viernes, 17 de septiembre de 2010

El Afis es una jugada de tahúr de José Blanco para bajar los humos y los sueldos a los controladores aéreos que alardean de nóminas estratosféricas, y no va descaminado. De acuerdo que se trata de un sistema automático de información válido en aeropuertos de baja intensidad de tráfico en algunas ciudades de Europa. Vaya, que no es un conejo que se sacó el ministro de la chistera. Pero en la ancha piel de toro de la España peninsular hay aeropuertos que, por su escasa estadística, incluso ridícula, están llamados a ser los ‘conejillos de Indias’ del Afis antes, mucho antes que El Hierro, una isla que se acerca a los 200.000 pasajeros por año, a gran distancia de Burgos, Huesca, Logroño, Córdoba y otros candidatos potenciales, que oscilan entre 6.000 y 35.000.

El ministro, que se operó de la vista recientemente, necesita ponerse de nuevo las gafas. Las gafas de lejos. Para, razonablemente, apreciar el disparate de elegir El Hierro de experiencia ‘piloto’, junto a La Gomera. Poner el ‘ojo’, precisamente, en las dos islas más distantes, que por lo uno y lo otro (la insularidad y la distancia) son territorios castigados de por sí en el conjunto de los privilegios de la España continental que viaja en AVE, demuestra una enorme ‘miopía’. Refleja un tic centralista trasnochado que recuerda tiempos de destierro e ignominia con las pequeñas islas canarias de El Hierro o Fuerteventura. Otra ‘unamuniada’.

Negro sobre ‘Blanco’, el Afis no pega en El Hierro ni con cola (de avión). Si el ministro quiere verse metido en un lío, que siga tozudamente proclamando a los cuatro vientos que el aeropuerto Los Cangrejos de El Hierro reúne todas las condiciones para sustituir el control humano por un control automático. Por cierto, que no olvide preguntar a los obedientes técnicos en seguridad aérea por qué se olvidaron de los vientos cruzados de la isla a la hora de certificar su idoneidad.

Babiecadas y sandeces se han dicho históricamente muchas desde un cargo público peninsular acerca de las singularidades de Canarias. Don Juan Marichal solía decir que a los canarios nos han visto siempre en la Península como “bichos raros”, y tanto lo pensaba –para incomodidad de sus amigos isleños vocacionalmente peninsuleros- que estaba convencido de que a Negrín lo proscribieron porque era un canario incomprendido más, un “bicho raro”.

Estoy convencido de que el ministro de Fomento, que asestó (y acertó) un golpe de efecto cuando libró su famoso pulso con los ‘bienpagados’ controladores, no ha medido el desliz centralista de llevar el juguete del Afis a El Hierro, como quien prueba un ingenio impopular lo más lejos posible. Es un renuncio casi inconsciente en el político poco viajado por las periferias del país, un mal de despacho que juega malas pasadas, donde traiciona el instinto de poner tierra por medio, o poner mar, como en el ‘Prestige’ de los gallegos. Reitero que el Afis no es una temeridad en sí mismo, puede que sea una solución resultona y rentable en un servicio que le sale especialmente caro a Aena, pero sí discrepo de la oportunidad y la designación misma de El Hierro para su implantación. Tampoco me agrada que La Gomera se haya prestado como ‘cobaya’ del experimento, pero puedo entender que es un aeropuerto infinitamente menor y prescindible para el ciudadano en su movilidad con el exterior, habida cuenta la preferencia tradicional de esa isla por el barco.

El Hierro no es el mismo caso. Es una isla que está ‘despegando’ turísticamente gracias al incremento de vuelos y que demanda, justamente, la ampliación de horarios del aeropuerto. El avión es un utilitario para el vecino herreño y una ‘guagua’ para el turista. Blanco no ha medido bien su golpe bajo a la isla meridional frontera sur de Europa, modelo de la UE en desarrollo sostenible y uno de los últimos paraísos vírgenes del planeta.

Ha metido la pata en el pozo de Sabinosa. Y ahora le toca sacarla si es inteligente. El Hierro es la isla chica, pero los herreños no se andan con chiquitas. Acabo de regresar de allí, donde encontré una ciudadanía soliviantada, dispuesta a invadir la pista del aeropuerto el día previsto para el debut del AFIS contra la voluntad del Cabildo. El 23. El 23-S. Tomás Padrón, el político menos conformista que conozco, ha desenterrado el hacha del espíritu de Malpaso, del radar, del hospital, de la lanzadera de microsatélites, del amago de la descatalogación del lagarto del Salmor y de tantas batallas desiguales, en que el “el grande perdió y el chico ganó”.

En El Hierro han vuelto a sonar los tambores. Pero son tambores de guerra.

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