viernes, 20 de agosto de 2010

El accidente de Spanair en Barajas, que se cobró 154 vidas hace hoy viernes 20 de agosto dos años, registra tal cúmulo de despropósitos que, sin duda, se erige en paradigma de la catástrofe evitable.

Fallaron los flaps y los slats, que permanecieron replegados en el despegue. El sistema de aviso de tal anomalía tampoco funcionó. Los dos técnicos de mantenimiento de turno ese día (imputados por homicidio imprudente de la totalidad de las víctimas) echaron mano de una bolsa de hielo para enfriar el calefactor, la sonda que mide la temperatura exterior del avión y que, por razones desconocidas, experimentó un calentamiento indebido (cien grados) estando en tierra y no en vuelo, que es en la única circunstancia en que debería activarse. Y un ya célebre interruptor, el relé, que pudo ser el causante de toda esta desgraciada desconfiguración, ha sido objeto de un calvario para poder ser desmontado y analizado de entre los restos del aparato tras el siniestro, pese a la orden judicial, porque los peritos no han contado con los medios sofisticados necesarios a tiempo.

El avión, un MD-82 de la compañía Boeing, que luego hemos sabido que es un modelo propenso a estos fallos (sufrió una veintena larga de incidencias, al menos, en una flota de cien aeronaves), está siendo sometido a revisión, porque la tragedia del JK5022 de Barajas, que tiñó de luto Canarias un día como hoy de 2008, no ha sido, al parecer, suficiente motivo para retirarlo de circulación ipso facto.

Este triste segundo aniversario, aún sin respuestas a los múltiples interrogantes de numerosas familias canarias agrupadas en la asociación de afectados, se ha visto precedido de un vuelo en la víspera de un avión similar desde Gran Canaria, que debió regresar a Gando por avería en un motor. A perro flaco todo son pulgas, pero, al margen del refrán, al MD 82 le debe suceder algo. Las casualidades a veces son simples causalidades, sin más rodeos.

La dilación del caso (el juez admite dificultades para dar con peritos de fiar) y los intereses en juego alimentan sospechas injustas e injustificables en un episodio macabro que demanda, precisamente, agilidad y transparencia. Las primeras filtraciones del informe final de la comisión investigadora dependiente del Ministerio de Fomento resultan inquietantes: fue un fallo humano. Los pilotos integrados en el sindicato Sepla no han tardado en reprobar las declaraciones en tal sentido del ministro José Blanco. La versión más razonable de un error en cadena (del sistema técnico del avión, del servicio de mantenimiento, del comandante y del mal fario que supone la contumaz coincidencia de todas las irregularidades juntas) no puede ser despachada, si se confirman las noticias, con el socorrido fallo humano, que es como el virus recurrente al que atribuyen los médicos con desconcierto las patologías sin explicación.

Lo de la miniserie de Telecinco, que ha levantado una comprensible polvareda entre las familias de las víctimas ante el temor del impacto psicológico que su emisión les produzca, arroja, sin embargo, algunas incógnitas, a mi juicio. Si resultara que de la investigación de los guionistas se desprendiera una rigurosa reconstrucción de los hechos que ayudara a los afectados a presionar a las autoridades para un esclarecimiento real frente a una previsible conclusión para salir del paso, estaríamos ante una herramienta útil. Este accidente sólo se desvelará con nitidez si se crea una atmósfera social que reclame de modo contundente todas las aclaraciones necesarias inexcusables (algunas sólo posibles con sofisticados ensayos que hay que exigir), la depuración de responsabilidades y las compensaciones que no mitigan el dolor pero reparan el desamparo de muchos damnificados. Como ciertamente no nos es dado saber todavía si el contenido de esta polémica producción de una cadena, en efecto, precedida de una fama amarillista va o no en esa dirección que apuntamos, lo más aconsejable sería que los propios afectados puedan visionarla antes de su emisión. Y no habría vuelta de hojas.

Comentarios
lunes, 23 de agosto de 2010 - 16:35
Ese accidente fue una tragedia. La otra tragedia han sido estos dos años sin noticias de lo que pasó. Está tardando el informe técnico tan demorado y la apertura del juicio que ponga las cosas en su sitio. Inevitables las sospechas de querer enterrar el asunto.
HIT
martes, 24 de agosto de 2010 - 18:46
Estimado periodista;

En estos últimos años todo se tiñe de oscuridad, y ciertas opacidades, favorecen a los mas perspicaces a pensar en todo tipo de frivolidades.
Que pena para nuestra convivencia, que lamentable suceso, es una amargura la pérdida impotente de vidas humanas, se reduce, también por casos como este, la dignidad de la vida, el valor que esta poseé, se convierte de paso a la muerte en un espectáculo para traseros cuadrados de sofá y mando a distancia. Es muy repugnante este asunto.

Gracias
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