miércoles, 27 de enero de 2010
El Carnaval se emperifolla (sin segundas) y sale a escena en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria. Es nuestro ‘Davos’ del humor social, el termómetro de las ganas de juerga y bulla (que no ‘bulli’) de la calle. En la del Castillo del chicharro presencié anoche la caravana de joyas de coches antiguos con las candidatas infantiles, adultas y ‘señoras’ a bordo camino del Círculo de Amistad XII de Enero, al acto de presentación de las galas de las reinas susodichas. Digo ‘señoras’ y no de la tercera edad, porque Sergio García, que vuelve a dirigir esos tres actos principales, me dice que sugiere al Ayuntamiento darle dicho nombre a la modalidad de abuelas. Otra propuesta que me traslada es la de convertir el ‘Santa Cruz en Carnaval’ del compositor Agustín Ramos, que el pueblo baila y tararea desde que la oyó por primera vez, en himno oficial de la fiesta. De manera, que, sea cierto o no el pronóstico del FMI (España será el vagón de cola de Europa en 2010 y su economía seguirá deshaciéndose o ‘deconstruyéndose’, como diría Adriá, seis décimas), vamos a sumergirnos en este paréntesis de la realidad como si todo el monte fuera orégano. Y que dancen drags, den la murga a quien corresponda, y el ruido infrinja las normas sólo por unos días. Cuando se haga el silencio, nos tocaremos el bolsillo y la resaca durará justo lo que tardemos en cobrar conciencia de que nos hemos quedado sin blanca.
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