El Hierro y La Gomera, dos islas lapidarias como Mafalda, que sueltan la verdad a la primera de cambio, se niegan a la par a ser cobayas del Ministerio de Fomento, que quiere usar sus dos aeropuertos para experimentar un nuevo sistema de control aéreo automatizado. Tomás Padrón y Casimiro Curbelo, uno nacionalista y el otro socialista (nada sospechoso, por tanto), protestan al alimón contra la idea del ministro José Blanco, ante el Congreso, de hacer las pruebas del sistema en las dos islas más remotas como quien cierra los ojos y espera a ver qué pasa cuanto más lejos mejor. Cierto que no es así, que el sistema automatizado ha funcionado con éxito –dicen- en otros aeropuertos europeos y norteamericanos, y que su adopción en España por parte de los de menos de 50 operaciones diarias –hay doce en todo el Estado- es un paso obligado de austeridad para prescindir de un determinado número de controladores aéreos, cuyos elevados sueldos encarecen la gestión de AENA –con aeropuertos deficitarios, el que más Barajas, salvo nueve rentables, entre ellos Gando y Reina Sofía- y han puesto por las nubes las tasas que pagan las compañías aéreas. “¡Ni hablar!”, se resiste Curbelo. “Tienen que convencerme con razones de peso”, sentencia Padrón. Son, como digo, de partidos diferentes, pero en esto van a dúo. Herreños y gomeros han tenido minutos de gloria parlamentaria cuando los unos eran bisagra del pacto de Gobierno (o pacto de hormigón, que no tardó en caer) y los otros ejercían el veto insular en la cámara a cualquier asunto trascendente que afectaba singularmente a su territorio. Las islas no capitalinas, menores, periféricas o menos pobladas no se quedan calladas. Gracias a la autonomía han dado un salto cualitativo, de calidad de vida y desarrollo, pero saben que si se conforman volverán a tiempos pretéritos y se agudizarían las desigualdades con las islas mayores. “En realidad, somos las islas minifalda”, a juicio del presidente herreño, “porque tenemos que enseñar las piernas para que se fijen en nosotros”. Mafalda o minifalda, las dos le han plantado cara al ministro, que hirió sin querer la sensibilidad de este par de tierras lejanas que ya están de vuelta.