El verano, agosto en particular, tiene un sesgo literario. Con los sofocos, los helados y las horas vacías, vuelven los libros a muchas manos que los habían olvidado durante meses.
Siempre he sostenido que la lectura es una disciplina, en el doble sentido de la palabra: una actividad y un hábito. Lo adquirí, hace decenas de años, en una librería en la esquina de una calle. Ahora, mi agosto literario ha saltado de autor en autor: Poe, Coetzee, Vallejo…. y ¡Carver!
En Las Caletillas (Candelaria) devoré la edición original íntegra del libro de cuentos de Raymond Carver ‘Principiantes’, una obra maestra de la narrativa norteamericana, cuyo editor-corrector Gordon Lish censuró (por razones de estilo, de trama o por atrevido) hasta reducir su extensión a la mitad antes de publicarla en el 81.
Género el del cuento que, como se sabe, tardaría en arraigar editorialmente en España hasta antesdeayer mismo, a pesar de ser éste un país cuentista.
Pues bien, los diecisiete cuentos colosales de Carver (‘Dile a las mujeres que nos vamos’ es desgarrador) están, por fin, aquí (Anagrama, mayo 2010), vírgenes o desvirgados, tal como los parió, bajo los efectos del alcohol o de una cargacera literaria simpar en medio de una tregua de abstinencia, un autor atormentado que no llegó a los 50. Carver, inseguro hasta la médula a la hora de darlos a la luz como libro (sólo unos pocos eran inéditos, sin embargo), tragó las mutilaciones de Lish, que, no obstante, acertó, a mi juicio, con el título, al sustituir el anodino ‘Principiantes’ ahora rescatado por el más incitante ‘De qué hablamos cuando hablamos de amor’.
El verbo devorar no es exagerado. La reedición de esta joya en su versión diamante en bruto (sin quitarle ni una coma a Carver) es un homenaje al autor maldito y un desagravio al manuscrito acaso prototipo de la perfección literaria, como sugiere Philip Roth.
Carver, y este libro en concreto, son recomendables en cualquier estación (incluso de tren), pero en verano debería prohibirse no haberlo leído, una vez difundida su existencia, que es lo que acabo de hacer con esa intención.