Es el Día Internacional de los Derechos Humanos. Paradoja en Lanzarote, dice Aminatu Haidar: ella está allí en contra de su voluntad, retenida en un aeropuerto que es un lugar de paso (otra paradoja). El Rey (desvela Cayo Lara, de IU) quiere intervenir ante Mohamed VI, pero Zapatero no lo deja (nueva p.). Obama recibe en Oslo el premio Nobel de la Paz; en su discurso habla de la guerra (p.): “A veces la guerra está justificada”. Obama no necesitaba quemar su nombre ni su prestigio en esa hoguera de las vanidades del galardón más preciado. Le han hecho un flaco favor. El Nobel del marketing empiezan a llamarlo. El Nobel de la Paradoja: aun no lo había recogido en sus manos y ya había anunciado nuevos esfuerzos (efectivos, vidas y presupuestos) para redoblar la guerra de Afganistán. Obama no habla de Aminatu el día de la paz en que habla de la guerra y el día de los derechos humanos en que ignora los abusos de su aliado favorito en África occidental. Marruecos no es un buen ejemplo de nada: ni de democracia, ni de convivencia, ni de ética, ni de respeto a la legalidad internacional. No se puede lanzar discursos contra la libertad que recuerdan épocas feudales, reminiscencias de la esclavitud, odio y tiranía. El 6 de noviembre, Mohamed VI desenterró el hacha de guerra: en la arenga conmemorativa de la Marcha Verde dividió a los saharauis en “patriotas o traidores” y les prometió a estos últimos el infierno. En Marruecos, la palabra del rey es ley. Aun no habían reformado el Código Penal para castigar a los traidores (los saharauis que renieguen de la nacionalidad marroquí) y se les presentó Aminatu en el aeropuerto de El Aaiun procedente de Las Palmas rellenando el casillero del control policial con su verdadero y único origen: saharaui. Ahí comenzó su calvario hasta hoy, 25 días en huelga de hambre después. Alguien tiene que detener a Marruecos o África será un continente fallido. Si los pocos estados que presumen de demócratas violan flagrantemente los derechos humanos mínimos imprescindibles para vivir en paz, África no tendría solución. Marruecos no es un espejo para África con este estilo de monarquía represora. España, Francia, Europa y Estados Unidos tienen que hacer algo. No pueden cruzarse brazos. Si hoy, Día Internacional de los Derechos Humanos, éstos no han sido abolidos por consenso universal, la huelga de hambre de Aminatu Haidar es la prueba de fuego de que el mundo no consiente, a estas alturas, que una cabezonería tribal de un rey soberbio tire por tierra todos los progresos de las políticas occidentales de cooperación y ayuda al Tercer Mundo. No sólo el fundamentalismo islámico atenta contra la razón y el derecho de las personas a convivir en paz. También los fanatismos de un rey fuera de sí alarman y obligan a actuar. O el muro de 2.600 kilómetros que divide a los saharauis es peor que el muro de Berlín. Se habrán cerrado no sólo las puertas a la paz y a la vida de ese pequeño territorio de al lado. ¿Dónde está la voz del Papa? ¿Dónde la ONU? ¿A quién, con la conciencia limpia, podemos confiar nuestro destino si una mujer sola en una isla es capaz de movilizar adhesiones de la gente de espíritu libre, sin que ningún dirigente se compadezca? Delante de un televisor, aguardan sin conciencia a que ella caiga inconciente para alimentarla a la fuerza. Y en la tierra “paz” y en el cielo gloria. Es Navidad.