Esta semana Europa viene a Canarias a repensar su ultraperiferia, como si un gigante mitológico hiciera un alto en el camino para revisar el estado de sus extremidades más remotas, las palmas de las manos o las plantas de los pies.
Llegan este viernes a Las Palmas ministros de Francia, Portugal y España a reunirse con las RUP, que preside Canarias hasta finales de 2010. (Los plataneros comunitarios, canarios en su mayoría, han optado por pedir ayuda a Francia ante la sospecha de que España los está dejando tirados para cerrar un gran acuerdo, el primero de su presidencia, dentro de dos semanas en Madrid entre Europa y los países exportadores de América Latina; de consumarse, sería un golpe letal para una isla en concreto, La Palma, convertida entonces en símbolo del paria ultraperiférico.)
La cumbre no es baladí, saldrá de ella un memorándum que definirá la estrategia de la UE para las Regiones Ultraperiféricas en el próximo período. Los acuerdos de Las Palmas serán elevados al foro ministerial previsto para finales de mes en Bruselas. Europa tiene buenas intenciones con sus islas, pero ya decía Bertrand Russell que “las islas son un lujo del continente al que pertenecen”, y no estoy muy seguro de que la actual y caótica Europa esté en condiciones de compensar debidamente la lejanía, la fragmentación territorial y todos los hándicaps llamados ‘estructurales’ de las pequeñas europas de ultramar. Reino Unido, no siendo RUP, elige primer ministro este jueves; entre sus candidatos previsibles (a la izquierda, Gordon Brown, más gordo que brown, y a la derecha, David Cameron, más Goliat que David) se ha colado el inesperado Nick Clegg, un moderado liberal de buenas maneras que ha hecho dudar a las encuestas sobre el futuro inquilino de Downing Street. No sé qué va a pasar, pero a Europa le está haciendo falta que una generación de líderes sorpresivos tome el relevo y supere rencillas y arrogancias que proceden de la II Guera Mundial.
El ocaso de Europa. El economista Paul Krugman diagnostica un mal final para la zona euro, tocada en su línea de flotación con el desplome del déficit y la deuda de Grecia y el plan de auxilio impagable para la economía helena por valor de 110.000 millones de euros (80.000 pone la UE y el resto el FMI). El Nobel norteamericano se venga de los economistas europeos que en su día se mofaron de sus colegas euroescépticos de EE.UU, que cuestionaron la creación de la moneda única para un conglomerado de países reacios a someterse a una sola autoridad económica.
El filósofo y político francés Samí Nair me aseguró días atrás en Tenerife que esas resistencias, sobre todo alemanas, acabarían cediendo a favor de un gobierno económico europeo, o Europa (como sostiene Krugman), añado, corre el riesgo de desintegrarse. ¿La crisis griega, extensible, al menos teóricamente, a Portugal y España en los próximos meses y años, es capaz de tirar por tierra el sueño europeo, el euro y un futuro estado de naciones bajo una sola denominación? Krugman cree que, si la hemorragia de la deuda y el déficit no se contienen a tiempo, comenzarán los países más afectados (España entre ellos) a darse de baja del euro, para retornar a una moneda nacional más flexible, cuya versatilidad respecto a otras monedas permita salir antes del agujero. Lo sabremos con el tiempo (éste ya no es un concepto abstracto, está referido a mañana mismo, a dentro de unos pocos meses, acaso un año y poco más).
Algunas cabezas europeas bien amuebladas están reflexionando sobre lo que nos ocurre a los europeos. Tzvetan Todorov pasó por Tenerife (‘Ideas para cien años’, en CajaCanarias) y nos alertó sobre el mesianismo democrático, que resulta una modesta aportación a las preguntas que nos estamos haciendo con mayor urgencia en lo práctico que en lo teórico, en lo económico que en lo ideológico. Esperamos algo más de la próxima visita al mismo foro, este viernes, del poeta, ensayista y dramaturgo alemán, premio Príncipe de Asturias como el anterior, Hans Magnus Enzernsberger, cuyo celebrado poemario ‘El hundimiento del Titanic’, permite una relectura actualizada con Europa haciendo aguas. “Nos hundimos sin hacer ruido. Como en una bañera.”
Ésta no es una cuestión más. Lo avisamos unos insulares que profesamos una vocación europea anterior a las adhesiones oficiales de la España socialista de Felipe González, desde nuestras viejas exportaciones agrícolas al Canary Wharf. Europa es un trasatlántico con rumbo incierto bajo una nube de ceniza, hacia un iceberg. Ni Van Rompuy, presidente permanente de la UE, ni Zapatero, presidente semestral anodino, dan la talla de lo que Europa demanda de sus líderes en la hora presente de crisis mundial. Obama declinó asistir a la próxima cumbre UE-EE.UU. en Madrid por considerar la cita una pérdida de tiempo. Ni Angela Merkel (nuestra huésped en La Gomera) ni Sarkozy consiguen hacerse con el timón de este barco sin porvenir. Siento mucho decir lo que pienso: Si nada o nadie lo remedian, Europa se va al carajo.