MARZO 2010 ENTRIES
lunes, 29 de marzo de 2010 - 10:02

El enésimo desliz tras cuatro años dando palos de ciegos, agranda la sensación de ineptitud de las autoridades a la hora de esclarecer las desapariciones de Sara y Yeremi, que desafían a diario nuestra capacidad de olvido. El despliegue publicitario (quizá por eso mismo) durante cinco días para extraer unos huesos enigmáticos del pozo de Jinámar, dado el énfasis político inusual que supuso la presencia in situ en medio de las labores de la propia delegada del Gobierno, Carolina Darias, escoltada por la jefa de la policía, Consuelo de Vega, hizo creer que el hallazgo de restos óseos, esta vez sí, arrojaría luz sobre alguno de los dos casos de niños desaparecidos.

Desde que Sara Morales, entonces con 14 años, no regresó a casa en la ciudad alta de las Palmas de Gran Canaria el 30 de julio de 2006, se ha tejido una maraña de falsas pìstas y sospechosos que siempre nos abocó a la frustración. Era una menor con personalidad que dudosamente se habría dejado embaucar por un desconocido aquel día que se dirigía al centro comercial La Ballena a ver a un amigo con el que había quedado. Pero la investigación jamás dio con un hilo conductor que llevara hasta alguna persona concreta de su entorno para desentrañar el misterio.

En el programa especial de la TVC, que presenté en aquellos días, todos –familiares, amigos y policías- coincidían en no saber qué pasó exactamente. Casi cuatro años después sigue sin saberse (ésa es la triste realidad). Sigue removiéndose la tierra en busca de un posible cadáver, sin éxito. Y por eso, el anuncio de unos huesos en un pozo alimentaron la dramática esperanza de poder, por fin, saber. Saber.

Respecto a Yeremi Vargas, perdido desde que fue visto por última vez jugando en un solar al lado de su casa, en Vecindario, el 10 de marzo de 2007, cuando tenía siete años, ha trascendido poco más que sobre Sara. En algún momento, fuentes de la investigación han llegado a sostener la convicción de que pudiera encontrarse vivo. Tres años después, conduje un segundo programa en la TVC sobre estos dos niños, y el vacío de verdad –la verdad desaparecida- a propósito de ambos continuaba intacto: nada de nada, eso era lo que se sabía. Nada. Fuera opacidad o sequía de noticias oficiales, siempre tuve la percepción de que se estaba en un punto muerto.

La chapuza del episodio de los huesos del pozo de Jinámar resulta preocupante (y añade pesadumbre al ‘pozo’ de dolor ya de por sí profundo), porque trasmite una imagen penosa sobre el grado de cualificación profesional con que se está investigando el paradero de estos dos chicos (hoy habrían tenido 18 y 10 años de edad). No dudo de la voluntad de hacer todo lo posible por esclarecer ambos sucesos, ni haré el reproche fácil de que se está consiguiendo martirizar aún más a las familias. Sé que todos obran con la mejor intención. Pero esta pifia revela una torpeza casi cómica si no fuera por la tragedia que es. Tan sencillo como haber medido desde el primer día con una regla de referencia el tamaño de los huesos captados por la cámara subacuática de rayos x, para determinar si se trataba de restos óseos humanos o no. Por Dios.

Ahora, cuando al cabo de cinco jornadas de circo mediático inevitable, los huesos han sido extraídos, resulta que pueden ser de pájaro. Seguimos sin saber nada del nido o el nicho de los niños que buscamos.

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martes, 23 de marzo de 2010 - 9:36

‘El Envite’, de TelevisiónCanaria, reunió el jueves pasado, en el Hotel Escuela de Santa Brígida (Gran Canaria), al presidente Paulino Rivero y cinco economistas canarios, que entablaron una suerte de think tank intensivo de una hora sobre las claves de la crisis y las recetas aconsejables desde las islas para superarla lo más pronto posible. Esta síntesis de los pasajes centrales del encuentro es una radiografía del momento que nos toca vivir.

Uno de los expertos, José Carlos Francisco, presidente de Corporación 5, recordó, al hilo de los comentarios de la catedrática de Economía Aplicada de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPG), Beatriz González, la célebre sentencia del discurso inaugural de Kennedy en el 61, “no preguntes lo que tu país puede hacer por ti, pregunta lo que tú puedes hacer por tu país”. La tónica general del cónclave fue ésa, reclamar de los ciudadanos un papel proactivo, con tal de responder a la destrucción de empleo con emprendeduría sistemática e imaginación. En este sentido, se debatieron los costes de movilidad de los parados canarios para acceder a nuevos empleos en islas distintas a su residencia, y si bien se admitió que, dados unos salarios inferiores en las islas a la media estatal, ese tipo de traslados muchas veces no compensa, ello no justifica la pasividad y el conformismo (atávicos en nuestro modelo de vida tradicional) del trabajador isleño que queda en paro. No obstante, según aclaró el presidente, existen subvenciones, para viajes y viviendas, en vigor. En los llamados países en vías de desarrollo, puso por ejemplo Beatriz González, es común el fenómeno del autoempleo artesanal. “¿Por qué en Canarias no?”, se preguntó.

Todos convinieron en que el llamado contrato alemán para abortar potenciales despidos (reducción voluntaria de jornada y subvención pública de la merma salarial a cambio de mantener el puesto de trabajo) no será la panacea, “pero el que no hace nada, no se equivoca”, señaló el jefe de Gobierno, que recabó la opinión de los especialistas sobre esta figura recién aprobada que introducirá su ejecutivo en el mercado laboral de las islas, junto a la bonificación del cien por ciento de la cuota patronal de la Seguridad Social en los casos de creación de empleo. José Miguel González, economista que dirige el gabinete técnico de CC.OO., reconoció que la medida está contenida en el documento fundacional del Pacto por el Empleo y la Economía, suscrito en el archipiélago por el Gobierno y los agentes sociales y económicos a comienzos de la legislatura, con la adhesión posterior de cabildos y ayuntamientos. José Luis Rivero, anterior presidente del Consejo Económico y Social (CES) y catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna (ULL), compartió el acierto de ambos mecanismo, sin dejar sentado que, a su juicio, no hay otra varita mágica para crear empleo que “reducir los costes laborales al máximo y ofertar créditos a las empresas”.

El panel de expertos desgranó ante el presidente toda una batería de actuaciones que podrían ayudar a desatascar la economía canaria. Entre ellas, en sintonía con las citadas palabras del profesor de La Laguna, alertaron de la urgencia en exigir a bancos y cajas que garanticen la liquidez de las empresas, piedra angular de todo el sistema, pues si financieramente se genera inversión, se crea empleo y se reactiva el consumo, que, a juzgar por las rebajas de invierno, está bajo mínimos.

Llegados a este punto, el presidente esbozó una política con dos patas para salir de la crisis en el archipiélago: el turismo y la construcción. El primero ofrece síntomas de recuperación para este verano tras las ferias de Fitur (Madrid) e ITB (Berlín), y es, sin duda, el motor económico de la comunidad. El segundo parte de los incentivos (“los mayores de la historia de Canarias para tirar viejo y levantar nuevo”, señaló el presidente) que concede la Ley de Medidas Urgentes, aprobada hace un año, para toda obra de rehabilitación de la planta hotelera y extrahotelera. Paulino Rivero interpeló a los economistas sobre si encontraban otros yacimientos alternativos al turismo y la construcción para generar empleo (el paro en Canarias es, prácticamente, del 27% y se aproxima a la cifra psicológica de 300.000 personas) y riqueza a corto y medio plazo. Todos coincidieron en el mismo plan de choque. El presidente hizo, entonces, un llamamiento al compromiso con Canarias por parte de los empresarios para que acudan al programa de ayudas a la rehabilitación del Gobierno y renueven la planta turística obsoleta, “como modo de devolver a la sociedad parte de los beneficios que obtuvieron en los tiempos de bonanza”.

José Luis Rivero, no obstante, demandó del Gobierno un mayor compromiso presupuestario en Cultura (“no hay otro modo de reponernos económicamente que entendiendo por dónde va el mundo, y eso nos conduce a fomentar inexorablemente los esfuerzos culturales de conexión con el exterior, de saber más a través del conocimiento”). El presidente le dio la razón, contabilizó los puestos de trabajo de Cultura al mismo nivel del sector primario y elogió los logros del Septenio cultural puesto en marcha por su Gobierno en 2008. Beatriz González aprovechó para lamentar la pérdida de buena parte de una de las mejores generaciones de científicos e investigadores (fuga de cerebros), obligados a emigrar ante la falta de alternativas profesionales en su tierra. “Ellos son también el futuro de Canarias, que se hará con empleo de calidad, no sólo con obreros de la construcción”. Santiago Melián, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la ULPGC, reivindicó una mano de obra esencialmente más formada y unos servicios públicos que no defrauden al ciudadano, pese a los recortes a que obligarán los severos planes de austeridad en marcha. Melián citó otros modelos, como el danés, paradigmas de la flexiseguridad, que abarata despidos y unifica contratos, y, a cambio, otorga una fuerte protección a la población inactiva. Y el presidente emplazó a los economistas a reflexionar, ya en el actual contexto de final de la crisis, sobre la Canarias que nos aguarda dentro de diez años para que no nos coja el toro. 2020 como horizonte y, de paso, una propuesta que sugiere la reedición de este foro ante las cámaras de TelevisiónCanaria.

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martes, 23 de marzo de 2010 - 0:11

El ascenso de José Miguel Pérez a la secretaría general del PSOE canario no desmerece por la exigua diferencia de votos a su favor (133 a 112. Se trata de un partido arraigado, con historia y solvencia, y los liderazgos se han ido alternando con más o menos sostén según la correlación de fuerzas. De los congresos a la búlgara del socialismo canario ancestral a este otro congreso refundador anfictiónico (si se me permite el palabro, en su acepción grecobolivariana) que pretende restablecer la unidad de los reinos de taifas del partido tras un paréntesis de división, cabe asignarle a la cita de este fin de semana en el Auditorio de Tenerife un carácter excepcional (congreso extraordinario, al fin y al cabo) y autocríticamente fortalecedor.

No se olvide que este partido que cambia de caballo a mitad del río ganó las últimas elecciones en Canarias, hace tan sólo tres años, con una holgada renta de diputados (26 de 60), que el propio triunfador (JFLA) dio muestras de subestimar por no haber alcanzado una quimérica mayoría absoluta que había prometido, no sin ingenuidad, durante la campaña electoral. Y lo hace por desacuerdos internos. Esa especie de expatriación europea que ejercitó el anterior secretario general y candidato, Juan Fernando López Aguilar, y los reproches a su estilo de oposición sin concesiones lanzados agriamente en público por Jerónimo Saavedra, fueron minando su imagen de ‘gran timonel’ de la ‘revolución’ socialista insular, y finalmente cayó, dejando una estela de nadería junto a una copiosa hemeroteca de facundia política ex(¿in?)sultante. El evidente complot a la romana contra el princeps revela el grado de inquina que generó a su alrededor en círculos del partido que se sintieron ninguneados. Su mayor error fue sembrar dudas en el entorno más afín, en aquellos que le defendían no tanto por aquiescencia como por verdadera conformidad, incluso por esgrimir similares ideas mucho antes que él en Canarias. Y a la hora de la verdad (la sucesión) ignoró a sólidos aspirantes con su perfil, como el portavoz parlamentario, Santiago Pérez, y antepuso el criterio territorial (la isla de origen) para expresar sus preferencias.

Siempre se discutirá si él trajo la crispación o la crispación lo trajo a él. Y si en el PSOE se hiciera una lectura desapasionada de este breve período histórico que se cierra con una salida del líder tan meteórica como la entrada, se comprenderán muchos errores cometidos en tan poco tiempo junto a los innegables aciertos de una generación de socialistas irredentos que, de este modo tan abrupto, pierden su referente por el camino, sin merecer tan estúpida frustración desde la cumbre de un éxito que no se produce todos los días en la política canaria.

Con todo, José Miguel Pérez no es ningún espontáneo, por más que apenas le hayan costado siete años llegar y besar el santo en la política canaria. Si, a mi juicio se le debe un respeto intelectual no es sólo por lo que haya hecho o haga a partir de ahora como presidente del Cabildo de Gran Canaria, como virtual candidato en las elecciones autonómicas de 2011 y como máximo dirigente del primer partido de las islas, sino por los muchos artículos de prensa que confieso haberle leído (y coleccionado) a lo largo de un buen puñado de años en la prensa insular sobre aspectos de la historia (política y social) de Canarias, lo que como catedrático de Historia Contemporánea le coloca en una posición de privilegio respecto a otros muchos políticos desganados, que ejercen ignorando la biografía de Canarias, sin sonrojarse, dentro y fuera de su partido. Si no reproduce los tics del político académico al uso y acierta a bajar al terrero, JMP aportará seriedad y mano (izquierda) “al calzón y a la espalda”. Falta saber si también, “genio, destreza y valor, y limpieza en la mirada”.

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sábado, 20 de marzo de 2010 - 12:16

Norman Foster quiere hacer un poblado de viviendas ecológicas en Abu Dhabi, donde, por cierto, la crisis económica amenaza con paralizar la megalomanía futurista de la capital de los Emiratos Árabes Unidos. La desinformación y los buenos oficios de la mercadotecnia que acompaña al arquitecto estrella británico allá donde va pueden hacer suponer engañosamente que esa idea ingeniosa fuera nueva. Pero que no es inédita lo prueba el hecho de que en el sur de Tenerife hace once años que viene construyéndose, paciente y mimosamente, y sin apenas publicidad, una urbanización basada en el aprovechamiento pasivo de las energías renovables.

Las casas sostenibles del planeta que simbolizan la utopía de un paraíso residencial sin CO2 fueron ideadas, por tanto, hace más de una década, en una isla, Tenerife, que, abocada a menudo a precipicios que conducen a las vanguardias, tuvo la visión de convocar un concurso internacional, en el que participaron cerca de cuatrocientos estudios de arquitectura, nada menos, bajo el requisito de no contaminar el medio ambiente en lo más mínimo. Casas de Al Gore anteriores a Al Gore, a su ‘verdad incómoda’ y a su Nobel.

El idealismo de estas casas bioclimáticas, al fin inauguradas el pasado viernes, en los terrenos del Instituto Tecnológico de Energías Renovables (ITER) de Granadilla de Abona (Tenerife), merecerá, a buen seguro, alguno de los reconocimientos previsibles como corresponde a toda propuesta que se adelanta a su tiempo. Esto fue pensado hace once años y sonaba a una extravagancia de iluminados de un mundo sin contaminación.

Son las casas de Kioto, coetáneas del protocolo que firmó en 1997 un puñado considerable de países industrializados para reducir la emisión de gases causantes del efecto invernadero. Cada casa es arquitectónicamente distinta, y todas se miran sin reconocerse en veinticinco espejos, un completo puzle de piezas inconexas que, en su absoluta falta de parecido, basan precisamente su secreto y su sincretismo. Estas maravillas singulares de arquitectos diferentes que han ido naciendo y creciendo, en efecto, en voz baja, hasta ser culminadas, son ya iconos de un siglo que se reconcilia con el medio ambiente, casas aisladas térmicamente para evitar pérdidas de frío o de calor, casas sin ruido, de luz natural, de ventanas alzadas y tragaluces, casas que se suministran del sol y el viento y son autosuficientes energéticamente.

Westerdahl acariciaba una idea en el siglo pasado, poder invitar a artistas y científicos a su isla para que se alojaran temporalmente y pudieran crear en un entorno confortable y limpio. Ricardo Melchior, antes de presidir el Cabildo de esa isla, me contó una vez un sueño por el estilo, que albergaba a partir de una conversación con un científico amigo intrigado por venir a un sitio aislado a descansar y poner a trabajar la imaginación.

Un sitio que parece imaginario en una isla que parece inventada dentro de otra isla que ya no se parece a sí misma, existe, se puede visitar y, lo que es más tentador, pronto se podrá habitar en régimen de alquiler por períodos cortos. El propio Foster haría bien viniendo a vivir unos días a una de estas casas bioclimáticas que piensa imitar al sureste del Golfo Pérsico.

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lunes, 15 de marzo de 2010 - 9:09
Si las escabrosas noticias que han salido a la luz, desde que el juez levantó el secreto del sumario a las partes, sobre el llamado ‘caso del kárate’ de Las Palmas de Gran Canaria son todas ciertas tal cual, ya podemos darnos por condenados bajo la mirada del ojo crítico que en toda Europa persigue con razón a uno de sus peores demonios familiares: la pedofilia.
 
El monstruo de Amstetten nos conmocionó por la sórdida historia de un padre incestuoso que enterró en vida a una hija en el zótano de su casa donde violarla a su antojo y engendrar una descendencia maldita cautiva en el mismo subsuelo.
 
Los abusos sexuales, en general, desatan la ira de la sociedad civilizada que condenó al pederasta belga Marc Dutroux en los 90 y ahora a la Iglesia por las 3.000 mil víctimas identificadas por el fiscal del Vaticano. La liberación de Natascha Kampusch tras 8 años en un zulo después de ser secuestrada de niña, indignó a la opinión pública por el daño irreparable del crimen cometido con una menor.
 
Buscan de nuevo con vida a Sara y Yeremi, cuyo paradero se vinculó antes a la actuación de posibles pedófilos, bajo una ola criminal en la España contemporánea.
 
El caso del kárate de Las Palmas va a ser objeto de uno de esos culebrones, dentro y fuera del país, sobre las más depravadas conductas humanas de este siglo. Más de medio centenar de personas, menores y mayores de edad –muchas de ellas sometidas a abusos hace lustros- ofrecen testimonios estremecedores sobre el régimen de perversión sexual bajo la disciplina implantada por los responsables.
 
El juez Parramón ha interrogado a las víctimas y de su relato se desprenden pormenores escalofriantes de una doble vida que asombra por su hermetismo. Asistiremos a las revelaciones de este macroescándalo. Y, de antemano, suponemos las reservas que el mismo generará en muchos padres que han confiado a sus hijos a monitores de cualquier actividad deportiva extraescolar sin abrigar ninguna clase de sospecha.
 
Desembocamos en un tipo de sociedad irremediablemente desconfiada del prójimo. Levantaremos los muros correspondientes y haremos añicos las reglas de la convivencia que hemos conocido hasta ahora, si no lo remedian nuevos medios y medidas de seguridad y protección en las relaciones sociales vigentes, tan válidos y eficaces como para liberarnos con éxito de estos miedos racionales por la integridad de nuestros hijos.
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lunes, 15 de marzo de 2010 - 9:08
La poesía de Wislawa Szymborska, su esencialismo, cayó en mis manos por casualidad hace ya una quincena de años. Y enseguida te atrae, es como un imán. Sus versos sencillos y fertilizantes arraigan en uno, le dejan intranquilo con la sabiduría de no dejar que nada pase desapercibido; esta mujer se asoma a la ventana y nos cuenta la vida cotidiana como una niña eterna mirándolo todo. Una vez leída, queda para hacernos compañía durante meses y a veces años, hasta el siguiente poemario. De manera que esperas a que diga algo. Algo sin límites, es poeta precisa, desentendida de adjetivos, transparente como una taza de agua con migas de pan al fondo. Minimalista. Y nunca nos dirá sólo algo, es como si siempre nos dijera todo lo que tuviera que decir en pocas palabras y no se quedara corta.
 
Cada nuevo libro suyo es como un hallazgo. Tengo en las manos el último de Szymborska, titulado: ‘Aquí’. La misma simplicidad magnética. Cuenta en su primer poema que ‘aquí’, en la Tierra (donde ella escribe, claro), hay bastante de todo. Hay mucha ignorancia. Por los sueños no se paga. La gente es mala y la gente es buena. Hay de todo. Pañuelos para las lágrimas. Y éste es un planeta en que el vamos de gira por una galaxia y todo es tan vertiginoso que la Tierra ni se mueve. La poeta nos cuenta en su libro lo que le da vueltas en la cabeza. Y lo que ve. En la calle ve caras de segunda mano, célebres rostros repetidos, un Arquímedes en vaqueros o Catalina la Grande con ropa de rebajas, Moctezuma, Confucio, Nabucodonosor y Semíramis hablando en inglés, “miles de millones de caras en la superficie del mundo”, como si la Naturaleza, con prisas, fuera pescando “lo que anda sepultado en el espejo del mundo”.
 
Ah, una cosa. Szymborska es una señora de edad, que vive sola en su apartamento de Cracovia, y escribe poemas desde hace más de medio siglo con la invariable lucidez de una mujer invisible que se queda con todo y deja caer unos versos como huellitas al pasar. Uno la lee con gusto y desconsuelo temiendo que sus pocas páginas se terminen dejándonos con ganas de más. ‘Aquí’ conversa (es el verbo exacto) con una idea. “Muy bien –le digo-, quédate, hablemos./Tienes que contarme más de ti”. Habla con ella misma, con la adolescente que fue, desmerece en ese autodiálogo sus propios poemas juveniles, salva algunos, “el resto no augura nada bueno”. Se cansa de lo vivido con recuerdos que puebla de muertos. “Soy mal público para mi memoria”.
 
Reclaman su atención los seres diminutos, los mínimos o ínfimos que sólo distingue el microscopio, carecen de entrañas, y “no saben qué es el sexo, la infancia, la vejez”. “Hace ya tiempo”, nos confiesa, “que quería escribir sobre ellos,/ pero es un tema difícil…/y quizá digno de un mejor poeta,/todavía más sorprendido que yo por el mundo./Pero el tiempo apremia. Escribo”. Lo que le importa a ella no es lo importante, lo importante es la importancia que le da a las foramníferas, por ejemplo. “Tocar objetos que se encuentran cerca”, “escuchar voces al alcance del oído”, antes de salir de viaje.
 
Al cabo de los años vividos, le asaltan las molestas predicciones sobre el mundo, arrastrado por una ola de terrorismo o de violencia mezquina. Los terroristas se pasan los días “pensando cómo matar por matar/y a cuántos matar para matar muchos.” Fuera de eso, comen, rezan, se lavan los pies, dan de comer a los pájaros, “hablan por teléfono rascándose el sobaco”, “si son mujeres compran compresas”… “y duermen apaciblemente hasta el amanecer/-a menos de que eso en lo que piensan tengan que hacerlo de noche.”
 
No le falta humor –ni mucho menos- a doña Wislawa: objeta de Proust sus siete tomos de ‘A la busca del tiempo perdido’, sin mencionar el título de la macronovela del legendario autor francés. Ella vendería esa obra interminable en las librerías con un mando a distancia, para, cuando nos apetezca, en un alto de la lectura, “cambiar a un partido de fútbol/o a un concurso donde ganar un volvo”. Szymnborska, la sucinta –como el breve Monterroso, al que echamos de menos, ¡fue tan reducida su producción!-, es traviesa con Proust, “ése”, que “al parecer escribió en la cama un montón de años”, y, en la íntima disconformidad con su ironía ‘versada’ en lecturas de menor longitud, uno piensa, después de todo, que poeta y novelista habrían hecho amistad. Quizá Proust le envidiaría a la polaca el Nobel, y ella la belleza infinita de su prosa, como sus propios versos dejan entrever.
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jueves, 11 de marzo de 2010 - 13:58

La ofuscación de una ministra que se empeña en desistir puede dar al traste con las aspiraciones legítimas de Canarias de conseguir para el Observatorio de La Palma el mayor telescopio del mundo. La ministra española en cuestión ha insistido tanto en que ese objetivo no es realista, que a estas alturas en Chile (la candidatura rival) han de estar sumamente satisfechos de los servicios prestados indirectamente por la pasiva señora Garmendia. No ha podido encontrar el Gobierno saliente de Michelle Bachelet y entrante de Sebastián Piñera un(a) aliado(a) tan fiel y contumaz.

Desde el primer minuto, la ministra española de Ciencia e Innovación justificó su inhibición al respecto arguyendo que prefería estar a la espera del informe técnico para ver si valía la pena jugársela por La Palma o pasar. Era un clamor que Cristina Garmendia no tenía el más mínimo empeño en enfundarse el mono de trabajo y detraer de sus múltiples ocupaciones un solo segundo para abogar, como era su deber, por el Observatorio del Roque de los Muchachos ante sus colegas europeos. Ministra pesimista en el Gobierno campeón del optimismo. Ministra desconfiada en el Gobierno campeón de la confianza. Ministra, en fin, apática y antipática cada vez que le preguntaban en sede parlamentaria o en la prensa por qué no descolgaba un teléfono, hacía alguna gestión o daba alguna muestra convincente de interés por el asunto.

El representante de la señora Garmendia en el comitè científico del Observatorio Europeo Asutral (ESO) que se reunió en Alemania, un físico cántabro de apellido Bartons, ya coreaba de antemano los méritos de Cerro Armazones (Chile) como acólito de una causa secreta ‘antipatriótica’ fomentada desde el Ministerio español en contra de la propia sede, hasta tal punto de que, ante el desgraciado terremoto que confirmaba la pronunciada sismicidad del país con el que ‘competíamos’, citó la condición volcánica de La Palma como quien desliza cínicamente un falso hándicap geológico como contrapeso de otro sin duda verídico y devastador. Con estos bueyes arábamos.

La ministra se había batido el cobre en defensa de Bilbao como emplazamiento ideal de la Fuente de Espalación de Neutrones, que finamente obtuvo Suecia, y tras ese fracaso estrepitoso, renunció a librar más batallas internacionales en el mundo de la ciencia. La del cielo era una ofensiva ganada a poco que hubiera querido. Pero no quiso. Y ahora, aferrándose a un informe de expertos en el que Chile aventaja a la Palma por unas cuantas noches más de observación (criterio por sí sólo no determinante, a falta de poner en la balanza la calidad de la atmósfera, la viabilidad económica del proyecto, las condiciones materiales objetivas para fabricar a menor coste el telescopio y muchos condicionantes más), la señora Garmendia, ni corta ni perezosa, ha proclamado a los cuatro vientos que no piensa emprender ninguna presión diplomática, porque ya está todo dicho: Chile es el sitio elegido. Y no se hable más. Palabra de ministra. Te alabamos, señora.

Es justo pensar que en Chile le tendrán reservado a la ministra española, como se merece, un homenaje con ocasión de los actos inaugurales en Cerro Armazones, en 2018, del Telescopio Europeo Extremadamente Largo (E-ELT) que, con su efusiva complicidad, puso tan fácil a un país que no garantizaba ni cien millones de euros para la obra (menos de la tercera parte de la oferta oficial española presentada a regañadientes a última hora).

El país portador de la bandera de la I+D desfila esta vez sin estandarte delante de quienes tienen que decir la última palabra en las próximas semanas. Es una vergüenza de marca mayor, una dejadez sin parangón que habla poco y mal de España como potencia de nada. (Si en algo podía alardear serlo era, precisamente, en Astronomía, gracias a los Observatorios del Roque de los Muchachos y el Teide). Chile a estas horas aplaude los peros de la ministra española a La Palma. Garmendia se rinde a sabiendas de que así consolida la candidatura chilena, con un sentido de la inoportunidad que no puede ser tan inocente como la inconsistencia y desinformación de sus temerarias palabras en público.

Si por un casual, el Telescopio Europeo de 42 metros acaba siendo asignado al Roque de los Muchachos (como aquel otro de 30 metros que los Estados Unidos decidieron in extremis quitar a Chile –tambien favorita entonces como ahora- de la boca para colocarlo en Miami), por la mediación de otros ministros más sensatos y responsables, como Elena Salgado, José Blanco y De la Vega, la ministra de Ciencia e Innovación tendría que dimitir. Algo que ya podía haber hecho voluntariamente como prueba de la incapacidad que ha demostrado y que no hace honor a su maestra, la heroica bioquímica Margarita Salas, única mujer española académica en Estados Unidos.

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lunes, 08 de marzo de 2010 - 9:07

Como el Breton del surrealismo culinario, Ferran Adriá pisa la isla de Tenerife a estas horas para apadrinar los premios gastronómicos de Diario de Avisos. Es tal la macrodimensión cultural y socioeconómica que ha adquirido la propuesta creativa del chef catalán, que su presencia entre nosotros debería cobrar la relevancia que merece la llegada de un visitante icono que trasciende el carácter ordinario de cualquier otra estancia ilustre. Ésta, la de Adriá, se produce en un momento clave en su biografía, tras el reciente anuncio que hizo del cierre bianual de elBulli (2012-2014), la meca de su cocina, con el objeto de poder pensar.

Adriá es la vanguardia del arte culinario arribando a la isla de la vanguardia artística de los años 30, que el pope francés consagró como “la isla surrealista”. Adriá ha sido comparado con Picasso, lo que implica, más allá de las equivalencias entre genios, una condición creativa que nadie niega a sus ‘deconstrucciones’ o menestras de verduras en textura, a todo el orbe de su cocina molecular, sus espumas de judías blancas con erizos y su mousse de humo, sus polvos helados y gelatinas calientes, sus esferificaciones y liofilizaciones, y todo el minimalismo ascético de la cocina oriental que le llevará a vivir una temporada en China cuando clausure temporalmente su templo sagrado de Roses (Girona).

Admiro a este personaje inverosímil (uno de los diez más innovadores del planeta, según la revista Time en 2004) por su carisma sencillo y su osadía calculada. No estamos ante un cocinero que se ha vuelto loco, estamos ante una cabeza que cocina ideas revolucionarias sobre el modo de dar de comer al mundo para que cambie el modo de pensar. España no lo había conseguido nunca antes, y Europa apenas a través de Francia. Pero Europa y el mundo se han rendido ante Adriá (como hizo, el primero, el pope francés Robuchon, que lo designó heredero y sucesor cuando se jubiló a los 50 años), porque es un inventor con dos redaños, capaz de alterar el sentido del gusto y del humor de un comensal inteligente.

Ferran Adriá es una celebridad, de paso por Tenerife, que, a buen seguro, conoce la cocina nuestra desde mucho antes de convertirse en faro de generaciones de chefs. Intuyo que su anfitrión, Manuel Iglesias, periodista y crítico de avituallamiento como el otro gran ‘manolo’ (Vazquez Montalbán), le habrá puesto al día. Adriá, de vuelta de muchas aventuras, viaja de aquí para allá (pronto impartirá un curso en Harvard), divulga, cuenta, explica la razón de ser del éxito del sincretismo de la cocina española a caballo de la tradición y la vanguardia. Si ganamos para la causa a este embajador de la ciencia y la alimentación (en ésas anda con su amigo Valentí Fuster) y lo atraemos a nuestra orilla, donde la astronomía y la gastronomía se dan la mano (como prueban los platos flotantes del cocinero Diego Schattenhofer, el ingeniero Bertrand Lefort y el astrofísico Herve Bouy en el hotel Villa Cortés de Playa de las Américas), quién sabe si acabaríamos dando con la nueva cocina atlántica, entre papas arrugadas, mojo de cilantro y cherne. Trato de decir que nos debe importar mucho que nos visite este padre universal de la cocina española del siglo XXI, que comenzó, como casi todos, de friegaplatos y quiso ser futbolista, porque su ídolo era Cruyff y aún no sabía que le estaba reservado ser Ferran Adriá, la estrella que Warhol habría querido retratar junto a Marylin y Mao Tse Tung. Hincha del Barça, llega a la isla que le ‘regaló’ a su ídolo nada menos que dos ligas. Nos debe un menú.

Cuando Santi Santamaría, en un ataque de celos, se metió, en un libro descorazonador (‘La cocina al desnudo’), con Adriá por emplear productos presuntamente tóxicos en su organología de platos emocionales, fue como si resucitara la rivalidad de Salieri con Mozart, en la confianza de que ningún Pushkin poemice (o polemice) un desenlace fatal en la disputa de fogones y tragaldabas. Todo apunta a que Adriá pasa olímpicamente de Santamaría y con esa indiferencia lo deja ‘al desnudo’. Para conocer el colosal pasotismo de este Einstein del big bang gastronómico, sépase que habita un apartamento de 50 metros cuadrados en un barrio normalito de Barcelona y que va al Nou Camp, cuando ‘toca’ la orquesta de Guardiola, a abuchear, si tercia, al árbitro con un bocadillo de butifarra en la mano.

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miércoles, 03 de marzo de 2010 - 9:05

El Ministerio de Defensa español acaba de decidir, mediante decreto (ese BOE es el eterno motorista de los tiempos de Franco, amanece y más de uno no lo cuenta), prescindir de los servicios de las palomas mensajeras. Las considera una antigualla como medio de transmisión, una reliquia superada por los modernos tiempos virtuales. Pero los militares se han valido históricamente de la labor (callada, por supuesto) de estas fieles telegrafistas curtidas en misiones de vida o muerte.

No sólo han mantenido el pico cerrado, sino que se han jugado el físico cruzando las líneas de fuego en los grandes conflictos sin rechistar. Con las palomas nos hemos ido enemistando progresivamente. De la paloma picassiana de la paz a la rata con alas de los Simpsons media una enorme ingratitud. Han cumplido su papel con creces y se les jubila y maldice porque molestan con sus letanías de zureos, cagan en las fachadas de los edificios nobles o contaminan al prójimo con los múltiples parásitos de sus plumas, pero las hemos hecho competir y enjaulado, las hemos adiestrado para surcar mares y saltar entre continentes con versos tiernos de amor en columbogramas adheridos a sus patitas, y cuando lucubramos dónde se haya nuestra sepultura les dedicamos la ‘casida de las palomas oscuras’, de Lorca: “Por las ramas del laurel/vi dos palomas desnudas./La una era la otra/y las dos eran ninguna”.

Nos olvidamos de un ‘plumazo’ de la paloma de Noé, la primera periodista del mundo que regresó al arca llevando una rama verde de olivo con la noticia de que la vida era de nuevo posible sobre la tierra tras el Diluvio, porque las aguas habían descendido su caudal. Veo las imágenes del tsunami que siguió al terremoto chileno, las casas, los coches, los muebles y los árboles arrastrados por las olas avasalladoras a través de las anchas avenidas, y las personas encaramándose a lo más alto para salvarse, y me acuerdo del vuelo despavorido de las palomas premonitorias de seísmos, de la mascota idílica de Afrodita y el medio millón de palomas combatientes que sirvieron en la II Guerra Mundial: de Winnie, la paloma que recibió la medalla al valor por salvar a la tripulación de un torpedero británico que la soltó como última baza tras un amerizaje de emergencia al ser alcanzado por los alemanes.

Chile y los nuevos diluvios recuerdan a la paloma mensajera de Noé. El maremoto de Chile es una cura de humildad. Un barco clavado en mitad de una calle, rodeado de casas derruidas o malamente en pie, en medio del desierto de un barrio arrasado sin un alma transitándolo. No es el barco bíblico, sino uno cualquiera que salió despedido lejos del mar por una ola que enloqueció tras abrirse por dentro la tierra. Las palomas que sobrevolaron durante siglos catástrofes y contribuyeron a rescates y evacuaciones e intercambios entre hospitales en los extremos más insospechados del mundo se adivinan en esas imágenes. Un coche rojo con una familia a bordo, perseguido por una ola furiosa, es alcanzado y sus ocupantes succionados por la bestia. Queda el río de sangre flotando en sí mismo y a un lado, ya cadáver, el sedán rojo que dejó de huir nos mira. En la foto no se ven, pero ya se presiente que vuela con ellas la mala noticia.

Las enviamos a la guerra. Fueron las espías perfectas de la historia bélica universal, desde los egipcios a los europeos fratricidas del siglo XX; los correos más audaces y escurridizos que no se dejaban interceptar fácilmente; las lanzaban en paracaídas tras las líneas alemanas y muchas fueron capturadas y aniquiladas por el enemigo, pero otras muchas regresaron con vida portando la valiosa información.

Bastó que inventáramos la telegrafía sin hilos y se empezaron a olvidar sus gestas, sus gestos humanitarios, su heroísmo ejemplar. Eran viejas periodistas obsoletas, caducas comunicadoras de un tiempo pretérito. Los avances de la telefonía, el fax, la televisión, los satélites y, por último, Internet, fueron minando su protagonismo histórico, su razón de ser milenaria, y pasaron al olvido, proscritas, en la era de la jaula global. Quedaban lejos las épocas de gloria y feliz mensajería, cuando los griegos las designaron enviadas especiales y, de ciudad en ciudad, iban alegremente anunciando los nombres de los ganadores de los Juegos Olímpicos.

Gracias a las nuevas tecnologías actuales, fluyen mensajes en boca de otras palomas invisibles, que son como los fantasmas de las viejas palomas mensajeras que pasaron a mejor vida. Pero un día o una noche, una tormenta paraliza la ciudad, bloquea los sistemas de comunicación, se apagan los ordenadores, oscurecen las calles y los edificios, y en medio del cero energético resulta entonces imposible enviar noticia alguna a ninguna parte. Se abren las jaulas y regresan a su oficio eterno resucitando de las tumbas del decreto que las jubiló.

Hemos matado al mensajero.

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lunes, 01 de marzo de 2010 - 9:11

La batalla del telescopio se libra esta semana en la cúpula científica del Observatorio Europeo Austral (ESO), que se reúne en Alemania el miércoles y el jueves para tomar una decisión que despeje el horizonte de las candidaturas. De las distintas opciones que baraja esta asociación de 14 países europeos, todo parece indicar que sólo dos, La Palma y Chile, al parecer empatadas técnicamente, se disputan la sede del Telescopio Europeo Extremadamente Grande (E-ELT).

Del conjunto de pros y contras de cada una de estas dos alternativas se viene hablando desde hace tiempo con el fin de arrimar el ascua a la sardina del lobby pertinente (chileno, en todo caso, ante la ausencia de instinto proselitista alguno por parte de España). El cerro Armazones, al sureste de la ciudad de Antofagasta, en el desierto de Atacama, enarbola su récord de noches de observación limpia (350, según su estadística más favorable), la proximidad al Observatorio Paranal (donde auscultan el cielo cuatro telescopios de 8 metros de diámetro), su altitud, temperatura y bondades naturales en el hemisferio sur entre la cordillera de la costa y la andina, que detienen las nubes del Pacífico y el Atlántico. Amén de que Chile viene siendo durante casi medio siglo, el mirador preferente de ESO, que cuenta allí con varios telescopios predecesores de la última generación de grandes catalejos.

Canarias es, por tanto, una intrusa emergente que disgusta a Chile, pero que la ciencia agradece. Desde que el Observatorio del Roque de los Muchachos alojó en las cumbres de Garafía el mayor telescopio hasta el momento, el Grantecán (algo más de 10 metros de diámetro), pasó a formar parte del club de élite llamado a aspirar por derecho propio al E-ELT (un espejo primario de 42 metros de diámetro divididos en 906 segmentos hexagonales), que se empezará a construir en 2011 y entrará en funcionamiento en 2018, con el fin de responder a la inmemorial pregunta de si estamos solos en el universo o hay vida extraterrestre en algún planeta extrasolar. Llegados a este punto, la Astronomía hace suyas, sin rodeos, parcelas que parecían condenadas a recluirse en la paraciencia, y confía en poder averiguar, con los nuevos instrumentos gigantes de investigación, si otros seres conviven con nosotros en el ‘espacio’ común y cabe establecer algún tipo de contacto inteligente. Conviene recordar que, pese a todos los conocimientos adquiridos acerca del universo, la mayor parte del mismo no ha podido ser explicada aún, y de ahí que sigamos denominándola como materia y energía oscuras.

El cielo palmero está protegido por ley aprobada en el Parlamento canario (en La Laguna, en 1994, presencié cómo una comisión de expertos presidida por el célebre oceanógrafo Jacques Cousteau abrazaba la tesis canaria de preservar el cielo como uno de los derechos humanos de las futuras generaciones); las noches de observación, según los registros más fiables, se asemejan, prácticamente, a las de Chile; carece de minas en su territorio respecto a una de las pegas de este último; las jornadas de calima son contadas; la infraestructura no está por hacer, es de sobra conocida la dotación de que ya goza el Observatorio, y la posibilidad de que los científicos duerman en casa durante los períodos de trabajo abarata los costes.

El factor más sensible es la sismicidad, que ensombrece la oferta chilena. Por desgracia, el terremoto del sábado de más de 8 grados en la escala Richter pone en cuestión las condiciones del aspirante andino, a pocos días de una decisión determinante. Quizá no sea el mejor momento para una elección neutral y sosegada del mejor emplazamiento del mayor telescopio del mundo, y convenga aplazar la última palabra unos meses. En esta tesitura, se impone ayudar antes que ganar a toda costa, y Canarias guarda lazos muy estrechos con América que la acercan continuamente a ella cada vez que pasa algo. Los centenares de muertos en esta ocasión reavivan el antiguo pánico a que la tierra tiemble que recorre todo el litoral del Pacífico, como comprobé personalmente en el verano de 2007 durante el seísmo de Perú.

Es justo que el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) acaricie la idea de contar con el telescopio en disputa, y Europa no acaba de cerrar filas en torno al observatorio que le representa en solitario en esta carrera por la vanguardia de la Astronomía, una rama de I+D en la que tiene todo a favor para tomarle la delantera a EE.UU. y ser líder incuestionable en el mundo. De nuevo, la vieja falta de convicción europea que tanto daño le está haciendo, en la vertiente política, como proyecto plurinacional.

Tanto España como la Unión Europea han mostrado esta vez poco entusiasmo, o no lo han sabido transmitir, por conseguir el mayor telescopio para el mejor observatorio del Hemisferio Norte, ubicado en suelo comunitario. Esta debilidad de partida, frente a una campaña de promoción chilena más perspicaz y madrugadora, es la que ha hecho y hace temer, pese a todos los pesares, por que La Palma, siendo la mejor opción, no las tenga todas consigo. Finalmente, el gobierno español, presionado por el gobierno canario, el Congreso y los medios de comunicación, presentó su candidatura a rebufo de la chilena. La oferta económica dicen que es mejor que aquella otra, y de la voluntad política se sabe poco más que las esporádicas declaraciones ambiguas de la ministra Garmendia, ya que su pasión y confianza por este éxito en particular no es mucha, habida cuenta cierto miedo paralizante, según ha trascendido, a perder una nueva batalla por una sede científica internacional.

Los ministros españoles de Ciencia y Educación no han exhibido nunca, salvo excepciones, demasiada complicidad con los sueños proactivos del director del IAC, Francisco Sánchez, a lo largo de más de tres décadas. Porque los observatorios canarios (Roque de los Muchachos y el Teide) han ido a su aire, gestionados por un consorcio atípico, fuera del encorsetado centralismo científico español. Una herejía insular. Y ahora todo apunta a que ha habido que mover cielo y tierra para que el Ministerio no se durmiera.

Este es un nuevo sueño, pero soñar en grande, como es el caso, implica cada vez mayores riesgos. No han bastado respaldos de grueso calibre (las dos cámaras parlamentarias, el propio Rey, una comisión del Parlamento Europeo, el aval de científicos renombrados) para hacer más creíble la apuesta del Gobierno español. Es evidente, con esta lentitud de movimientos, que de la fe y las ganas oficiales no estábamos sobrados. De ahí que se pueda pensar que el mejor aliado de España haya sido, hasta el momento, por desgracia, un terremoto, que le dé la razón indirectamente apenas. Y apena que así sea.

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