martes, 20 de julio de 2010

Los niños de Puno (Perú) mueren de frío y olvido, entre la impotencia de las autoridades en un país que crece por encima de la media del continente, y una indiferencia crónica por el simple hecho de que, cada año, el severo invierno, el ‘friaje’ de las zonas altoandinas, suele cobrarse vidas infantiles víctimas de una neumonía convertida en epidemia mortal. Pero este año las cifras de víctimas se han disparado. Y el drama no figura en la agenda oficial del país, es un asunto oprobioso que apenas trasciende oculto entre las cumbres más agrestes de un Perú que se levanta, pero mira de soslayo a sus habitantes más pobres.

Los niños de Puno necesitan mantas para combatir las heladas que congelan los riachuelos y malogran los pastizales que alimentan las alpacas, las otras víctimas directas de la ola de frío más agresiva que se recuerda. Es una región donde los niños muestran rostros rojizos cuarteados por el frío, como a punto de sangrar. Niños, además, desnutridos, que desayunan una dieta indefectible de mate de hierba y millo tostado y almuerzan con los padres la misma letanía: papas sancochadas, chuño y fracciones de carne. Niños indefensos ante el azote de los bruscos descensos de las temperaturas.

Hasta el momento, unos 42 menores han causado baja. Pero los cálculos extraoficiales elevan a más de un centenar la cifra posible de damnificados por ahora. ‘Frío, asesino de los Andes’, titulaba el diario La República cuando esta catástrofe adquiría ya en 2008 un índice de siniestralidad elevado, pero inferior al de esta ocasión. Movilizándose contra la desinformación, vecinos del distrito limeño de Barranco promueven estos días una campaña para llevar frazadas a las familias de la sierra del sur peruana y a sus hijos condenados a morir de enfermedades respìratorias. Se cuentan por centenares y miles los pequeños afectados de bronconeumonía. Andan sin calzado resistente por el suelo helado de las montañas, valiéndose de simples ojotas, según los hábitos más antiguos, y comienzan sintiéndose agripados. Las madres, lejos de las postas médicas, suelen darles mate para la tos, hasta que los niños arden en fiebre y no tienen otro remedio que llevarlos al nosocomio y rezar para que sobrevivan. Una vez de vuelta a casa, recaen con facilidad. ¿Cómo duermen? En chozas de piedra, con techos de paja, pegados unos con otros para agenciarse un poco de calor corporal. En Puno dicen que “el frío duele” y los niños se despiertan de noche llorando porque se ahogan.

Es un drama que se registra a 22 grados bajo cero. En esta región de la provincia de El Collao no hace frío todo el año, como en Alaska, donde por esa razón los niños no padecen neumonía. A 389 kilómetros de Machu Picchu, principal atractivo turístico del país, en Cuzco, se está desatando esta tragedia humana silenciosa, que se escapa de las manos a las autoridades, tratando de enfrentarla sin mucha publicidad. No es una buena postal de promoción.

¿Es razonable a estas alturas del siglo que los niños de esta región gueto del planeta, encasillados en las entrañas de los Andes que rozan el cielo, a cerca de 4.000 metros, junto al célebre lago Titicaca que los turistas con tiempo favorable no dejan de visitar, estén muriendo como moscas por falta de abrigo?

Esta tragedia nos interpela a los canarios, no tan conocedores como debiéramos de los lazos que nos unen con Puno. Nada menos que la misma patrona, la Virgen de Candelaria, que en la primera quincena de febrero moviliza a miles de bailarines y músicos en las danzas nativas y las danzas con trajes de luces, una de las festividades más importantes de América por sus dimensiones religiosas, artísticas y culturales de las comunidades quechuas, aymaras y mestizas del altiplano. La Virgen de Candelaria, patrona de varias ciudades del Nuevo Mundo, como Medellín y Cartagena de Indias (Colombia), Mayagüez (Puerto Rico) o Puno (Perú), fue llevada a América desde Canarias tras la Conquista.

Pero, no sólo con rezarle a la Virgen de Candelaria, por los niños de Puno para calmar nuestra conciencia, basta, ni agota todo aquello que podemos y sabemos hacer además de un modo eficiente.

Comentarios
Leo
martes, 20 de julio de 2010 - 12:17
Las heladas que se dan en la sierra peruana, no son ninguna novedad para los peruanos, se dan cada año por estas épocas y el gobierno tanto nacional como regional parecen estar ciegos y sordos a esta realidad, es irresponsable no tomar precauciones teniendo ya las experiencias de años pasados y teniendo proyecciones de inviernos cada vez más helados. El año pasado recuerdo haber visto un reportaje de una madre que caminó durante días para llevar a su pequeño al centro de salud y cuando llegó, este se encontraba cerrado con baja de su único personal por cuestiones de salud, su hijo murió a las puertas cerradas de este centro médico.
viernes, 23 de julio de 2010 - 21:34
que se cuiden
miércoles, 28 de julio de 2010 - 23:32
Le escuché dar la noticia por la radio y ahora la leo. Me produce una enorme tristeza no saber como ayudar a esos niños. Creo que no es fácil, que una vez en el aeropuerto de Lima, las autoridades aduaneras ponen trabas a la ayuda humanitaria por considerarla un riesgo de contrabando. Pero creo que es urgente que esos niños y sus familias reciban mantas y medicamentos. No entiendo que quiere decir ROSA cuando afirma escuetamente "que se cuiden" ¿que se cuiden, no será mejor decir que nosotros les cuidemos, les ayudemos con lo que podamos antes de que sea tarde? Apelo a la Cruz Roja para que entre todos paliemos en lo posible este nuevo drama de Perú y de los países vecinos (he visto en TV que la ola de frío se extiende por Argentina, Bolivia y toda esa región)
sábado, 31 de julio de 2010 - 14:26
Acabo de leer su artículo sobre esos pobres niños enfermos y hasta muertos por le frío en Perú. Me pregunto sin saber que opinar hasta que punto las autoridades de ese país y la de otros países con tradición solidaria como España pueden ser tan insensibles ante este dramático asunto, por tratarse de niños que padecen en silencio en las montañas de su país y en cambio todos alardean de las ayudas cuando se trata de una tragedia más famosa como el terremoto de Haití. ¿No hay bastante cinismo en la solidaridad internacional en estos días?
lunes, 09 de mayo de 2011 - 6:22
POR FAVOR ME GUSTARIA CONTACTAR CON UNA MADRE DE PUNO VIVO EN SUIZA... TALVEZ DESDE AQUI DE MI CASA POCRIA AYUDARLA MUCHO MEJOR SI TIENE NINOS DE LAS CUAL PUEDO YO TENDERLE LA MANO.. MI EMAIL ES
esther7729@hotmail.com
jueves, 30 de junio de 2011 - 1:20
k oos unidos los podemos apoyar
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