miércoles, 07 de abril de 2010

La divinidad de Messi se cuadruplica. Venía de hacer partidos donde comenzaba a ser habitual que firmara tres goles de una tacada. El hat trick es como la Santísima Trinidad en fútbol. Pero Messi sumó este martes (Barcelona 4-Arsenal 1, partido de vuelta de los cuartos de final de la Champions League) al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, un cuarto gol entre las piernas del portero español Almunia, del Arsenal, que es como si hubiera convocado a un ángel extra para ayudarle en la ascensión a los cielos, donde inevitablemente le situarán a coro los periódicos este miércoles.

Messi mete goles que insultan a la inteligencia de otros cracks más pretenciosos que ven sus partidos por la tele con una mezcla de resentimiento y resignación. Sin ir más lejos, Cristiano Ronaldo, para no abandonar el santoral, debió de poner cara de niño desconsolado envidiando a su próximo rival que metía el dedo cuatro veces en el pastel.

Lo de Leo Messi es una continua prestidigitación. Ángel Cappa sostiene que inventa el fútbol en cada partido (antes se habría dicho que en cada domingo, pero ya se sabe que hoy se juega también los lunes). Hay goles que se ven venir y otros que no se ven. Goles invisibles. Messi mete goles que sólo él ve. Y los demás nos enteramos cuando el balón ya está dentro de la portería y vemos la jugada repetida en la pequeña pantalla (tampoco ahora se suele mencionar la moviola).

De los cuatro al Arsenal (cuatro golazos golosos del mismo pastel), el primero fue un fogonazo como un corcel en llamas. Y dejó boquiabierto al espectador porque significaba un empate raudo (el Arsenal se adelantó). Cuando Messi mete por primera vez es como un abrelatas. Se presiente que detrás vendrán más goles en familia numerosa, como si los sacara de una chistera, a cual más inverosímil. El cuarto, una de sus arrancadas ‘isotrópicas’, no tenía sitio por donde entrar, salvo que el portero, tras un primer rechace, abriera las piernas. Eso hizo y el balón se coló por ahí.

Dicen que entre el Pelusa y la Pulga hay una extraña incompatibilidad inconfesable en la selección argentina, o un exceso de veneración del hijo al padre, que merma las cualidades del diez del Barcelona con la albiceleste, como entre Zeus y Perseo, padre e hijo, quizá por la misma razón que en ‘Furia de titanes’: el primero es un dios y el segundo también, pero prefiere ser hombre. Por eso, Messi se conforma con llevarse a casa la pelota después de cortar la cabeza de Medusa y marcar cuatro goles con ella.

Comentarios
viernes, 09 de abril de 2010 - 9:25
Señor Rivero, estamos ante un fenómeno sin precedentes; y se lo dice alguien quese define históricamente como Maradoniano. Ver a Messi es sublime, pocas cosas entusiasman y emocionan tanto. Si el fútbol es justo nos dará la oportunidad de ver a los dos cracks levantar la Copa del Mundo al cielo de Sudáfrica. Un abrazo.
domingo, 16 de mayo de 2010 - 21:04
METE MUCHOS GOLES CONTRA EL ARSENAL LE MARCO 4 CUATRO G
oles
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