lunes, 10 de mayo de 2010

Enzensberger considera la radio un medio de comunicación más fiable y digno que la pequeña pantalla. La televisión en 3d será pronto una realidad, y de hecho un grupo de investigadores de la Universidad de La Laguna, indaga en ese campo con avances prometedores. Pero el poeta y ensayista alemán, autor profético de ‘Elementos para una teoría de los medios de comunicación’ antes de que irrumpiera Internet, insiste en la preeminencia del invento de Marconi (dicho en cursiva por la paternidad compartida, entre otros, con las aportaciones del paisano Agustín de Bethencourt) porque lo conoce bien, y fue uno de sus primeros empleos en Stuttgart: guionista radiofónico. “Los políticos han endiosado la televisión y se desviven por salir en ella, sin reparar en que la radio es más auténtica, creíble y bastante masiva”.

Verdú, periodista y sociólogo de mirada certera, (‘El planeta americano’, ‘El éxito y el fracaso’, ‘China superstar’) confirma la verdad de la radio frente a la mentira (o las medias verdades) de la televisión. Les comento que en España es raro ver a un escritor en televisión. “Es que desacredita”, señala Verdú, autor de ‘El estilo del mundo”. En cambio, añado, los poetas y novelistas frecuentan la radio como si los oyentes fueran una prolongación de los lectores.

Sobre el ‘papel’ de la prensa les pregunto no sin dejarme deslizar en un debate muy actual con la aparición del ebook y el auge de las ediciones digitales de los principales diarios del mundo. Era una oportunidad de conocer opiniones autorizadas. Enzensberger dice que leer el periódico es un hábito, “un vicio como fumar”. El diario pasa de mano en mano y el contacto con las páginas forma parte de la ceremonia gestual del acto de leer las noticias, de tocarlas a modo de metabolismo de la información durante el desayuno, por ejemplo. Durante un instante, parece cierto que el papel se reivindicará como soporte tangible en la nueva sociedad intangible de la información virtual. Y el libro, guardando su turno, será citado como otra reliquia que, por la misma causa, sobreviviría. Pero Verdú desinfla ese globo entusiasta: el papel desaparecerá. Enzensberger, autor de las legendarias ’37 baladas de la historia del progreso’, se aferra a su última esperanza de que el vicio resista los embates electrónicos.

Son dos profetas. Y dos poetas, hablando del porvenir de las ideas antes de comparecer en el Espacio Cultural de CajaCanarias, para clausurar el foro ‘Ideas para cien años’, que coordinó Juan Cruz, en el centenario de la entidad. ¿Qué será de los partidos políticos? Coinciden en que serán irreconocibles dentro de poco tiempo. “Los jóvenes no creen en esas organizaciones que les adocenan y constriñen, limitando su libertad”. ¿Y habrá líderes salvapatrias, al menos iconos como Obama? De nuevo, están de acuerdo: “Habrá equipos, mentes grupales impulsando cambios venideros, y acaso líderes carismáticos, pero no omnipotentes”. ¿Seremos felices, optimistas? Después del miedo (la palabra que mejor define esta era), surgirá un modelo de ciudadano que administre el buen humor y la conciencia de la envergadura de los nuevos problemas. Quizá, me dije como explicación al acertijo, ya no se llamen para entonces optimismo y pesimismo lo uno y lo otro, sino tener mucha, poca o ninguna asertividad.

Hans Magnus Enzensberger, premio Príncipe de Asturias, el poeta alemán vivo más importante y uno de los pensadores políticos más brillantes de Europa, pasó este mes de mayo, a los 80 años, por la isla de Tenerife con la misma sorprendente curiosidad de Alexander von Humboldt, el padre de la geografía moderna universal y el naturalista más activo (y quizá atractivo) de su época, que viajó por el mundo con los ojos bien abiertos. Humboldt dejó huella en Canarias y, en su corta estancia insular, se enamoró de la naturaleza asombrosa del archipiélago y contagió a Darwin, que no dudó en venir a comprobar personalmente los descubrimientos del célebre explorador prusiano seducido por la isla, sin conseguir bajar a tierra en el muelle de Santa Cruz porque su barco estaba en cuarentena. Enzensberger le dedicó a Humboldt una extensa monografía para darlo a conocer a las nuevas generaciones y, de la mano de Wolfredo Wildpret, paseó ahora por el Teide, escenario mítico de la visita del famoso científico. “No entiendo por qué los turistas vienen a Canarias en busca de sol”, reprocha a sus paisanos el escritor alemán. “Sol hay en todo el planeta. Pero esta naturaleza prodigiosa sólo existe aquí”.

El ensayista que mejor provocó a ideólogos y críticos del siglo pasado, que sigue viajando sin descanso y conoce bien los disgustos de Europa y la crisis identidad de nuestra civilización (“este monstruo blando que llamamos sociedad”), responde siempre con una sonrisa como si no hubiera roto ningún plato. Es un “agitador de conciencias” (como dijo Vargas Llosa) que no pierde la ironía en todo lo que dice. ‘El hundimiento del Titanic’, su poemario del trágico accidente, ya era una ironía sobre el ocaso humano, y releído estos días de angustiosa travesía del euro, devendría metáfora de una Europa a la deriva cruzando un mar minado de icebergs.

Si apetecen sus reportajes ideológicos de ‘¡Europa, Europa!’, sus ensayos de actualidad reunidos en ‘Zigzag’, sus ‘elixires de la ciencia’ y sus artículos, novelas y poemas, téngase la certeza de que habrá motivos siempre, siempre para sentirse satisfechos.

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