ENERO 2010 ENTRIES
viernes, 29 de enero de 2010 - 0:00
¿Mintió, exageró, amedrentó adrede la OMS para favorecer intereses espurios de la industria farmacéutica cuando declaró la pandemia de la ‘gripe A’ a bombo y platillo? El mundo mordió el anzuelo y entró en una histeria colectiva durante meses, con la pasta de alcohol dermoprotectora en el bolsillo, se tapó la cara con mascarillas de tela y dio codazos por un tamiflú. Finalmente (en tiempo récord, como por arte de adivinación) se dio con la vacuna y los estados adquirieron millones de dosis de la misma. La mayor parte, quedó en los depósitos de los gobiernos sin utilizar. Los primeros en renunciar a la vacuna fueron los médicos y luego los pacientes, y la nueva gripe que iba a matar más que la vieja gripe estacional, desmintió todos los pronósticos de la OMS. Fue la pandemia del miedo (no de gripe alguna) que trajo este siglo consigo.
jueves, 28 de enero de 2010 - 0:00
Los controladores aéreos (hasta 900.000 euros anuales de sueldo) amenazan con repetir en Semana Santa el colapso aeroportuario de Navidad porque AENA piensa rebajarles las horas extras. Ante la firmeza de los ministros José Blanco y Manuel Chaves de que no se va a ceder un centímetro ante las amenazas del colectivo que no da la cara, como dice el diputado Segura, uno quiere confiar que esta vez el Gobierno que preside Europa llegará hasta el final sin aflojar las piernas. De lo contrario, debería dimitir en peso. Los controladores se han jactado en alguna ocasión de ser capaces de “derrocar” a un gobierno. En cuyo caso, lo habrían conseguido.
miércoles, 27 de enero de 2010 - 9:37
Se debate en España de inmigrantes, de cadena perpetua y de almacenes nucleares. Una vez se corrió la voz de que querían crear en aguas canarias un cementerio radiactivo. Y la gente se movilizó y tiró flores al mar. Espero que esta vez no se acuerden de nosotros.
miércoles, 27 de enero de 2010 - 9:36
El Carnaval se emperifolla (sin segundas) y sale a escena en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria. Es nuestro ‘Davos’ del humor social, el termómetro de las ganas de juerga y bulla (que no ‘bulli’) de la calle. En la del Castillo del chicharro presencié anoche la caravana de joyas de coches antiguos con las candidatas infantiles, adultas y ‘señoras’ a bordo camino del Círculo de Amistad XII de Enero, al acto de presentación de las galas de las reinas susodichas. Digo ‘señoras’ y no de la tercera edad, porque Sergio García, que vuelve a dirigir esos tres actos principales, me dice que sugiere al Ayuntamiento darle dicho nombre a la modalidad de abuelas. Otra propuesta que me traslada es la de convertir el ‘Santa Cruz en Carnaval’ del compositor Agustín Ramos, que el pueblo baila y tararea desde que la oyó por primera vez, en himno oficial de la fiesta. De manera, que, sea cierto o no el pronóstico del FMI (España será el vagón de cola de Europa en 2010 y su economía seguirá deshaciéndose o ‘deconstruyéndose’, como diría Adriá, seis décimas), vamos a sumergirnos en este paréntesis de la realidad como si todo el monte fuera orégano. Y que dancen drags, den la murga a quien corresponda, y el ruido infrinja las normas sólo por unos días. Cuando se haga el silencio, nos tocaremos el bolsillo y la resaca durará justo lo que tardemos en cobrar conciencia de que nos hemos quedado sin blanca.
miércoles, 27 de enero de 2010 - 9:35
Ferran Adriá, reputado como el mejor cocinero del mundo (en Perú sostienen que Gastón Acurio también lo es, y en Canarias Gamonal era nuestro Ferran y Gastón juntos antes de que ambos fueran conocidos) anuncia en Madrid Fusión a modo de ‘carta’ que cierra El Bulli (el mejor restaurante del idem, sin objeción, dicen) dos años (2012 y 2013) para reinventarse, hacer inventario de dos décadas de vanguardia, irse posiblemente a China en busca de nuevas ideas y sorprender, a la vuelta, con inusitadas audacias, como acostumbra el laboratorio del viejo bar de veraneantes del matrimonio Schilling y sus bulldogs (de ahí ‘El Bulli’) en la cala gerundense de Roses. La decisión es tan genial e insospechada como la propia trayectoria del ‘picasso’ de los fogones. Tengo una pregunta que hacerme: ¿por qué los sobradamente sabios e inteligentes, en ocasiones como ésta se apean, o retiran temporalmente para hacer balance y pensar en qué se equivocaron, y los rebenques de turno se aferran al puesto (o cargo) sin visos de hacerse la mínima autocrítica o harakiri. Al país le sobran tranques y maletas en ejercicio y le faltan ‘adrianes’ o ‘ronaldos’, teniendo en cuenta que a este último una sanción por malos modos en el campo le apartará dos semanas del fútbol, una especie de cierre temporal como ‘El Bulli’, ya no por hastío, sino por desatino.
lunes, 25 de enero de 2010 - 8:46
En Fitur se ha consagrado el final de la crisis del turismo, y al abrigo de la remontada económica británica y alemana no se ha dudado en proclamar un inminente repunte de este sector en Canarias. Habida cuenta que las islas dependen del motor turístico para recuperar el tono vital de nuestra economía, la noticia del incremento del número de vuelos contratados para la próxima temporada, la posible prórroga de la reducción de las tasas aeroportuarias y el clima general de optimismo que reinaba en la clausura, este domingo, de la feria turística madrileña, es la gran buena nueva que ha podido recibir el archipiélago en este comienzo de año.
Quien logre cambiar la tendencia fatalista en las islas habrá conseguido toda una proeza que contraviene a una especie de condicionamiento histórico. De ordinario, se impone, entre nosotros, dejarse llevar por una atonía general de desencanto y frustración y de ir con la cabeza gacha; es una impronta, una manera involuntaria de ser de este arquetipo de isleño de Macaronesia meridional que seguramente se agrava con la distancia de los círculos de poder y decisión nacionales (quiero decir que en Baleares el derrotismo y, en particular, la actitud ante cualquier revés de la musa turística se viven con mayor moderación por la cercanía al continente, que no es ningún factor baladí). A los canarios nos encanta autocastigarnos, como ya hemos comentado, y en los últimos meses se han podido oír las clásicas voces apocalípticas que, desde las islas, anunciaban que el turismo tenía (incluso que debería tener) los días contados y había que optar urgentemente por otro modelo de desarrollo radicalmente opuesto: del cemento y el ocio a una alternativa renovable y ambientalista a ultranza que respete el territorio y deje en paz el litoral. (Se parte de un simplismo: turismo igual a construcción igual a especulación igual a pelotazo de los cuatro de siempre, que no siendo inexacto del todo, no deja de ser una parvulez desde el punto de vista económico.)
En Canarias tenemos que hacer algún día un ejercicio de sinceridad. Tenemos que sincerarnos. ¿Qué queremos? ¿Cuánta población queremos que viva en las islas (dato actualizado: 2.100.000 habitantes)? ¿Cuántos canarios y no canarios sobran? ¿Qué hacer para vivir de una vez sin tantos rodeos sobre el tipo de archipiélago que anhelamos de verdad? ¿Fue un error educarnos en la cultura del turismo? ¿Era preferible emigrar? ¿Es aconsejable quedarse en esta tierra o abandonarla cumplida determinada edad para superar pleitos y localismos? ¿Merece más respeto el canario de la diáspora que el que elige permanecer de puertas adentro en el lugar donde nació, o al revés? Y todas las preguntas que se quiera añadir en torno al eterno dilema de la identidad, la economía y el espacio, que son tres de las grandes preocupaciones concientes o inconcientes con las que nace, crece y muere el canario desde el origen de los tiempos. Quiénes somos, cómo ingeniarnos un modo de subsistir y qué hacer en tan corto espacio para sentirnos felices.
El Hierro (quizá merezca un comentario aparte, es una de mis islas preferidas) cumple diez años como Reserva de la Biosfera. Creo ‘sinceramente’ que el herreño es el canario que tiene las ideas más claras sobre tales interrogantes: quién es, que modelo económico adoptar y cómo desenvolverse (sus 10.000 ocupantes) en 268 kilómetros cuadrados. Un poco de esto, un poco de lo otro, un desarrollo integral, un culto a las tradiciones más ancestrales sin ruborizarse por ello (del bimbache del Garoé a Valentina la de Sabinosa), y una vocación modernizadora que la convertirá en la primera isla del mundo en abastecerse totalmente de energías limpias.
Tendremos que volver sobre ese índice de temas abierto a debate sobre el tipo de Canarias que queremos. ¿Por qué apenas se abordan, en unas islas que polemizan de y sobre todo, aspectos que me parecen de cajón como el tamaño de población que queremos y nos corresponde por nuestras dimensiones físicas y sus consecuencias ambientales y económicas, o la idiosincrasia de los canarios como pueblo a lo largo de los siglos. Y las verdaderas raíces de la tricontinentalidad tan superficialmente citada a modo de comodín (el porqué histórico de nuestro americanismo; el verdadero alcance de nuestra vocación europea, y la falsaria negación de África hasta antesdeayer). Etcétera.
Camuflar en el tótum revolútum de las causas y consecuencias de la mayor crisis económica desde la II Guerra Mundial, un desapego sospechoso hacia el turismo como modus vivendi del canario del siglo XXI, es ignorar por completo la respuesta a la primera y principal de nuestras preguntas de hoy: ¿Quiénes somos? Somos, hemos sido, creo que siempre seremos, un crisol de culturas. Y eso es imposible sin viajar ni que te viajen.
martes, 19 de enero de 2010 - 9:21
El Hierro y La Gomera, dos islas lapidarias como Mafalda, que sueltan la verdad a la primera de cambio, se niegan a la par a ser cobayas del Ministerio de Fomento, que quiere usar sus dos aeropuertos para experimentar un nuevo sistema de control aéreo automatizado. Tomás Padrón y Casimiro Curbelo, uno nacionalista y el otro socialista (nada sospechoso, por tanto), protestan al alimón contra la idea del ministro José Blanco, ante el Congreso, de hacer las pruebas del sistema en las dos islas más remotas como quien cierra los ojos y espera a ver qué pasa cuanto más lejos mejor. Cierto que no es así, que el sistema automatizado ha funcionado con éxito –dicen- en otros aeropuertos europeos y norteamericanos, y que su adopción en España por parte de los de menos de 50 operaciones diarias –hay doce en todo el Estado- es un paso obligado de austeridad para prescindir de un determinado número de controladores aéreos, cuyos elevados sueldos encarecen la gestión de AENA –con aeropuertos deficitarios, el que más Barajas, salvo nueve rentables, entre ellos Gando y Reina Sofía- y han puesto por las nubes las tasas que pagan las compañías aéreas. “¡Ni hablar!”, se resiste Curbelo. “Tienen que convencerme con razones de peso”, sentencia Padrón. Son, como digo, de partidos diferentes, pero en esto van a dúo. Herreños y gomeros han tenido minutos de gloria parlamentaria cuando los unos eran bisagra del pacto de Gobierno (o pacto de hormigón, que no tardó en caer) y los otros ejercían el veto insular en la cámara a cualquier asunto trascendente que afectaba singularmente a su territorio. Las islas no capitalinas, menores, periféricas o menos pobladas no se quedan calladas. Gracias a la autonomía han dado un salto cualitativo, de calidad de vida y desarrollo, pero saben que si se conforman volverán a tiempos pretéritos y se agudizarían las desigualdades con las islas mayores. “En realidad, somos las islas minifalda”, a juicio del presidente herreño, “porque tenemos que enseñar las piernas para que se fijen en nosotros”. Mafalda o minifalda, las dos le han plantado cara al ministro, que hirió sin querer la sensibilidad de este par de tierras lejanas que ya están de vuelta.
lunes, 18 de enero de 2010 - 9:27
Escucho contar a Miguel Blanco en Radio 5 que en Haití vio un diablo cara a cara. Conozco la historia del testimonio aterrador del veterano periodista de lo oculto (‘Espacio en Blanco’, un abrazo, Miguel). Recuerda que el país sepultado por el terremoto, que ahora mismo inunda la prensa de todo el mundo con fotos de niños de cal despavoridos, cuerpos mutilados entre los escombros, cadáveres apilados en las calles y lágrimas de ojos con vida en la carita asustada de Redjeson Hausteen, el niño de 2 años en brazos del bombero que lo salvó (esa foto), es un país que el día que se liberó decidió encomendarse al demonio, porque así hería la sensibilidad del hombre blanco que lo había colonizado y oprimido.
El vudú y la santería de Haití son como una marca de imagen en todo el mundo. Y esa imagen y esa marca se han vendido olvidando la miseria intrínseca de un país que tenía los pies barro. Pero el seísmo no es el castigo divino a la patria de la magia negra del Caribe mestizo. Sin embargo, no dudo de que en Internet tardará poco en circular esa teoría. Para prevenirnos de toda tentación maligna en tal sentido, el propio Blanco, que ha viajado allí como mínimo seis veces, invocó la solidaridad permanente para levantar Haití de las ruinas cuando la noticia haya pasado de largo. O de moda, como todo artículo de consumo.
La foto preciosa del milagro del niño abrazado al bombero será o no fetiche, póster, camiseta o cualquier producto de mercadotecnia del olvido. No me opongo a ello, también colecciono recuerdos. Pero los recuerdos a veces nos recuerdan los olvidos. Tocamos, contemplamos, revivimos en ellos escenas que impactaron nuestros ojos en su día y caemos en la cuenta de que las habíamos olvidado al poco tiempo, sustituidas por otras más o menos conmovedoras.
Con el arte ocurre en ocasiones lo mismo. La vista y la emoción se detienen en él y olvidan el hecho real y sus protagonistas de carne y hueso, desbordados por la intensidad de la escultura, el cuadro, la foto. El suceso muere, nace la imagen del suceso, la exposición, el arte del suceso. Y el olvido, contradiciendo su propio fin de divulgar lo que sucedió. La foto de Haití recibirá el premio que se merece. Recemos para que el infumable Damien Hirst no use el cadáver de ningún animal (espero que no de un humano) recogido por sus secuaces en una calle de Puerto Príncipe y lo conserve en formol como sus célebres vaca y ternero, récord de subasta. El olvido bajo el seísmo comercial. Porque todo recuerdo tienden a desaparecer al convertirse en arte. Y la solidaridad es un esfuerzo conciente de memoria ejercitada contra el tiempo y contra otros desastres que el tiempo nos deparará desalojando desastres anteriores durísimos, incluso éste del Haití infernal.
Memoria militante capaz de multiplicarse entre unos y otros sucesos, cada uno a su tiempo, el que corresponda a cada caso. Que las fotos de supervivientes y las de los restos de la tragedia sirvan, contra toda recreación ajena, por una vez, para recordarnos la ayuda que debemos seguir prestando, aún dentro de muchos meses, para desenterrar de pies a cabeza a Haití hechizado, hecho añicos.
jueves, 14 de enero de 2010 - 16:56
Haití ahora mismo laza un desafío a la capacidad de ayuda internacional. Mientas la solidaridad llega, salvando todos los obstáculos, Puerto Príncipe, la capital de la miseria del mundo, es un territorio desolado, una foto movida de la América maltrecha, la América pobre. La otra América rica que exporta petróleo o, como Brasil, que escala posiciones en el ránking de las potencias (pronto será el quinto estado más poderoso del planeta), se ve reflejada también en las tripas al descubierto de Haití tras el paso del monstruo de la tierra que aplastó casas y habitantes sin compasión.
Porque ésa es la amenaza que toda América asume en su destino de placas tectónicas en continuo movimiento, digo que toda América se estremece al tiempo que lo hace Haití, y sufre las réplicas del seísmo como en carne propia. Toda América. Un continente con islas que se juega la vida a diario, en carreteras no aptas para salvar los transportes colectivos de despeñarse por sus riscos maravillosos y verticales; en cerros de chabolas de hambre extrema; en gobiernos habitualmente corruptos, y en terremotos, que arrasan con todo lo que, a pesar de todo, logran construir sus gentes laboriosas.
América no es fácilmente comprensible geográfica ni humanamente para una Europa que hace tiempo que no sabe de ella, no ya tanto para unas islas que no han perdido el roce. América escapa a toda comprensión ajena. Porque es el verdadero paraíso de la Tierra y, en un pronto temperamental del planeta, se convierte en un infierno. Porque es un mosaico de pueblos indómitos que ahora celebran el bicentenario de los años que hace que son libres, y prolongan, sin embargo, desigualdades y agravios hacia los indígenas, que nos remontan a etapas coloniales y, más aún, a los orígenes del mal llamado descubrimiento, con la misma nostalgia que rezuman, muchos siglos después, las piedras incaicas de Pikillagta, en Cuzco (Perú), en donde acabo de estar. Viví el seísmo de este país en agosto de 2007. Es el mismo seísmo que ronda de aquí para allá por todas las esquinas de América. El mismo. Y no la deja quieta.
miércoles, 13 de enero de 2010 - 9:15
Las peripecias sexuales de los famosos nos engullen en sus redes y nos hacemos eco como imbéciles en los medios de comunicación. El sexo despierta pasiones no sólo entre quienes lo comparten y disfrutan, sino, a su vez, entre quienes lo fisgonean como adictos voyeurs del fenómeno cuyo única recompensa es una suerte ignota de orgasmo mediático, que no estoy seguro que se haya consumado siquiera en ninguno de los usuarios de semejante ‘prensa bermellón’ (la rosa no pasa del cotilleo, ésta ‘penetra’ en el pornoperiodismo de romances célebres mayormente en la política).
Los ‘cuernos’ de la señora Robinson al señor Robinson (ministro principal del Ulster), con uno, con dos y con tres, de edades comprendidas entre 20 y coetáneos (la primera dama norirlandesa es sesentona y de buen ver), constituyen el último episodio de las infidelidades acreditadas por la prensa desde el caso Lewinsky-Clinton, al que vuelvo enseguida. El escándalo de la señora Robinson, que ha obligado a su marido a una prudente retirada de seis semanas para resguardarse del ‘pitorreo’, tiene la envergadura de una excepción. En política (y en todas las profesiones y confesiones) son más frecuentes los amoríos extras de ellos que de ellas, como (reitero) ejemplifica a la perfección Bill Clinton en su documentada escena del despacho oval con la becaria mientras atendía asuntos propios de la primera ’potencia’ del mundo. Esta vez, sin embargo, el humillado por las revelaciones de quien conocía el secreto, es un político varón, que asume el rol de marido engañado sin suficiente bibliografía de casos afines con que disimular. Esta es la lección que contrarresta una abundante casuística de casos al revés.
De niño presencié desde el balcón de mi casa las amenazas pistola en mano que lanzaba un policía vecino a un joven que huía corriendo por la acera tras ser sorprendido in fraganti con la esposa infiel, y supe que esas cosas sucedían.
Del señor Clinton, los autores de un libro que salió esta semana a la venta en EE.UU (‘Game change’) actualizan su situación extraconyugal constatando una presunta recaída, según la cual el expresidente y esposo de la secretaria de Estado en el Gobierno de Obama, tuvo, al menos durante la campaña electoral de las primarias en 208 una amante no ocasional. La reincidencia del ahora conferenciante, al que pudimos escuchar en 2005 en el Auditorio tinerfeño, fue descubierta, según la publicación, por la propia Hillary con el método clásico de unos detectives.
El affaire sexual como argumento, es, como digo, una bicoca informativa. Berlusconi, que acaba de reaparecer como nuevo tras sufrir aquel impacto de un ‘duomo’ en miniatura en pleno rostro, goza de fama polivalente: por machista deslenguado, por populista y narciso, por plagiar a Mussolini, por ser amo y señor de las teles de Italia, de mil y un negocios y del Milán, por quitajueces y rey de la impunidad, etc., etc., ah., y por su incorregible vocación de don juan infiel. La vida íntima de ‘il cavaliere’, las fiestas de su mansión corsa, su fan adolescente Noemi que lo llamaba ‘papi’, las velinas, las putas que contaron su fogosidad en la cama y el libro acusador de esposa herida de Verónica Lario lo erigieron durante meses en un ‘casanovas’ septuagenario al borde del precipicio político o la locura. Pero el atentado de un loco de verdad tras un mitin lo redimió ante la prensa, que se olvidó de él y sus escarceos, y encontró refugio en las historias de alcoba de la señora Robinson durante las ausencias de casa del esposo político, de cuya vida sexual aún no tenemos noticia.
George Clooney ha prohibido publicar fotos de su noviazgo tras difundirse imágenes piratas del actor haciendo carantoñas con su pareja. De David Carradine (‘Kung Fu’) se forjó una teoría masoquista para explicar su muerte por asfixia prendido de un armario y atado de cuello y testículos en un juego sexual autoerótico. El vídeo de Pedro J. (biografiado ahora, por cierto, por el paisano José Díaz Herrera) reveló sus relaciones prohibidas con Exuperancia, una amante trampa que se prestó a simular bajo cámara oculta tejemanejes sexuales no convencionales con el periodista.
Política, cine y hasta periodismo exprimen a sus héroes en público, descuartizándolos sin escrúpulos de ninguna clase. Sexo, sexo, sexo. Y, en el fondo, se fomenta un alarmismo que traiciona el principio manoseado de la libertad personal, pues dándole pábulo malsano a inclinaciones, aventuras y placeres íntimos del personaje público de turno pillado por el periodista de ‘investigación’, se está poniendo de manifiesto uno de esos traumas inconfesables que pasan de mano en mano como en una ‘masturbación’ colectiva de moralina, ética en desuso, ideología de párvulo y acoso sexual de la víctima. Si Freud levantara la cabeza … superior…
lunes, 11 de enero de 2010 - 9:05
Algunos compañeros periodistas de sucesos afirman últimamente que han aumentado los robos con la crisis en municipios de las islas, y cuentan que en más de uno (citan Tacoronte, en Tenerife, por ejemplo) la frecuencia de hurtos en viviendas y negocios (las gasolineras son el termómetro) genera pánico y no todos los asaltos son denunciados a la policía. En las últimas horas han caído algunos cacos (amigos de lo ajeno, los llamaba en sus crónicas negras a veces el recordado Bernal, recién fallecido, del que otro día les hablaré). Deberíamos prestar atención a las caras de algunos vagabundos inexpertos que alargan la mano demandando una limosna sin levantar la mirada. Ese pudor delata ‘vidas erráticas’, como dice Gianni Celati, en el bosque humano de esta crisis, incluso viejos amigos de tiempos mejores que cayeron en desgracia. En la Península –escucho por la radio- un padre de familia, bibliófilo, al quedar en paro, decidió poner en venta su biblioteca y creó una librería de segunda mano, donde libros viejos y nuevos –algunas joyas entre ellos- se vuelven asequibles a precios de ocasión. (Bernal, del que reitero que pienso hablarles próximamente, tenía un misterioso fondo de libros, que guardaba celosamente en una habitación de la casa familiar en la que parece ser que el padre le dejaba únicamente asearse y dormir, sin voz ni voto; también él cayó en picado, y yo le sugería que vendiera algunos libros de su misteriosa biblioteca para ir tirando, sin que me hiciera caso, hasta que una noche quiso entrar en su casa y le habían cerrado el paso: estaba en obras, ya nadie vivía allí, el padre se había mudado por la mañana, y de los libros nunca más supo, que yo sepa.) Conviene mirar a la cara a los mendigos de la crisis. Puede ser un amigo con un libro bajo el brazo y la otra mano abierta boca arriba que pide y se deja leer.
viernes, 08 de enero de 2010 - 9:46
Los 80 gramos de pentrita (un potente explosivo rompedor) que llevaba oculto en los calzoncillos el terrorista nigeriano de familia acomodada y con cara de niño bueno Abdulmutallab, a bordo del vuelo 253 de Northwest Airlines Amsterdam-Detroit, resucita un debate en la era Obama que en tiempos de Bush cobró vigor tras los atentados del 11-S de 2001 en las Torres Gemelas de Nueva York. En aquella ocasión, el vuelo 93 de United Airlines, que guarda algunas similitudes con este caso del día de Navidad, acabó -recuerden los que vieron la película- precipitándose al vacío en Pensilvania. El debate entre seguridad y derechos civiles. O, lo que es lo mismo, aplicado a las actuales circunstancias, la utilización o no del escáner corporal.
El veinteañero suicida que quería abrir un boquete en el avión y hacerlo estallar antes de aterrizar, hijo de un notable banquero nigeriano, demostró, habiendo superado los detectores de metales en el aeropuerto con el fatídico polvo blanco adherido a su cuerpo en las zonas pudendas, la espantosa endeblez de los controles de seguridad en la aviación comercial; de ahí que en EE.UU y Reino Unido (almas gemelas) se abra paso, sin contemplaciones, la implantación de aparatos de rayos x que desnudan por completo al pasajero y ponen al descubierto lo que lleva bajo la ropa y la piel, sea un implante de silicona, un diente postizo o un arma de destrucción masiva, como portaba este muyahidin de clase alta dispuesto a inmolarse y aquel otro pasajero de un vuelo París-Miami que en 2001 pretendió también sin éxito hacer saltar el avión por los aires con el mismo explosivo camuflado en los zapatos.
Despelotar al viajero/a, violando flagrantemente su intimidad, lleva camino de imponerse con Obama, que no es Bush, pero no pestañea al igual que éste a la hora de anteponer la seguridad a los pudores de la intimidad personal de los ciudadanos.
Casi una década después del debut internacional de Bin Laden, el mundo vuelve a estremecerse al recobrar la conciencia del peligro de vivir en un mundo no apto para tal fin. Las amenazas de Al Qaeda, ahora mismo, se multiplican por dos: se extienden por tierra, como demuestra el secuestro de los tres cooperantes españoles, dos italianos y un francés en Mauritania, y por aire, como prueban éste y aquellos vuelos de la muerte de 2001. Los expertos vaticinan que, tarde o temprano, las garras del monstruo se ensañarán sin piedad con embarcaciones pobladas de pasajeros: cruceros, trasatlánticos y naves militares.que surcan los mares más conflictivos.
El resurgimiento de Al Qaeda coincide con la intensificación de las acciones y efectivos militares de Occidente encabezadas por EE.UU. en Afganistán y un despliegue considerable de los terroristas en el denominado Magreb. Esto hace que algunos medios de comunicación locales y nacionales, como Canarias 7 y El País, hayan puesto el acento últimamente en la presencia de Al Qaeda en el Sáhara, muy cerca de Canarias. No es nuevo el desplazamiento del fundamentalismo islamista de Irak y Afganistán hacia esa región de África, y ya EE.UU. ha instalado su cuartel general en la zona, el Africom, que opera desde Marruecos con la mirada puesta en los crecientes movimientos del salafismo armado. Tras las primeras incursiones virulentas del yihadismo más temerario en Marruecos, Argelia y Túnez, esta corriente del terrorismo heredero de los primeros años de la década encuentra su ámbito natural de expansión atravesando el inmenso desierto del Sahel, que abarca desde Sudán al Atlántico medio, donde se alinea una cadena de países de dudosa estabilidad o semifallidos como Mauritania (estrecho socio de Canarias, con vuelo directo y conexión marítima), Malí, Níger y Chad. El puente de esta franja con Yemen (lugar en que se focaliza ahora mismo un plan de respuesta intensa al atentado frustrado del avión de Detroit) culmina todo un corredor de la muerte.
Canarias está a tiro de piedra del flamante polvorín de Al Qaeda en el Magreb Islámico, un franquiciado de la yihad fundada por el decimoséptimo hijo de uno de los constructores más ricos de Arabia Saudí. Bin Laden acredita (como el célebre terrorista Carlos, que logró evadirse durante veinte años saltando entre países de África y Europa hasta su detención en 1994, “vendido” por Sudán a Francia, mientras dormía plácidamente en Jartún) capacidad de fuga. Pero un día caerá en la red. Y hasta entonces (como Carlos, ‘el Chacal’) ni en Canarias (aunque entre nosotros apenas hablemos de este riesgo de proximidad) ni en ningún rincón del mundo podemos permitirnos el lujo de dormir tranquilos.
lunes, 04 de enero de 2010 - 9:22
Como de sopetón, esto ya es 2010, y el cuentakilómetros devora los días con auténtica avidez. Qué traerá de nuevo y de bueno (oh, o de malo) este año desconocido es un misterio que tardaremos, al menos, 365 días en desvelar. De antemano, irrumpe con todas las alharacas tras el año negro que le precede. Pero conviene, todavía en el umbral, no hacerse demasiadas ilusiones. Lo primero que habría que preguntarse es de qué depende el que 2010 sea, en efecto, un año 10. Supongo que cada uno tendrá requisitos que sugerir. Éstos son sólo algunos (y no todos). Que doblegue la crisis. Que insufle empleo. Que provea de grandes hallazgos científicos. Que se imponga la sensatez en la lucha contra el cambio climático. Que el terrorismo islámico (y todos los terrorismos de Oriente a Occidente, de Sur a Norte), cuya punta de iceberg ha sido ese frustrado atentado del vuelo a Detroit el día de Navidad, no retorne, ni por asomo, al funesto cénit del 11 de septiembre de 2001. Que Obama lo haga bien por el bien de todos. Que vean la luz un par de libros que no cambien el mundo pero nos rediman como lectores. Que no haya ninguna gran catástrofe natural capaz de morder un pedazo de humanidad en mala hora. Que el hambre y algunas graves enfermedades merezcan grandes soluciones. Que los derechos humanos sean preservados tras una década de horror. Que las guerras no merezcan la pena. Y la paz, la Paz, salte sobre todas ellas y se imponga como una colosal paloma. Ah, por amor de Dios, que 2010 no nos defraude.