sábado, 11 de septiembre de 2010

Hoy se cumplen nueve años del 11-S, la primera tragedia de la historia que horrorizó al mundo entero al mismo tiempo, en directo, por televisión. Aún se desconoce –al menos oficialmente- el paradero de Bin Laden, el autor intelectual de los ataques a las Torres Gemelas y al Pentágono con aviones convertidos en armas de destrucción masiva.

Al filo de esta década condenada por la barbarie terrorista y la barbarie de una crisis económica dantesca, diríase que estamos como el primer día, indefensos ante esa espada de Damocles cada vez que nos subimos a un avión o que frecuentamos algún lugar público de una gran capital cualquiera del mundo.

El nombre de Al Qaeda alcanzó una notoriedad planetaria ese día, y se erigió en la marca más temible de lo que conocemos por terrorismo. El mundo ha cambiado, sin duda, desde entonces, bajo la sombra de ese fantasma que se esconde en todas partes y es invisible. Los métodos occidentales de seguridad, incluso los de las mayores potencias, se han revelado insuficientes para garantizar el orden y desarmar a tiempo al terrorista de marras, salvo los éxitos que empiezan a cosecharse últimamente en atentados que habrían sido devastadores siguiendo la estela de aquél. El 11-S es la mácula de este siglo.

Ha habido y hay guerras como Irak y Afganistán que parecen interminables tras el derribo de las torres del Wordl Travell Center. Y de las manifestaciones que dividían a partidarios y detractores de esos conflictos de escarmiento por los atentados, hemos pasado a las movilizaciones de hoy a favor o en contra de que se construya a dos manzanas de la zona cero de Manhattan (donde quedó abierta la fosa de 2.700 personas muertas en el derribo de las torres) una mezquita.

Al cabo de nueve años, gobierna en EE.UU un presidente negro, del que una parte considerable de la población, contaminada de las más mezquinas sospechas en un país de extremistas, cree que es musulmán por su mero apoyo al polémico centro islámico. “No estamos en guerra con el islam, estamos en guerra con los terroristas que utilizan falsamente el islam para justificar sus actos”, tuvo que precisar ayer el presidente Barak Obama (en horas bajas de popularidad, pese a haber ordenado recientemente el final de las acciones bélicas en Irak) ante una ola de periodistas que le interrogaban en la víspera de este aniversario, alarmados por la posibilidad de que un pastor cristiano radical de Florida pueda cumplir hoy su palabra de quemar, entre las seis y las nueve de la tarde, ejemplares del Corán en su modesta iglesia de Gainesville. La disparatada idea del fanático protestante Terry Jones, que se ufana ante los periodistas luciendo un revólver del calibre 40 en su cartuchera, gozó de la generosa publicidad a que nos tienen acostumbrados los medios de comunicación en ese país del espectáculo que es EE.UU. y, coincidiendo con el término del Ramadán, desató una marea de protesta e indignación en el mundo musulmán, que recuerda a la provocada por las caricaturas de Mahoma.

Este noveno aniversario del día de la masacre no nos excluye a los canarios, que debemos ser concientes de la presencia en el Sahel del nuevo Al Qaeda del Magreb, por lo que ello pueda suponer en el futuro dada la poca distancia de nuestras costas donde los turistas europeos se tumban al sol. Y, entre otras coincidencias de un episodio macabro, nos implica esta fecha, porque entonces, antes de la acción kamikaze de los aviones Boeing que atravesaron como agujas de acero las Torres Gemelas, los dos terroristas que los pilotaban, Mohamed Atta y Marwan Al Shehhi, acudieron ’religiosamenter’ durante seis días por semana a lo largo de dos meses a clases de aviación en una prestigiosa academia de Miami, y el instructor que les enseñó a volar resultó ser el canario Iván Chirivella, ‘cómplice inocente’, como titula su historia la periodista Alicia Mederos.

Nueve años que aún nos dañan.

Comentarios
lunes, 13 de septiembre de 2010 - 1:03
Me parece una barbaridad que un fanático haya generado tanta alarma y tanto escandalo por una bravuconada propia de un loco, un loco que nos ha vuelto a todos locos como dice John Carlin en el periódico El Pais. Siento lástima por Obama, condenado a gobernar un país que no lo merece, un país de cretinos y fachas que sólo son noticia en el mundo cuando tirotean a una familia en una rulotte, o acribillan a los niños de un colegio, o amenazan con quemar el Coran. País que da asco.
lunes, 30 de abril de 2012 - 3:14
Boa tardeQueria sf3 agradecer pelo cottuibrno indirecto que este blog deu para a execue7e3o de um plano de negf3cios para uma unidade curricular. Foi de facto muito util e espero que volte a postar porque de facto tenho este blog como uma verdadeira mina.Cumps
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