¿Mintió, exageró, amedrentó adrede la OMS para favorecer intereses espurios de la industria farmacéutica cuando declaró la pandemia de la ‘gripe A’ a bombo y platillo? El mundo mordió el anzuelo y entró en una histeria colectiva durante meses, con la pasta de alcohol dermoprotectora en el bolsillo, se tapó la cara con mascarillas de tela y dio codazos por un tamiflú. Finalmente (en tiempo récord, como por arte de adivinación) se dio con la vacuna y los estados adquirieron millones de dosis de la misma. La mayor parte, quedó en los depósitos de los gobiernos sin utilizar. Los primeros en renunciar a la vacuna fueron los médicos y luego los pacientes, y la nueva gripe que iba a matar más que la vieja gripe estacional, desmintió todos los pronósticos de la OMS. Fue la pandemia del miedo (no de gripe alguna) que trajo este siglo consigo.