viernes, 18 de junio de 2010

Una vez le escuché decir que en un teatro de Lisboa, siendo casi un niño, descubrió que todo en la vida tiene dos caras, cuando comprobó que detrás del decorado del escenario no había nada. En otra ocasión le oí manifestar que el creador del Firmamento, si lo hubo, decidió poblar todos los planetas de seres humanos y después se arrepintió. Dio marcha atrás y los reunió en la Tierra con un fin: salvar el resto del Universo. En otra oportunidad, escribió que admiraba a su abuelo, del que se le quedó grabado un gesto. Cuando se lo llevaban al hospital, consciente de que no regresaría más a su jardín, se despidió de sus árboles llorando y abrazándolos uno a uno.

Una frase suya era una lección. Tenía una facilidad asombrosa para ver más allá de sus ojos y escribir más allá de las palabras. Esa capacidad sólo reservada para los genios, y su compromiso irrenunciable de luchar por un mundo más justo, con menos desigualdades sociales, lo convirtieron en un personaje único. Todo un símbolo. Fue capaz de dejar plantado al Gobierno de su país cuando entendió que sus ideas eran atropelladas. Hizo las maletas y se vino al calor del volcán huyendo del frío, del silencio y del desaire. Lanzarote lo acogió con los brazos abiertos como la madre que acurruca a un niño adoptado después de que un accidente de tráfico le arrancara poco tiempo antes al hijo que todas las islas quisieron tener.

Hoy a Saramago le ha llegado su hora. Pero la hora de cumplir un sueño, quizá el único que le faltaba: conocer en persona a su admirado César Manrique en el cielo de Lanzarote.

 

*Director de CanariasRadio la Autonómica

Comentarios
sábado, 19 de junio de 2010 - 19:24
Saramago y César. Qué lujo para esta isla tan maltratada por la corrupción.Dos grandes personas, dos adelantados a su tiempo. Dos sabios. No se si su condición de ateo le habrá permitido encontrar a César en el cielo de Lanzarote. Espero que sí.
sábado, 19 de junio de 2010 - 19:27
Cuando fallece una persona conocida se suceden los escritos conmovedores, de reconocimiento, y a veces de exaltación. Pero en este caso, el texto del director de la radio Canarias me ha conmovido realmente.

En un día como el viernes, en el que la noticia del día es el fallecimiento de Saramago, uno no puede absorber toda la información de los medios. Es imposible. Por eso, estos pequeños textos son, en definitiva, lo que nos ayuda a descansar y a valorar realmente lo sucedido y la proyección del personaje.

Una de las cosas que recordaré de este día triste es, sin duda, la anécdota que apunta en su comentario sobre el abuelo de Saramago y su despedida del jardín. He leído en algún lado que ese abuelo -que no sabía leer ni escribir- era mencionado por el autor portugués como una de las personas más sabias que había conocido en su vida; y esa historia, entre la realidad y la ficción, y con cierto aire de poema japonés, me ha conmovido realmente.

Un abrazo.
sábado, 19 de junio de 2010 - 19:32
Cuando fallece una persona conocida se suceden los escritos conmovedores, de reconocimiento, y a veces de exaltación. Pero en este caso, el texto del director de la radio Canarias me ha conmovido realmente.

En un día como el viernes, en el que la noticia del día es el fallecimiento de Saramago, uno no puede absorber toda la información de los medios. Es imposible. Por eso, estos pequeños textos son, en definitiva, lo que nos ayuda a descansar y a valorar realmente lo sucedido y la proyección del personaje.

Una de las cosas que recordaré de este día triste es, sin duda, la anécdota que apunta en su comentario sobre el abuelo de Saramago y su despedida del jardín. He leído en algún lado que ese abuelo -que no sabía leer ni escribir- era mencionado por el autor portugués como una de las personas más sabias que había conocido en su vida; y esa historia, entre la realidad y la ficción, y con cierto aire de poema japonés, me ha conmovido realmente.

Un abrazo.
sábado, 19 de junio de 2010 - 19:35
Es un lujo poder decir que José Saramago eligió Lanzarote para pasar los últimos 15 años de su vida.
miércoles, 07 de julio de 2010 - 18:07
Gracias por su artículo. Lo he leído varias veces y me sigue emocionando. Y gracias a Saramago por elegir Lanzarote para vivir en paz
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