Los tahúres de la historia ingenian combinaciones y emparejamientos que dan escalofrío. Como una conjunción que orilla razones objetivas de vecindad, España y Portugal (de nuevo, la Iberia de Saramago), han coincidido al comienzo y al final de este semestre de presidencia española de la UE. Zapatero tomó las riendas del cargo justo el día que entró en vigor (primero de enero) el Tratado de Lisboa. Y España (no en vano la campeona vigente de Europa) concluye hoy, miércoles, 30 de junio de 2010, su período rotatorio tras eliminar a Portugal del Mundial en octavos de final (1-0).
La estrella lusa, Cristiano Ronaldo, nacido en Funchal (Madeira), es un valioso jugador de la ultraperiferia de Europa; un referente del potencial de las islas de Europa en el deporte de masas, como así ocurre también con Silva y Pedrito por Canarias. Estos tres ‘valores RUP’ de la incipiente Unión de Islas Macaronésicas, en la élite del fútbol mundial en Sudáfrica, no son una mera irrupción testimonial, habida cuenta que, al igual que en el fútbol, las pequeñas regiones ultraperiféricas hacen otras aportaciones al máximo nivel en áreas como la ciencia, la literatura, el arte, el cine, la innovación, la agricultura y, por supuesto, el turismo. (Si, por ejemplo, los escritores de las RUP disfrutaran del interés editorial que los jugadores ultraperiféricos más destacados consiguen en el fútbol, y sus obras se cotizaran como las de sus colegas en las metrópolis respectivas, Europa se sorprendería al descubrir yacimientos literarios que permanecen enterrados por la ceguera centralista del mundo cultural, la que sólo presta atención a la periferia cuando el autor reside en ella una vez consagrado, y cierro paréntesis.)
Las RUP (además de Canarias y los archipiélagos autónomos portugueses de Madeira y Azores, los departamentos franceses de ultramar Guadalupe, Martinica, Mayotte y Reunión, y las colectividades de ultramar francesas de San Martín y San Bartolomé) es cierto que han consolidado en este semestre un espacio cada día más adverso, no ya sólo por los hándicaps permanentes que, en la mayoría de los casos, son, además de la distancia, la insularidad, sino por la falta progresiva de recursos de la UE para atender sus necesidades y compensarlas en relación con los territorios continentales. Canarias habrá recibido en 2013 más de 3.000 millones de euros de la UE, en los últimos siete años, en fondos estructurales y programas agrícolas, lo que dudosamente podrá revalidar entre 2014 y 2020.
La presidencia española ha tenido luces y sombras, como es de todos conocido, pues coincidió con la mayor crisis económica e identitaria del club de los 27. Fue justo el semestre negro de los mayores ataques al euro, que pusieron de manifiesto el talón de Aquiles de la UE, con ya algo más de medio siglo de existencia: la carencia de un verdadero gobierno económico que sustente la razón de ser de la moneda única, como ha puesto de manifiesto el Premio Nobel de Economía Paul Krugman. En el mismo trecho bajo presidencia española, se produjo la intervención de un Estado en quiebra, Grecia, y hubo de constituirse un fondo sustancioso de 750.000 millones de euros, con no poca resistencia de Alemania, por si otros países pinchaban y debían ser salvados también. Las ‘malas lenguas’ de cierta prensa económica urdieron una imagen de España al borde del abismo griego que tuvo que ser desmentida (se señaló con el dedo al Gobierno de Angela Merkel como muñidor de los bulos sobre la presunta debilidad de la economía española para encarecer su oferta de deuda y abaratar la propia, el bono alemán). España, en este semestre, anunció por fin, sus primeros recortes sociales para enjugar un elevado déficit causado por el gasto público con que combatió la recesión y, acto seguido, se animaron a adoptar planes de ajuste similares Italia, Alemania, Reino Unido…, con inusitada mano dura.
Con todo, no ha sido una presidencia nefasta. Su principal logro, la cumbre de Madrid con los países de América Latina y el Caribe, a costa del futuro del plátano, según denunció la Asociación de Productores de Bananas de Europa (APEB), que preside el canario Leopoldo Cólogan, maquilló un desenlace sin pena ni gloria. Pero las otras cumbres importantes (con EE.UU y con los países mediterráneos) no se celebraron por desacuerdos o desinterés de los implicados (Obama y Sarkozy, entre otros).
Sintomáticamente, la presidencia española no quiso, no supo, no acertó a ejercer la debida influencia para que el Supertelescopio (1.000 millones de inversión), el extremadamente grande, se quedara en Europa, en el Observatorio del Roque de los Muchachos (La Palma) y no tuviera que emigrar, como hasta ahora había ocurrido con infraestructuras de su estirpe, a Chile.
Para Canarias, cuyo jefe de Gobierno, Paulino Rivero, preside la Conferencia de las RUP en estos dos años hasta el próximo mes de octubre, ha sido una etapa fructífera en clave de ultraperiferia, y ha permitido que los 27 representantes permanentes de los estados miembros (los ‘correper’, altos funcionarios que elaboran los ‘papeles’ que finalmente aprueban ministros y jefes de Estado) se hayan desplazado a las islas. Pero a nadie se le esconde que ha sido una presidencia de bajo perfil político (la sombra del debutante presidente permanente Van Rompuy ha pesado) y de mediocres resultados económicos. En beneficio de Zapatero, podrá decirse que le ha tocado navegar con viento en contra y a ciegas por nubes de cenizas, bajo las peores tempestades económicas que se recuerdan en Bruselas.
No en balde, en estos precisos seis meses se han cuestionado principios sagrados de la Unión: el futuro y utilidad del euro, nada menos, y la continuidad en su seno de algunos estados ‘pigs’ (acróstico maldito que, amén de ‘cerdo’ en inglés, significaría países en bancarrota, por sus iniciales: Portugal, Irlanda, Grecia y España –Spain-). Zapatero, bajo tal apostasía, ha tenido el mérito de imprimir cierta ortodoxia en un clima de locura general, impidiendo la pérdida de rumbo a que abocaban los mercados hasta lograr llevar el barco a … puerto.