El decreto de ajuste abre una vía de decretazos en el horizonte. El Gobierno allana el camino a la lucha contra el déficit contra reloj mediante decreto, que es el camino más rápido. Y avisa que también decretará, si no hay acuerdo, la famosa bicha, la reforma laboral. Y todos los demás recortes, apretones de cinturón y cortapisas podrán ser, asimismo, decretados, pues la soledad del ejecutivo es ahora mayor que nunca. Y los apoyos, activos o pasivos, con que cuenta Zapatero son bien escasos.
El presidente (de España) está obligado a hacer equilibrios sobre una cuerda para evitar caer a las aguas infestadas de tiburones. Y en Canarias, como veremos, también el presidente Paulino Rivero, tras el apoyo crucial de su partido al PSOE en Madrid, cruza las aguas revueltas del pacto con el PP sujetando con las manos una pértiga que le ayude a mantenerse erguido sobre el alambre.
El PNV se borró del grupo selecto de aliados de Zapatero, a última hora, y votó no a los recortes sociales (bajada de sueldo de los funcionarios y altos cargos, congelación de las pensiones e inversiones, retirada del cheque bebé y prohibición de nuevo endeudamiento municipal), en lugar de abstenerse, como había anunciado.
En el nuevo mapa parlamentario, el PSOE gobierna gracias a diez diputados de CIU, dos de CC y uno de UPN. Los tres grupos, bajo la fórmula de consentimiento de la abstención, facilitaron la convalidación del Real Decreto Ley por un solo voto (169 a 168). La llave la tuvo CC, cuyos dos escaños, de haber seguido los pasos de los nacionalistas vascos, habrían decantado la votación a favor del bloque del no, por el mismo resultado pero al revés. Contar con la abstención inamovible de CC ha sido providencial para Zapatero, que se acostó el miércoles rezando para que no se le enfermera ningún diputado en sus filas ni fallara ninguno de los trece abstencionistas, porque le iba la vida en esa estrecha aritmética.
CC era de una trascendencia decisiva para el PSOE, que de haber perdido la histórica votación (la más crucial de los últimos seis años, desde que gobierna el PSOE en España, 2004-2010), se habría visto abocado a una cascada de decisiones en tromba con un desenlace más que previsible: la convocatoria de elecciones anticipadas. CIU evitó la caída del Gobierno para que no adelante los comicios coincidiendo con los catalanes, lo que le perjudicaría. Y CC, en la que sí debió pesar más un criterio de responsabilidad que un cálculo electoral, no es tampoco ajena, sin embargo, al temor de que esas hipotéticas elecciones se precipiten en mayo, junto a las locales y autonómicas, lo que tampoco sería de su conveniencia.
Con todo, el Gobierno gana tiempo, salva este round por la campana y enfila lo que resta de ejercicio, dispuesto a soportar la embestida del toro de la reforma del mercado laboral, que si es decretada puede abocar a los sindicatos a una huelga general, y si remonta la revuelta helénica en ese caso, le quedará sortear el debate a la totalidad de los próximos Presupuestos Generales del Estado, antes de fin de año. En ese momento, no contará con el apoyo de CIU, según anunció ya de antemano su portavoz, Durán Lleida, que espera, entonces sí, acortar la legislatura para dar paso a un nuevo Gobierno.
Los socialistas seguirán disponiendo, previsiblemente, de la anuencia de CC y UPN y han de emplearse a fondo para recuperar la adhesión de PNV. Si es así, agotarán la legislatura hasta 2012, o poco menos.
La lectura canaria de lo sucedido en el pleno del Congreso este jueves, 27 de mayo, plantea algunas incógnitas. Si los dos salvavidas de CC al PSOE han irritado a Rajoy (erigido en inusitado portavoz de un amplio frente de centro-derecha-izquierda contra Zapatero) hasta el punto de no importarle perder las amistades con los nacionalistas en las islas, habrá tensiones en aumento en el seno del Gobierno canario. Conocida la tesis del presidente nacionalista Paulino Rivero de culminar junto al PP la legislatura, ese calentamiento de las relaciones (que ya se viene visualizando en discrepancias todavía amistosas sobre el número de consejerías en el futuro y el uso de coches oficiales) puede poner el pacto de gobierno en Canarias en serios aprietos, incluso al borde de la ruptura. Asistimos a un período de funambulismo político en su máxima expresión.