viernes, 04 de diciembre de 2009

El ‘caso Aitana’ está siendo un lamentable cajón de sastre (desastre), en el que cada cual ha arrojado primero sus miserias y después se ha limpiado la conciencia con la misma naturalidad, unos por verdadera contrición y otros por pura demagogia, que es la virgen de los sicarios de este oficio. Pocos lamentan la pérdida de la niña (si resulta cierto el error médico), que es la víctima humana, con el mismo énfasis con que se han lanzado a cobrar la pieza del periodista que cometió el pecado de hablar con Diego, que es la víctima social.

Éste es un episodio que pasará a la historia por la honesta catarsis de un periodismo que se duele de uno de sus pecados más extendidos (promover juicios paralelos) y por sacar a flote una vez más el rejo que define a una profesión en ocasiones malvada, capaz de morder la carne de su semejante.

Un caso sintomático para muchas otras profesiones, que asisten a la misma terapia grupal temiendo la próxima recaída. El protocolo de actuación contra posibles abusos a menores implica a la Sanidad, la Seguridad, la Justicia, los Medios. A mi juicio, el método ha fallado, aunque la ministra Trinidad Jiménez lo niegue; ha puesto al descubierto una vía de agua que amenaza llevar a pique años de mentalización de todos los colectivos en aras de no dar un milímetro de ventaja al maltratador, a la más mínima sospecha. Diego era una sospecha. Hoy es una Víctima. No un daño colateral de toda una ofensiva cuyos cañones apuntan en una dirección con la mejor voluntad de erradicar una lacra que nos espanta y arruina moralmente: la violencia de género y la violencia contra niños. Pero el sistema erró gravemente al topar con la excepción. Y la excepción exige, contra todo riesgo de soberbia oficialista, revisar cada uno de los pasos del procedimiento para asegurar la presunción de inocencia. Esa es la lección positiva de este escándalo.

Matar al mensajero

Al margen de las enseñanzas de los errores, se está librando en el periodismo canario una batalla interesada por sacudirse las culpas matando al mensajero.

Primero, se criminaliza al joven padrastro de la niña; después, automáticamente, se procede a abrir un proceso similar contra la clase médica, y, por último, desembocaron las aguas sucias de la profesión periodística en un alarde de hipocresía: matar al mensajero por entrevistar al único protagonista de interés social, con el que nadie había conseguido cruzar dos palabras, el eje de toda la historia, la única persona con la que todos querían (queríamos) hablar: el joven Diego, el joven que fue detenido indebidamente, el joven que fue acusado de graves delitos falsos, el joven que no había abierto la boca y el único que tenía algo que decir.

El medio que consiguió contactar y dialogar con él cumplió un deber deontológico de esta profesión, dar la palabra al ‘maltratado’ en todos los medios, y un derecho cívico, permitir a los ciudadanos malinformados por fuentes indirectas conocer de primera mano la opinión del protagonista central de una historia impensable aireada dentro y fuera de España, el primer caso que pone patas arriba toda una cultura informativa sobre violencia de género y pedofilia, un caso que supone un antes y un después en el mundo de la información de la lucha por la igualdad y la defensa de la presunción de inocencia. El debate que todavía está por empezar sin medias tintas, y que otros juegos gremialistas de pirotecnia efímera aplazan de momento.

Hética y febril, la profesión periodística ha quedado tocada, pero hace tiempo que esa enfermedad la devoraba por dentro. No es ahora cuando, de pronto, la ‘integridad’ del oficio está en peligro. Venía arrastrando sus males crónicos de lejos.

Víctor Hugo y ‘la entrevista’

A mi juicio, el periodista que rompió el cascarón de la entrevista por todos deseada nos reconcilia con la verdad de este trabajo en un tiempo de crisis del oficio. Víctor Hugo Pérez, un profesor de Física y periodista que forma parte de la plantilla fundadora de Canarias Radio La Autonómica, no me es un desconocido, y puedo asegurar que no estamos ante un arribista del sensacionalismo que atraviesa, por cierto, todos los patios interiores de esta profesión. Algunos ahora lo señalen con el dedo por tres motivos: por envidia, por envidia y por envidia.

Llevó casi 40 años de una modestia que me ha salido cara. No deseo para Víctor Hugo ni para su medio, aún jóvenes ambos, los maltragos que colecciono de un periodismo cainita que se excede frente a toda muestra de humildad con que se topa a su paso. De ahí que les invito a sacar pecho. Una primicia es una primicia. Una exclusiva es una exclusiva. Hacer, no ya una entrevista, sino ‘la entrevista’, es tocar un techo en un oficio de escaladas. Hacerlo con honestidad y rapidez de reflejos es el mayor éxito profesional al que pueden aspirar un periodista, sus compañeros (a Diego, al parecer, lo localizó toda una redacción trabajando en equipo) y, en definitiva, su medio. Y cuando todo eso ocurre, normalmente, hay algunos que te darán patadas en la espinilla. Porque ésta no ha sido ni será nunca una profesión solidaria. Solitaria, sí.

Aprender esa lección cuanto antes curará de futuras decepciones. Juan Carlos Mateu, director de Canarias Radio La Autonómica, me consta que lleva ya cierto recorrido. Ni es un recién llegado ni le asombrarán algunas cosas. Como ésta. Pero estoy seguro de que no lo estará pasando bien. Tampoco su director general, Willy García, al que todos felicitan en España por el éxito de la RTVC y aquí o le regatean elogios o le echan pócimas de envidia, que es el deporte nacional como corresponde a todo el que triunfa, según nos instruyera en su día don Fernando Díaz-Plaja. No entenderán todavía, ni uno ni otro, cómo es posible recibir enhorabuenas por el documento radiofónico de la primera entrevista a Diego y verla reproducida en la práctica totalidad de los medios de comunicación de este país (el eco internacional se le supone en un caso que traspasó nuestras fronteras), en lo que seguramente es el mayor logro informativo de su emisora hasta ahora, y, a renglón seguido, sentir los picotazos de ciertas voces periodísticas (y políticas también) que huelen a rancio, a oportunismo y a (¡ah!) hipocresía. Antes a todo se le decía: gajes del oficio. Pero son miserias. Son miserias del oficio.

El interés social

Éticamente, la entrevista es intachable, porque el periodista se presenta como tal, nombra su medio y cede la palabra libremente al protagonista de mayor interés social del momento. Iñaki Gabilondo me confesó en una ocasión las dudas que le asaltaron cuando tuvo en sus manos aquella célebre grabación pirata del diálogo de Txiki Benegas y Germán Álvarez Blanco, a través de una motorola, hace 18 años, que finalmente reprodujo la SER por el interés social (la relevancia informativa) del testimonio.

No estamos siquiera ante un caso similar: la entrevista a Diego es consentida y sin tapujos, realizada una vez de alta tras su paso por el hospital. Un trabajo limpio. La circunstancia del tono de voz sedada, que no resta ni coherencia ni inteligibilidad, es la misma de tantas otras entrevistas que hemos visto y oído sin que nadie las cuestione alarmado, y de tantas imágenes emotivas en escenarios donde el dolor lo ciega todo: las primeras palabras del superviviente de una catástrofe, aún en estado de shock y con heridas visibles; los familiares de víctimas del terrorismo, desgarrados y en caliente delante de las cámaras; la madre del soldado canario muerto en Afganistán, bajo los efectos de calmantes; el profesor Neira incapaz de articular palabra con fluidez entrevistado tras salir del estado de coma; Maradona, intoxicado de alucinógenos, con la vista perdida y la voz de un extraño, insultando a terceros, y tantos ejemplos que se pueden citar. En todos ellos, primaba el interés social del personaje y de sus primeras declaraciones. Periodismo por definición.

Lo que está en juego es el ser o no ser del periodismo como un oficio que se rige por el principio sagrado de la actualidad y la inmediatez. Periodismo radiofónico no se hace a toro pasado, se hace delante de las astas del toro. A todo riesgo. Un buen profesional hace buenas faenas; otros se dedican a hacerle “faenas” al prójimo.

Fotoperiodismo

Llegar primero recibe un nombre en inglés: ‘scoop’, primicia. Pero el ‘scup’ se vuelve escupitajo por las reglas demoníacas de esta profesión, que no perdona el éxito ajeno, la primicia de la competencia, y niega con desdén o con hipocresía. Nos felicitamos de los hitos del fotoperiodismo (uno de los géneros que más ha evolucionado y revolucionado en el periodismo mundial), pero nadie repara, con idéntica mala fe, en qué medida se vulneran derechos de imagen y al honor de miles de inmigrantes africanos expuestos sin defensa a la lluvia de flashes cuando arriban muertos de hambre a nuestras costas, con los ojos inyectados en sangre, que vienen de ver el diablo en alta mar. Nadie les pide permiso para retratar su humillación, su deterioro, su agonía. Nadie.

Y premiamos a nuestros fotógrafos con los máximos galardones por un merecido trabajo de ‘interés social’. Que lo es.

Confundir la amable y generosa entrevista de Víctor Hugo a Diego (ni una sola pregunta insidiosa, ni ninguno de los tantos infundios arrojados sobre el joven a sus espaldas durante toda la semana) con el espécimen de periodista sin escrúpulos que se cuela en un hospital y accede bajo bata de enfermero a la cama donde está su ‘objetivo’ para sorprenderlo a traición sacando el micrófono oculto y grabarle malvadamente, no sin antes de huir hacerle un par de fotos que vender a buen precio, es una maldad que repugna. Como me rompería los esquemas (confío en que no sea así) ver a partir de ahora el ‘caso Aitana’ expuesto, como uno más, de carnaza, al festín del mercado de los programas amarillos de las teles nacionales con bula mediática para despedazar en público los derechos de mayores y menores sin límite de tiempo. Ni de precio. En España, que se sepa, ninguna instancia periodística somete a juicio moral la ética de esos espacios, que, semana tras semana, son motivo de asco para esta profesión.

Y por último. No he visto estos días a nadie rasgarse las vestiduras por que todos (todos) sometan a interrogatorios periodísticos ‘solidarios’ en el aeropuerto de Lanzarote a la activista saharaui Aminatu Haidar, cuyo estado de salud y facultades son manifiestamente débiles, no ya porque pueda estar siendo medicada, sino porque está a punto de cumplir ¡20 días! de huelga de hambre. Entre la vida y la muerte.

Comentarios
viernes, 04 de diciembre de 2009 - 18:10
Me parece acertadísimo señor Rivero, le felicito. Como siempre ha dado en la diana y ha puesto a cada uno en su sitio. La Radio Autonómica ha dado una lección de periodismo. Felicidades.
viernes, 04 de diciembre de 2009 - 19:56
Totalmente de acuerdo; no se pueden decir más verdades. Y dónde está la Asociación de la Prensa para defender a un medio cuyo delito ha sido dar una exclusiva que han reconocido todos los medios nacionales con su apublicación? Ay señor...
viernes, 04 de diciembre de 2009 - 20:26
Una vez más usted lo borda señor Rivero.

HIT
viernes, 04 de diciembre de 2009 - 21:29
Sr. Rivero;

La lucha por una prensa libre, ausente de intervencionismos, deontológicamente fiel, al servicio de las causas sociales nobles y justas, por tanto de todos los ciudadanos.

Que corregir a tiempo es de profesionales, y de hombres errar; otros, ni lo uno ni lo otro podrán decir.

Muchas Gracias por su aclaración.
sábado, 05 de diciembre de 2009 - 9:30
Ya era hora de que alguien pusiese un poco de cordura en todo lo que se ha montado en torno a este asunto. Al final resulta que todo es pura envidia e intentos de obtener rédito político de lo que sea, a sabiendas incluso de que se está faltando a la verdad.
Desde las críticas de los medios contrarios a la emisora, cuyo nombre sólo pronunciaron bien a la hora de dar caña, pero no cuando tocaban alabanzas, hasta los políticos de medio pelo que buscaron su minuto de gloria hablando (esto no debería de extrañarnos) de lo que no saben. Y pasando por el comunicado de Coalición Canaria, que demuestra que el que lo escribió ni siquiera había escuchado la entrevista ni leído su transcripción.
A ver qué dicen ahora después de la aparición del hermano de Diego ayer en un programa rosa, y de todo lo que viene ahora...
sábado, 05 de diciembre de 2009 - 10:49
¡Cómo está el patio de los periodistas! Seamos claros; ¿Quiénes quieren dar lecciones de ética deontológica? Si no hay mas que verlos (por sus acciones los conoceréis).Por favor... Felicidades a la Radio Canaria
sábado, 05 de diciembre de 2009 - 19:24
Primero lincharon al pibe y ahora a la Radio Canaria; y de la pobre niña pocos se acuerdan, Dios Mío, háganme el favor: Por cierto a Isaac Valencia lo linchamos por hablar de moros y a Angel Luis Castilla, alcalde de San Sebastián, que hace un comentario racista contra una periodista, todos calladitos...¿Va a reaccionar la Asociación de la Prensa? ¿Qué dice el PSC? ¿Sacará ahora otro comunicado Coalición Canaria? Menos hipocresía. Seamos serios. Y felicidades señor Rivero. Chapeau!
sábado, 05 de diciembre de 2009 - 19:33
Una pregunta ingenua: ¿Alguien me puede explicar el sentido de la nota de Coalición Canaria sobre este asunto? Sigan así...
sábado, 05 de diciembre de 2009 - 19:45
Carmelo, te escuché el otro día proponer a Aminatu Haydar para el Premio Nobel de la Paz. Estoy de acuerdo; yo propongo a Víctor Hugo para el Premio Ondas.
sábado, 05 de diciembre de 2009 - 21:42
Desde el punto de vista periodístico el artículo puede ser un tema interesante para una clase en una de nuestras Facultades, pero el autor se olvida, al igual que el periodista que hizo la entrevista a Diego, que una persona inocente ha sufrido mucho y tiene todo el derecho a que se la deje en paz.
Es una pena que en el mundo del periodismo muchas veces no te tenga en cuenta a las personas. Lo importante es la noticia.
HIT
martes, 08 de diciembre de 2009 - 13:41
Sra. Hernández

Puede que a la víctima le apeteciese contar lo sucedido, y en sus tristes circunstancias lo necesitase, a lo que se aprestó el periodista fue a dar su servicio.

En ese caso, me ha parecido acertadísima la intervención.
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