Del debate del estado de las naciones (española y catalana a la vez) sacamos en claro que los anuncios breves de casas de citas en la prensa van a desaparecer. Como los crucifijos. Y poco más.
El rifirrafe de marras. La soledad del presidente (de nuevo, la referencia recurrente de cine, ‘Sólo ante el peligro’, tan manida en los medios). Las demandas de Rajoy y Rosa Díez de elecciones anticipadas. Y la labia de Zapatero, que, investido de la roja, sacó pecho sin mentar la copa y hasta afeó a quien mezcló fútbol y política para decirle lo que el comisario europeo de Economía, Olli Rehn a Elena Salgado: que aprenda de su selección para ser más competente.
Rajoy no pilló que el gol de Iniesta fue un derechazo; de haberse percatado, ahí tenía un símil que ni pintado para invocar el cambio político que necesita el país para vencer a la crisis. Otra cosa es que esto último sea cierto. En estado de ‘iniéstasis’ todo el monte parece orégano.
El juego duro del hemiciclo, al estilo holandés, no es novedad. Los políticos españoles, sin llegar a las manos como el parlamento ucraniano, donde se lanzaron bombas de humo, huevos y patadas como la de De Dong a Xabi Alonso, se han habituado a orillar el insulto, subir el tono y convivir en un diálogo de sordos, que no sólo los ha hundido en el ránking de credibilidad, sino que los convierte, según el último sondeo del CIS, en el tercer peor problema del país tras el paro y la situación económica.
La diputada de CC Ana Oramas, a sabiendas de que era un debate político en el que no se votan leyes, marcó distancia del partido en el gobierno. Pero Zapatero está obligado a cortejar los dos votos de CC para sacar en breve los próximos presupuestos, de ahí que a los dardos que le lanzó la portavoz nacionalista, respondió con rosas sin espinas, con palabras de comprensión hacia Canarias, y prometió (ojo que Zapatero lo hace a menudo y se olvida) que el recorte de obras públicas será más generoso en las islas por la alta tasa de paro y la lejanía.
¿Habrá pacto de estabilidad o más geometría variable? Habrá una orden contra el anuncio de meretrices con piso en la prensa, con lo que también habrá más prostitución en la calle y menos ingresos en los periódicos, ya de por sí castigados por la crisis publicitaria.
Somos campeones del mundo (y esta tarde, a las 2.30, será agasajado Pedrito en el Cabildo, como nuevo hijo ilustre de Tenerife) en fútbol, pese a los vaticinios errados de Zapatero de que íbamos a serlo también en economía hace unos pocos años. Pero el país tiene una cara alegre con la copa en alto, y una cruz. Aunque las cruces, ya digo, seguirán los pasos de los anuncios de sexo. (De ambas cosas, del tablón de ofertas de compañía y de la crucifijofobia habrá que hablar otro día). Todavía asoman flecos de frivolidad y moralina con la que está cayendo.