martes, 23 de marzo de 2010

El ascenso de José Miguel Pérez a la secretaría general del PSOE canario no desmerece por la exigua diferencia de votos a su favor (133 a 112. Se trata de un partido arraigado, con historia y solvencia, y los liderazgos se han ido alternando con más o menos sostén según la correlación de fuerzas. De los congresos a la búlgara del socialismo canario ancestral a este otro congreso refundador anfictiónico (si se me permite el palabro, en su acepción grecobolivariana) que pretende restablecer la unidad de los reinos de taifas del partido tras un paréntesis de división, cabe asignarle a la cita de este fin de semana en el Auditorio de Tenerife un carácter excepcional (congreso extraordinario, al fin y al cabo) y autocríticamente fortalecedor.

No se olvide que este partido que cambia de caballo a mitad del río ganó las últimas elecciones en Canarias, hace tan sólo tres años, con una holgada renta de diputados (26 de 60), que el propio triunfador (JFLA) dio muestras de subestimar por no haber alcanzado una quimérica mayoría absoluta que había prometido, no sin ingenuidad, durante la campaña electoral. Y lo hace por desacuerdos internos. Esa especie de expatriación europea que ejercitó el anterior secretario general y candidato, Juan Fernando López Aguilar, y los reproches a su estilo de oposición sin concesiones lanzados agriamente en público por Jerónimo Saavedra, fueron minando su imagen de ‘gran timonel’ de la ‘revolución’ socialista insular, y finalmente cayó, dejando una estela de nadería junto a una copiosa hemeroteca de facundia política ex(¿in?)sultante. El evidente complot a la romana contra el princeps revela el grado de inquina que generó a su alrededor en círculos del partido que se sintieron ninguneados. Su mayor error fue sembrar dudas en el entorno más afín, en aquellos que le defendían no tanto por aquiescencia como por verdadera conformidad, incluso por esgrimir similares ideas mucho antes que él en Canarias. Y a la hora de la verdad (la sucesión) ignoró a sólidos aspirantes con su perfil, como el portavoz parlamentario, Santiago Pérez, y antepuso el criterio territorial (la isla de origen) para expresar sus preferencias.

Siempre se discutirá si él trajo la crispación o la crispación lo trajo a él. Y si en el PSOE se hiciera una lectura desapasionada de este breve período histórico que se cierra con una salida del líder tan meteórica como la entrada, se comprenderán muchos errores cometidos en tan poco tiempo junto a los innegables aciertos de una generación de socialistas irredentos que, de este modo tan abrupto, pierden su referente por el camino, sin merecer tan estúpida frustración desde la cumbre de un éxito que no se produce todos los días en la política canaria.

Con todo, José Miguel Pérez no es ningún espontáneo, por más que apenas le hayan costado siete años llegar y besar el santo en la política canaria. Si, a mi juicio se le debe un respeto intelectual no es sólo por lo que haya hecho o haga a partir de ahora como presidente del Cabildo de Gran Canaria, como virtual candidato en las elecciones autonómicas de 2011 y como máximo dirigente del primer partido de las islas, sino por los muchos artículos de prensa que confieso haberle leído (y coleccionado) a lo largo de un buen puñado de años en la prensa insular sobre aspectos de la historia (política y social) de Canarias, lo que como catedrático de Historia Contemporánea le coloca en una posición de privilegio respecto a otros muchos políticos desganados, que ejercen ignorando la biografía de Canarias, sin sonrojarse, dentro y fuera de su partido. Si no reproduce los tics del político académico al uso y acierta a bajar al terrero, JMP aportará seriedad y mano (izquierda) “al calzón y a la espalda”. Falta saber si también, “genio, destreza y valor, y limpieza en la mirada”.

Comentarios
HIT
jueves, 01 de abril de 2010 - 22:14
Estimado periodista;

Mal pasado contempla a este partido que de modo anacrónico aún estila eso de "socialista", cuando el concepto político predominante en occidente es el de "socialdemocracia", que en nada se parecen, una,la primera, la doctrina de seguir levantando el puño en Rodiezmo y a la vez comprar un pisito al niño(su padre, un tal José Bono) por un millón de Euros, en pleno centro de Madrid,aunque esto último si es "socialista", porque respondería con un concepto autocomplaciente y muy absolutista que siempre ha acompañado a los autoproclamados salvadores del proletariado.

Esas siglas y siempre esos modales...

País este del desencanto, en donde por la fuerza te encasillan de parte de la iglesia o por el contrario es leer a Marx y Bakunin, cuanto nos falta por andar.

Muchas gracias

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