La eventual retirada del Afis del aeropuerto de El Hierro es una victoria social de la isla en toda regla, pero, sobre todo, un triunfo de la razón pura más elemental. El sistema automático lesiona las aspiraciones de crecimiento turístico de un territorio prototipo del hándicap insular por excelencia, la lejanía e incomunicación, y la propia dinámica cotidiana de una ciudadanía que usa el avión con la frecuencia de la guagua o el tranvía en Santa Cruz. La ’ceguera’ de José Blanco, el ministro padre de esta chapuza (Luis Carandell esté en la gloria), se ve obligado a dar marcha atrás ante la contestación unánime (sin fisura política, ‘por una unanimidad’) de la isla de un pueblo que suele conjurarse como pocos, desde los orígenes de la historia, en defensa de sus causas más nobles, bien sea el maná secreto del Garoé o la categoría de su aeropuerto crucial. Blanco sobre negro, el ministro rectifica y pide informes técnicos para devolver el control aéreo a la isla y llevarse el Afis a otra parte dentro de un mes. Ya dije que en las calles de El Hierro sonaban los tambores, pero eran de guerra. Que el ministro recién operado de la vista, debía ponerse gafas de nuevo. Gafas de lejos para ver lo que está pasando en El Hierro alzado. Hemos visto las manifestaciones como cuando contra Malpaso. El mal paso del ministro que fomenta el Afis sin ton ni son y ha de llevárselo con pitos y tambores.