miércoles, 24 de febrero de 2010

Madrid cierra las puertas de Arco y recibe la colección de arte que el crítico canario Eduardo Westerdahl conformó a lo largo de su vida y donó al Instituto de Estudios Hispánicos del Puerto de la Cruz. Estos fondos del siglo XX constituyeron en su día uno de los primeros museos de arte en España y sufrieron cierto ostracismo por negligencias y falta de espacio, que ahora, al fin, han querido reparar las instituciones uniendo esfuerzos.

La visita al Museo nacional de Arte Contemporáneo de los cuadros de la pinacoteca de Westerdahl tiene una segunda lectura: amén de mostrar el tesoro de la isla del amigo canario de Breton, permite refrescarle la memoria al círculo hermético de la crítica española, que cuenta entre sus olvidados a este paisano de origen sueco que profesaba un europeísmo avanzado como el de Agustín de Betancourt antes de que la España peninsular saltara la valla de los Pirineos en los años 30.

Westerdahl estaba casado con Maud, ex de Óscar Domínguez y también artista; era un isleño cosmopolita como su mejor amigo, Pérez Minik, con quien se peleaba a menudo para ejercitar la imaginación, como me dijo una vez recordando aquella complicidad legendaria entre los dos popes de la cultura local en constante pique. A Domingo Pérez Minik se lo disputaban los artistas, cuando yo era niño, para que les presentara una exposición. Lo consideraban más asequible que Westerdahl, a quien temían con veneración por la condición histórica de haber sido director de la revista ‘Gaceta de Arte’, la biblia insular de las vanguardias que se interrumpió con la guerra civil.

Tenía tal autoridad incontestable durante la dictadura y la transición que una opinión suya consagraba o hundía al artista de turno para siempre. Por eso había que dosificar los requerimientos a Westerdahl para apadrinar cualquier exposición por si acaso salía el tiro por la culata. Sin embargo, era menos inabordable de lo que se suponía. Mi hermano y yo, en ciernes aún como periodistas, tuvimos la suerte de conocerlos a los dos y de frecuentar sus domicilios como un par de intrusos atraídos por su hospitalidad librepensadora. Y era una gozada escucharles y aprender de ellos.

Westerdahl era amigo de Picasso y se carteaba con los sabios europeos de su siglo, de Becket a André Breton. Su mejor corresponsal en París era el surrealista Óscar Domínguez, cuyos oficios, facilitaron el viaje a Tenerife del poeta y crítico francés y su bella esposa rubia platino Jacqueline, en 1935, a propósito de la primera exposición surrealista en España.

Desde su últimos días de vida en 1983, se echa en falta en los fregados culturales de las islas a aquel profeta de las vanguardias, capaz de bendecirlas y maldecirlas como un Harold Bloom de las artes plásticas de su tiempo, que paseaba la vista sobre los demás mientras fumaba en pipa alegremente.

Comentarios
viernes, 26 de febrero de 2010 - 9:28
Señor Rivero, admiro como usted a Don Eduardo. Ese hombre nos enseñó a todos los canarios el ejemplo de como superar los complejos de la insularidad. Hoy nos da verguenza comprobar que aquella generación fue más valiente que la nuestra.
lunes, 01 de marzo de 2010 - 18:12
Felicidades por su comentario. Recientemente leí en la prensa un comentario que se hacía eco de la muestra de los fondos Westerdahl en Madrid, aunque me parece que la Televisión Canaria no hizo ningún reportaje sobre el asunto.

Sin duda, Westerdahl y su grupo supuso una suerte de resistencia cultural en la España de preguerra y posguerra. La llegada de Breton a Tenerife ante el delirio de los tacoronteros, puso a la isla -no, a las Islas- en las páginas de la historia del arte más valiente, la heredera de los años 20, de las vanguardias rusas, del cubismo de París, del cine experimental. La exposición del Círculo de Bellas Artes, con obra de Domínguez y Picasso, se convirtió en la fuente de la que hemos bebido durante años. Y creo que ya es suficiente.

Canarias debe recuperar fuerzas y situarse de nuevo en las páginas de la historia del arte. Quizás nos hace falta un Westerdahl o un Minik, o un García Cabrera.

Un saludo.
martes, 16 de marzo de 2010 - 23:45
Señor Rivero:
Excelente su recorrido por la figura de Westerdahl.
Hablando de arte...Hablemos de Erik Cichosz, un artista que ha dejado la impronta de su obra por los cinco contínentes y, que después de muchos años fuera de su tierra (Canarias) retornó a la misma. Erik vive en Icod de Los Vinos. Aquí nos tendríamos que remitir al refranero (sabio) de:
"Nadie es profeta en su tierra". Increíble que un maestro con los pínceles como Erik (72 años) con un obras mágnificas, no haya recibido por parte del pueblo canario un justo y, merecido reconocimiento.
"Los Mártires de Tazacorte", "Los simbolos Oficiales de la Comunidad Autónoma de Canarias" (Encargo del Gobierno Autónomo), "Retrato Presidentes de la Audiencia de Cuentas"...Murales como: "La peste negra en Canarias", "Derrotados pero, no vencidos"...Una vastísima obra.
El pasado 12 del presente mes, Erik inaguró una pequeña exposición de sus obras en La Casa de Venezuela (Geneto- Tenerife) y, a pesar de las invitaciones a los medios, ni uno solo estuvo presente. La inaguración no tuvo comunicado por parte de La Casa de Venezuela absolutamente a nadie..Un correo (enviado por mi persona) con una breve referencia al acto que se imprimió (en blanco y, negro) y, se colocó en un pequeño panel entre multitud de notas..Vergonzoso cuando menos.
Tengo la enorme suerte de conocer a Erik...De contar con su inestimable amistad y, de que dos de sus obras ocupen un lugar de honor en las páredes de mi casa.
Desde aquí y, con su permiso, una petición: Un repaso más amplio sobre la vida y, obra de Erik Cichosz y, por supuesto, queda usted y, todas las personas que aman el arte, invitados a la muestra del pintor en La Casa de Venezuela, cuyo cierre será el próximo 24 del presente mes.
Atte: Araceli Rodríguez Pais
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