viernes, 19 de febrero de 2010

(Este artículo que a continuación reproduzco es un encargo del diario ‘La Opinión de Tenerife’ para su edición del miércoles 17-02-10)

A nadie se le oculta que la crisis ha castigado severamente también el fomento de la cultura como bien de interés social y como industria, una cosa y la otra, al fin, conceptuadas como tales recientemente en nuestro entorno. Llama la atención que, en tanto se nos afirma que el ajuste del gasto público en este país preservará a las políticas sociales, se proceda a un recorte drástico del presupuesto cultural, sin reparar en la flagrante contradicción, al menos desde el punto de vista socializador de una faceta que aspira a cultivar y nutrir demandas básicas en la formación (educación) de la gente. Es una proclama que mimetizan, sobre todo, las corporaciones locales, llevando el capítulo Cultura a cero con un alarde de austeridad ciertamente demagógico. Otras ciudades como Barcelona hacen todo lo contrario: en crisis, más para Cultura, como eje vertebrador de su dinamismo social, económico y político. Hasta que no entendamos que esto es así, seguiremos en la ‘ultraperiferia’ del ‘eurocaos’, como acuña Paul Krugman. En España, la recesión devora ‘trágicamente’ la gestión cultural por parte de las instituciones, y en Canarias las corporaciones locales se aplican el cuento, desconociendo así, en su pasividad, que debilitan (a veces, también, con intrusismo y competencia desleal) una industria que a estas alturas no está por descubrir que genera empleo y PIB (invoco el último informe del Consejo Económico y Social y las reiteradas apelaciones del catedrático de Economía Aplicada José Luis Rivero sobre la rentabilidad asociada a la inversión pública cultural). Ese cerrojazo presupuestario a todo lo que huele a cultura por malentender que resulta superfluo nos está llevando, como sociedad, a un nuevo período de atraso. Los gestores de la crisis que ignoren la cultura para salir de ella no han entendido nada. Es un haraquiri que traerá consecuencias: una generación de creadores en alza dejaría paso así a una etapa de sequía creativa –la generación de la crisis-, que pagaremos caro, tarde o temprano. La responsabilidad de evitarlo usando gafas de lejos, frente a esta miopía, es de la clase política de hoy, de ahora mismo. Sólo añadiré una reflexión sobre la incidencia geográfica que considero necesaria. La distancia es un factor determinante en toda actividad en las islas, que (a)grava todo empeño externalizador o receptivo de cualquier acción cultural. Ello va en detrimento tanto del creador como del consumidor cultural de Canarias. La nula, cuando no tímida y cicatera implicación del Ministerio de Cultura en el hecho cultural canario sonroja en términos de cohesión territorial, dada las barreras geográficas que condenan a público y creadores de las islas a un acceso desigual a las iniciativas que se desarrollan en el ámbito europeo. En aras de la debida promoción exterior de la cultura insular y un reparto equilibrado de su oferta en todo el archipiélago, la comunidad autónoma está obligada a reforzar, a su vez, la inversión pública. De lo contrario, seguiremos perdiendo oportunidades y, a medida que pase el tiempo, será menor nuestra capacidad de ofrecer una comunicación adecuada hacia fuera y hacia dentro del fenómeno cultural de las islas. Canarias, por los déficits estructurales que la limitan, está autorizada a reclamar del Estado políticas compensatorias excepcionales de su lejanía, y quien las rebata por pura desidia ignora que ésta no es una autonomía más. Ni mucho menos. El creador cultural canario y la sociedad insular ven aumentada en esta crisis su desventaja crónica con el continente al que pertenecen.

Comentarios
domingo, 28 de febrero de 2010 - 13:37
Las diferencias que usted sostienen entre vivir en una isla y en un continente en tiempo de crisis, a los efectos de hacer cultura, son tan evidentes que resulta incomprensible que aún se tengan que airear cuando se discute de apoyar las inquietudes de unos isleños más allá de su entorno geográfico limitado.Pero bienvenido sea que alguien como usted nos lo recuerde.
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