martes, 11 de mayo de 2010

La nube de ceniza cubre, por primera vez, el cielo de Canarias, y reafirma, de un modo irrebatible, que la globalización no es sólo una manifestación del éter e Internet, sino una evidencia física y visible (aun cuando afecte a la visibilidad). El cierre de los aeropuertos de Tenerife, la Palma y La Gomera (un cero aéreo sin precedentes por este motivo), desde las cinco de esta mañana, es otra ‘catástrofe’ natural más que añadir al catálogo de estos meses de sobresalto con el fuego, la lluvia, la energía eléctrica y ahora, de modo tan indirecto, el volcán. Un smog sin comerlo ni beberlo.

Esta calima negra, que exporta a toda Europa un siniestro volcán subterráneo desde sus heladas coladas de Islandia, puede asestar otro golpe (más o menos contundente) al turismo canario. Convendría esta vez huir de la desmesura de abril, cuando la ceniza comenzó su peregrinaje por los cielos del continente. Los empresarios han de saber que no se piensa declarar zona catastrófica el firmamento insular y que, por lo tanto, viene bien contribuir a que el impacto sea el menos posible. Incluso, el impacto de las exageraciones.

La fiesta de la volcanología nos reservaba esta guinda a los canarios, que ya en 2004 padecimos una ‘crisis volcánica’, como se llamó entonces, cuando estuvimos varios meses a la espera de que el Teide u otro cráter entrara en erupción y se especuló con las nubes de ceniza si aquélla era explosiva. Pues éstas eran, sirva a modo ilustrativo. Vivimos sobre un parque temático de volcanes y no nos esteramos. Tiene que venir un volcán de Islandia a darnos lecciones. Vergüenza nos debería dar. Que los escolares salgan al patio y miren al cielo para no perderse esta exhibición de volcanismo gratis.

Lo instructivo del ‘efecto mariposa’ de este sombrajo aparatoso de ceniza, de un extremo al otro de la geografía, es que hablamos de volcanes, que debería ser objeto de conversación habitual entre nosotros (hijos del volcán), pero que es, sin embargo, tema tabú que evitamos con indudable superstición. “Sin duda que la mente del hombre está encerrada en un oscuro hechizo”, consignó John Keats en uno de sus versos contra beatos y nigromantes. Unos verán en esta nube del volcán un mal augurio para el año, otros leerán en los contornos de este enorme humo el final de la crisis, alguno adivinará el desenlace de la liga para el título y la permanencia y otros verán burros volando.

Pero, una vez se pase el eclipse, volveremos a ver aviones sobre nuestras cabezas y todo habrá parecido una pesadilla. En realidad, anoche la gran mayoría de los canarios se acostó sin saber que al despuntar el día íbamos a estar coronados por una gigantesca nube de ceniza. Al salir a la calle habrán pensado que lo hacían en sueños. Como sonámbulos de una ciudad invadida por una plaga de insectos parduscos. Y habrán cerrado la puerta, instintivamente, para volver a la cama víctimas de “un oscuro hechizo”.

Comentarios
jueves, 13 de mayo de 2010 - 13:21
Por lo visto fue algo pasajero que esperemos no se vuela a repetir, ni a igual escala ni a mayor, durante mucho tiempo.
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