Como en aquella fiebre fotográfica compulsiva de los turistas orientales, que traían en los años 80 sus cámaras de vanguardia a cuestas y no dejaban de clickear el obturador captando todas las imágenes que se les cruzaban en el camino, así ahora los jóvenes de este país se han dado a la adicción de la ‘foto de paso’, la foto fugaz de la calle trivial vía móvil o cámara último grito, como material periodístico indiscriminado que va a parar indefectiblemente a la red social de turno, Twitter mayormente para el caso. “No hay nada en este mundo que no tenga su instante”, decía Henri Cartier-Bresson.
A Carmelo Vega, el investigador de la historia fotográfica de Canarias que está recorriendo isla a isla en busca de colecciones perdidas o no inventariadas del archipiélago ‘imaginado’, el boom del género le merecerá una feliz sorpresa, o acaso esperada desde el día que el Reina Sofía adquirió una foto del canario Juan Hidalgo como obra de arte.
Es una imagen frecuente estos días en Canarias la de los fotógrafos espontáneos en acción, a bordo del tranvía de Santa Cruz, a pie por cualquier calle como un cazanoticias freelance, o ‘colgado’ de una ventana, como en los misteriosos planos aéreos en blanco y negro de los primeros fotógrafos newyorquinos congelando en su visor a un grupo de encorbatados con sombreros de época recorriendo inexcrutablemente la azotea de un edificio aleatorio.
Esta era de pasión posesiva por la foto al azar de la vida cotidiana destinada al álbum virtual de la red social afín, dejará un acopio insuperable de imágenes del siglo para futuros carmelovegas que quieran escudriñar este período a través de la profusión de ‘retratos’ de un ejército adolescente de fotógrafos amateurs que se ha echado a la calle a ‘disparar’ como nunca.
Más de un lío conyugal traerá consigo el nuevo frenesí gráfico, como ya ocurriera entre Demi Moore y su bloggero marido, que la inmortalizó en Twitter en bragas.