lunes, 19 de julio de 2010

Es la era de las marcas. Coca Cola ha enviado a las islas a una experta en apertura de mercados para que se empape de las señas de identidad del pueblo canario (los siete pueblos canarios tan singulares y tímidamente convergentes), con el objeto de lanzar una campaña destinada a aumentar el consumo de su mítico refresco en las islas. No ha recorrido (o, al menos, no sólo) el camino más fácil: contactar con Pedrito y Silva, nuestros flamantes campeones del mundo en fútbol.

Ambos ahora mismo encarnan el éxito de los mejores valores de un isleño: el afán de superación, el trabajo intensivo, la querencia del terruño, el talento y la vocación de logro, la conquista de la cima perseguida. Me consta que, para esa especie de anamnesis de Canarias, se ha reunido con psicólogos, sociólogos y analistas locales, que le han puesto al corriente del perfil y la idiosincrasia de los habitantes de cada uno de estos peñascos.

Canarias puede ser un cliente de Coca Cola al que seducir con siete estrategias diferentes. Un cliente con siete paladares. Si es Pedrito el cartel, el sonriente goleador que se hidrata con la célebre bebida sudoroso tras el partido, el mercado no es otro que Tenerife. Para el mismo fin en Gran Canaria, el ídolo correspondiente no ha de ser otro que Silva. Para ‘embebecer’ a un palmero, lo ideal sería contar remotamente con los servicios de Manolo Blahnik, o asociar el producto a una fiesta popular, tipo Bajada, donde el romero exhausto calma la sed en medio de la procesión. Y así isla por isla: el Pollito de la Frontera (El Hierro), Colón brindando por el éxito de su travesía del descubrimiento de América junto a la Torre del Conde (La Gomera), César Manrique Coca Cola en mano en la playa de Famara (Lanzarote) y Unamuno emergiendo de la famosa foto sobre un camello con el susodicho refresco en lugar visible (Fuerteventura). Hasta para el caso de La Graciosa habría que recurrir a un personaje local indiscutible como Margarona. Quiero decir que no somos un rostro, una cultura sola, un único rasgo de identidad, como Cataluña, País Vasco o Galicia. Tenemos siete cabezas autónomas pensando a la vez, cada una a su aire, con sus matraquillas y majaderías por separado. Y esa diversidad condenada a entenderse es lo que somos y nos define. No hay más.

En fechas preelectorales como éstas, conviene no perder de vista esa plurinsularidad que no admite coherencia a la fuerza, mensaje único a martillazos, ni encuestas al uso importadas de la Península. En los meses de mayo y junio itineramos en TelevisónCanaria con el programa ‘El Envite’ por las distintas islas. Fue una manera palmaria de constatar los límites del pensamiento único canario, la geografía exacta del ideario insular y el grado de coincidencias y afinidades visto, por una vez, no desde una isla mayor, sino desde todas y cada una de las islas, menores y mayores, para ver cómo somos de cabo a rabo, de norte a sur y de este a oeste.

El empeño del presidente Paulino Rivero en rotar sin descanso por todas las islas haciendo una suerte de política in situ durante los cuatro años de la legislatura, ejercicio que otros dirigentes suelen reservarse excepcionalmente para los períodos de campaña electoral, pudo parecer al principio un delirio quijotesco de presidencia imposible. Pero resulta que, en efecto, ha reformulado el cargo dotándolo de una itinerancia que resultaba antojadiza. Paulino Rivero, al cabo de cuatro años de patear cada isla de enero a diciembre, podrá haber batido un récord sin precedentes, no ya en un político canario, sino en un canario cualquiera, haciéndose merecedor al rango desconocido de isleño de siete islas que desayuna, almuerza, cena y pasea saltando de una a otra con un raro don de ubicuidad.

Qué réditos electorales se deriven de ese estilo ‘sarkozy’ de político presencial sin barreras geográficas, es una incógnita. Su partido, previsiblemente, lo proclamará candidato a la presidencia el próximo día 24. Diríase que se ha ganado la nominación a pie, haciendo camino al andar. Si el 29 de mayo de 2011, revalida el cargo, está claro que a partir de entonces el político que aspire a gobernar esta tierra tendrá que acostumbrarse a viajarla con asiduidad, a dejarse ver, a conocerla de cerca y desentrañar así las claves (el lenguaje, los tics, los temas y hasta las bromas) de un archipiélago tan complejo de interpretar por diverso como para una marca de la talla de Coca Cola tener el ‘gusto’ de conocerle.

El ‘estilo lluvia fina’ de Paulino Rivero (más expansivo como caminante de las islas que pródigo ante los micrófonos) se medirá en mayo a un impulsivo Soria en los medios de comunicación, un dirigente dotado de probada facultad para la política de gestos y la idea-fuerza como método. Soria ha hecho cuentas, viendo la ola del PP llegar, y disputa a su socio, CC, un mismo espacio en la orilla del nacionalismo moderado, que es el centro político en sentido puro, unas veces más canario y otras más español.

El auge de la bandera y la marca españolas da alas a Zapatero, pero no al PSOE; al partido que beneficia es al PP, que se adueñó de la simbología y los colores del concepto España desde la Transición. ¿Será capaz el PP, pese a un arraigo menor isla por isla, municipio por municipio, de superar el efecto volante de Paulino Rivero y arrebatarle la segunda plaza en las elecciones de 2011? Nadie hasta ahora ha hecho esa prospección de las tendencias del mercado, con criterios científicos y basados en la realidad de cada isla (cada una un mundo, como ya apunté), tal como, en cambio, se ha propuesto hacer Coca Cola para garantizarse el éxito de una campaña de promoción en un territorio discontinuo que no tiene nada que ver con los hábitos y conductas del usuario peninsular.

La ‘marca España’ es una. La ‘marca canaria’, siete. ¿Están los partidos políticos de las islas persuadidos de ello, del factor cabildo, del meridiano cero, del teleférico al Roque Nublo, del Parque Nacional de zonas áridas majoreras, de la cisura entre Los Llanos de Aridane y Santa Cruz de La Palma …?

Los socialistas disponen de cierta ventaja incontestable. Son la organización mejor implantada en este mosaico político. Pero arrastran como una maldición el peso de los años alejados del poder. Sufren el síndrome de hermano mayor destronado. El partido con más votos, más diputados y mayor tejido organizativo está en la oposición y lleva en ella demasiado tiempo. No son los mejores momentos para el PSOE canario, que sale de una crisis interna tras el paréntesis de parálisis de la era Juan Fernando López Aguilar, pero, paradójicamente, su debilidad puede ser su oportunidad. Los meses que restan hasta las elecciones dirán hasta qué punto la estabilidad del actual pacto es sólida o circunstancial. Hasta qué punto los acuerdos que alcancen Zapatero y Paulino Rivero para el gobierno de España hasta marzo de 2012, harán saltar por los aires la alianza de los nacionalistas con el PP en las islas o no. Y hasta qué punto Rajoy es el más interesado en que las elecciones no se adelanten todavía, hasta que al menos queden atrás las reformas laboral y de pensiones, y cada actor desempeñe su papel guardando las apariencias a sabiendas de que todos quisieran ser como la Coca Cola.

Comentarios
sábado, 31 de julio de 2010 - 14:31
Su planteamiento se presta a una discusión con todos los matices. De una parte, coincido que cada isla se considera prioritaria, pero creo que es más fácil de lo que usted dice encontrar los puntos en común de todas las islas y no descarto que se pueda hacer incluso publicidad dirigida a los canarios con un sólo mensaje sobre la marca en cuestión. Pero como digo daría para discutir un largo rato.
sábado, 02 de julio de 2011 - 19:29
La coca cola.. Outstanding :)
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