Este verano de 2010 no tiene desperdicio. Agosto ha sido un mes disfrazado de otro mes cualquiera, un mes pirata donde no hubo paréntesis, ni cosa por el estilo, sino un vendaval de sucesos y declaraciones.
A juzgar por el insólito rifirrafe entre la SER y la Cope por sus estrellas del deporte, más parecía un mes de la liga, con fútbol y Carrusel. Aquello de las vacaciones de agosto, informativamente, pasó a la historia. Será el efecto saturación de medios o que ahora pasan más cosas que antaño. La prensa ardía esta vez de calderos políticos al fuego. España no echa el cerrojo en agosto. A falta de Parlamento, parlamento de papel, foros y facebook. Aquí no coge vacaciones ni Zapatero ni el pito del sereno.
La crisis les ha dado cuerda a todos, que compiten en presumir de vaciarse en el cargo y reducir gastos. A las catástrofes naturales (y milagros naturales, como el hundimiento sin víctimas de la mina chilena), atentados terroristas y casos de corrupción (agosto no exceptuó a Gúrtel, el cadáver de la ’pensión’ del PP, a propósito del macabro esqueleto del hostal de Santa Cruz), se sumaban las brigadas solidarias, el pago del rescate millonario a los mercenarios de Al Qaeda en el Sahel, la mujer de los ojos tumefactos por una paliza en El Aaiún, la retirada de Obama de Irak, la resurrección de Fidel, los dos ministros que dejan el Gobierno por las elecciones, y a nivel local el pulso de los Pérez en el PSOE, la miseria de la miniserie de Telecinco sobre el accidente de Spanair, la descatalogación estatal de los sebadales y suma y sigue, hasta regresar al punto de partida, donde el termómetro electoral registra los acaloramientos del pacto de Gobierno. ‘Somos novios’, cantaba Manzanero, huésped de Los Sabandeños en las Fiestas del Cristo. El pacto ya va pareciendo un bolero de desamor que llegará hasta el final como en el lento lamento de ‘la llorona’, de Chavela Vargas.