PAISES QUE VISITAR...SU BAILE CUANDO OIA A SU "DONNA SUMMER"...SU HUMOR IRONICO Y SANO...SU VITALIDAD EN GENERAL...
Y DE REPENTE...SE NOS FUE...
EN NOMBRE MIO Y EN NOMBRE DE MIS COMPAÑEROS...
GRACIAS POR ASOMARTE A NUESTRAS VIDAS...Y QUEDARTE PARA SIEMPRE

UN ABRAZO ENORME

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