Se dijo: “Si Canarias tuviera algún día petróleo…” Lo tiene. Pero teme a la marea negra como Obama a BP. El ministro de Industria acaba de reabrir esa Caja de Pandora en el Congreso, a pregunta del diputado Perestelo. Ve con buenos ojos que se proceda a la extracción. Miguel Sebastián olvida que Fuerteventura y Lanzarote se oponen frontalmente desde el primer día por miedo al derrame y que el Gobierno canario arrancó el compromiso de Zapatero de no dar luz verde sin concertar la decisión con esta comunidad.
Repsol se muerde las uñas por trasladar cuanto antes hasta ese punto de estas aguas una plataforma petrolera (mencionarla es ver los pelícanos empetrolados del Golfo de México) y proceder a sacar mil millones de barriles de crudo que calcula que se almacenan en nuestro lecho submarino. Pero los tribunales, a instancias de Canarias, paralizaron las labores de Repsol hasta tanto ver.
No elige la petrolera hispano-argentina el mejor momento, con la demostración de impotencia de la británica BP, que le ha costado el cargo al consejero delegado. Marruecos no quiere oír hablar del petróleo canario, porque reclama que es marroquí. Tenemos un tesoro de oro negro, y como aquel botín que usurpó el Odyssey de un barco hundido de la era colonial que España reclamaba como suyo, algún día entablaremos un litigio internacional con Rabat por los lingotes de este combustible fósil que yacen aquí abajo, cerca de las islas orientales.
Por no tener no tenemos ni establecida aún (y es una vergüenza incalificable, prueba de la apatía de Madrid y de la condescendencia con el monarca alauí que raya el servilismo) la mediana entre Canarias y Marruecos una vez se tracen las doscientas millas. Sigamos así, que esa clase de indefiniciones aplazadas para mañana nos van a costar caras algún día. Todo el mundo busca ansiosamente petróleo como sea, y Marruecos le ha puesto el ojo a una bolsa considerable de petróleo en la costa del Sáhara que se disputa con el Polisario: ambos han encomendado a empresas de distinta nacionalidad (Rabat a una francesa y otra estadounidense, y los saharauis a una firma australiana) que determine el alcance de la mina. Marruecos ya hizo en el 75 la marcha verde, no vaya a endosarnos, por negligencia, una marea negra.
Y nosotros, callados la boca con nuestra reserva bajo candado para el futuro. Es una historia que pronto cumple diez años, desde el primer permiso otorgado a Repsol por Aznar cuando parecía inevitable que las tareas de succión iban a comenzar. ¿Podemos permitirnos este lujo, dicho en tiempos de crisis descomunal con más de 250.000 parados? No hay un consenso político. Si le preguntan a Saavedra dirá que ninguna tierra hace la vista gorda a un yacimiento de petróleo. Si le preguntan a los ecologistas supongo que abogarán por no tentar al diablo. Mejor no meneallo, por si perdemos el petróleo y el turismo a la vez.