Resulta escalofriante la historia de estos 33 mineros de Chile supervivientes a 700 metros de profundidad como si en topos milagrosos se hubiera transformado un grupo humano condenado a morir bajo tierra. El ´tierral’, el alud que los enterró en vida bajo el yacimiento de oro, no produjo víctimas tampoco entre los restantes obreros que lograron salir a la superficie abriéndose paso con las manos entre las piedras. Ha sido todo un monumental episodio mítico patriótico, que convierte a estos topos de oro en héroes de un país que viene de mirarle las entrañas a la tierra en el terremoto de febrero. 32 chilenos y el boliviano Carlos Mamami.
Entre los chilenos, gente joven y de edad; el más viejo, sesentón, escribió una carta de amor a su esposa. Y uno de los más jóvenes mostró su rostro a la cámara guiada por control remoto bajo las luces de los cascos de sus compañeros, que simularon los focos de un set de televisión. Uno de los supervivientes se llama Lobos. Franklin Lobos. Un nombre importante en la historia del fútbol chileno de los 80 y 90. A este chófer minero lo llamaban el ‘Mortero mágico’, ganó un título de liga y fue internacional. Iván Zamorano (amigo y excolega) y Bielsa (seleccionador)le están esperando para “celebrar la vida”.
Chile respiró tranquila cuando el presidente recién electo, Sebastián Piñera, extrajo un mensaje dentro de una bolsa plástica que la sonda sacó desde el fondo de la mina con la remota buena noticia (los entendidos daban apenas un 2% de probabilidades de vida a los mineros atrapados en la fosa): “Estamos bien en el refugio los 33”, escrito con letras rojas. Y ése a partir de ahora es el número bendito de Chile. El número de la buena suerte. Los dos dígitos del milagro.
-Digan 33 –indica el galeno chileno explorando con su estetoscopio que el país respira bien.
Un hilito de oxígeno baja por un conducto casi invisible. Respiran. Chile respira al compás de los mineros que burlaron la muerte. Cantaba Víctor Jara en su ‘Canción del minero’:
"Minero soy,
a la mina voy,
a la muerte voy."
Esta vez no. Mineros que van a la mina de la vida, y, si los trabajos de rescate se aceleran, regresarán en pocas semanas o meses (¡qué larga espera abajo y arriba!) a relatarla. ‘Vivir para contarla’, dice García Márquez de su infancia. Por los huecos que abren las sondas les envían colirio para los ojos, ungüentos para la piel y cartas de las familias. También agua, oxígeno comprimido, víveres y otros medicamentos, pero han vuelto a nacer prácticamente sin nada que echarse a la boca ni aire que respirar. Resucitaron el 5 de agosto, día del derrumbe, hasta hoy, en el desierto de Atacama.
La tragedia de Piedra de Los Cochinos
Es un suceso que nos retrotrae, por nuestra parte, a otra gruta, la de la cueva negra de ‘Piedra de Los Cochinos’, en Los Silos (Tenerife), donde el 10 de febrero de 2007 murieron 6 jóvenes asfixiados. Aquella tragedia (un desafortunado equívoco llevó a 29 excursionistas a la galería errónea: iban a ser 30, pero un guía finalmente no fue) dejó un dolor inconsolable en familias que aún no se explican cómo pudo suceder tan ingenuamente. Ahora, como en los primeros diagnósticos de la mala seguridad de la mina de Chile (donde una simple escalera obligada en la chimenea de ventilación habría bastado), trascienden las posibles negligencias (las conversaciones de un excursionista con el 112 ahora reveladas plantean dudas sobre la eficacia del rescate, amén de los otros fallos involuntarios anteriores que rodean este caso) que habrían paliado, si no evitado, las pérdidas humanas. Las escenas de Los Silos eran terribles: los bomberos, jugándose también ellos la vida, iban saliendo del interior de la gruta, desde más de 1.600 metros de profundidad, con los cadáveres a hombros, uno a uno. Algunos padres y madres, en el exterior, rezaban para que el siguiente no fuera su hijo. Varios testimonios, ciertos literalmente o no, se difundían al instante: una chica, al parecer, había salido viva y de inmediato regresó a la galería a buscar a su novio que se había quedado atrás. Ambos murieron.
Chile y Tenerife viven a estas horas sensaciones opuestas sobre seres queridos atrapados entre las piedras. Chile festeja que sobrevivan, que bajovivan. Tenerife llora a seis muertos inocentes.