Con el descenso a Segunda, el Tenerife confirma los peores augurios. En la élite del fútbol español resisten los equipos que acceden a endeudarse, como una condición sine qua non. El desenlace de la liga no fue el esperado, pues el Real Madrid fue incapaz de doblegar al Málaga en su sede, al que le bastó el empate para permanecer. El Tenerife (por el que brindó Pedrito en la celebración del título de liga del Barcelona) es un justo descendido por el fútbol que ha desplegado fuera de casa (su peor cara), no así por el que ha ofrecido en su feudo, y porque renunció a reforzarse en el mercado de invierno cuando la evidencia dictaba un veredicto inapelable: la plantilla no daba, no estaba a la altura del desafío. De manera que se han cumplido los pronósticos, y un buen equipo local pero mal visitante, con una defensa muy vulnerable, pierde la categoría y regresa a Segunda división. ¿Es un drama? Lejos de serlo, devuelve a la isla y a su club a la realidad, al rigor presupuestario de una división de honor deficitaria, cuya deuda va adquiriendo tal dimensión que pronto asistiremos a la crisis económica del fútbol español, con las mismas consecuencias que la recesión financiera, económica y fiscal que vienen padeciendo los países más desarrollados. Que el ‘primer mundo’ futbolístico pongan las barbas a remojar. Nosotros, por la debilidad propia y en parte por la de otros equipos importantes de los que se esperaba más, nos consolamos con volver a jugar el próximo año el derbi. Y disfrutaremos.