martes, 01 de diciembre de 2009

El PSOE canario es un partido de larga militancia con la historia. Negrín, Saavedra, Carballo Cotanda, Rodríguez Doreste, Antonio Pérez Voituriez, Alberto de Armas, Arozena, Eligio Hernández, varias generaciones más, y estas aguas y estos naufragios. López Aguilar, como el guanche trasterrado en Venecia de finales del XV, es un personaje que pasea su nostalgia por Europa; con el cansancio vencido, acude a un éxodo sin retorno. Aguilar fue el revulsivo que el PSOE de las islas reclamaba en su justo momento, año 2007, cuando las encuestas daban bien y él las mejoró. Para la ganancia de votos reveló tener toda la cintura, para la negociación de un pacto de gobierno, ninguna.

Aquel hastío que exhibió en la gestión del éxito resulta, a toro pasado, premonitoria, pues, en sucesivas elecciones, se catapultó del Parlamento canario al Congreso y de éste al Parlamento Europeo. Un viaje a todo lo lejos. Vocación de política canaria, a fuer de sinceros, escasa; de política nacional, la justa (salvo suceder a Zapatero, si el desgaste del presidente fuera tal, aseguran socialistas con reservas hacia el exministro), e internacional, toda (también le patrocinaban para secretario general de la ONU, sin chanza, sus más dilectos admiradores en tiempos de máximo estrellato).

O le importaba poco traducir los votos en gobierno o su virtud y afán era tocar la cima, como el alpinista solitario insaciable, cuya sed le empuja a intentar nuevas escaladas de ochomil. Ahora, Europa se le ofrece, y el futuro es más extenso y pródigo en el estadio del continente donde caben 500 millones de personas que jugar con trotones sobre un césped dividido entre Tenerife y Gran Canaria, con mar de por medio y toda la influencia en otro sitio, Madrid. A cultura de pactos, indica Alemán, ninguna comunidad española da lecciones a Canarias. La ingeniería política que precede la formación de gobiernos en las islas da para impartir unos cuantos masters a muchos dirigentes nacionales imberbes apenas habituados a los mandobles verbales de la Carrera de San Jerónimo: poca escuela para el viento afilado que corre ahora mismo en el Parlamento canario bajo la batuta ‘atenta’ (demasiado atenta) de Antonio Castro.

Lo lejos de Canarias es su seny y su hándicap, lo bueno y lo malo, lo diferente y lo adverso: lo habitable e inevitable de Canarias. Así habla Juan Carlos Alemán, diez años líder de socialistas tinerfeños y otros tantos de socialistas canarios (¡20 años de capitán de un barco de motines a bordo!). La canariedad es la distancia, la africanía y lo europeante, lo cercano y lo lejano. Y (sigue hablando el líder histórico desde las canas de toda la vida) es también la fragmentación. Alemán no se ha vuelto de ATI ni CC, es su versión más ajena a los hilos de la intriga que manejó durante dos décadas de manera sibilina e incombustible. (Soy testigo de sus puzles de estratega militar en las batallas que libraba dentro y fuera de un partido que vive, ha vivido y vivirá en guerra permanente contra fantasmas, sombras y todos los faustos del infierno.)

El discurso de la canariedad es una apostasía en un dirigente socialista isleño. Así ha sido hasta hoy, salvo el período prehistórico en que Augusto Brito (¿también lo habían olvidado?) impulsaba una especie de familia nacionalista en el partido federal en que militaba. Ese ha sido más bien el lenguaje que forjó CC en paralelo a la metamorfosis de las Agrupaciones Independientes de Canarias (AIC) en lo que hoy es este pnv isleño o, más propiamente, PNC, que es su nombre inevitable, tarde o temprano. Alemán no pretende (me dice) robarle el guión a Paulino Rivero y CC, sino (mirando hacia dentro de su partido) concederse una segunda oportunidad, si le acompañan otros en sus filas, para asumir la identidad del archipiélago como eje central de la nueva ideología de un partido socialista a dos mil kilómetros de Madrid. ¿El síndrome Montilla? Tampoco parece que vayan sus tiros por ahí: que Montilla se eche al monte y salve su estatut de las ‘garras’ del Constitucional con la inquebrantable unidad catalana frente al PP, es harina de otro costal. Pero la imagen de los socialistas catalanes, vascos, andaluces o castellano-manchegos más patriotas del terruño que nadie, da envidia a un sector del PSOE canario, que admite que en su partido hablar de identidad, canariedad o banderas irrita como si de un virus se tratara.

Si el PSOE formaliza sus siglas y abraza las de PSC con todas las consecuencias dialécticas, Aguilar tendrá una razón de peso para soltar amarras con un partido que ya no sería el suyo. En ‘Claves de razón práctica’ ya explicitó en su día una total renuencia a picar ese anzuelo en política autonómica. Oír hablar de canariedad a Aguilar sería, en su caso, un regalo al morbo del oyente.

¿Qué va a pasar en el PSC?, le pregunto a Alemán, tras leer las dos entregas de su revelador artículo publicado en ‘La Opinión’ sobre la conferencia socialista de Tenerife, celebrada este fin de semana en el Magma del sur de la isla. No hay respuesta clara. Hay un pacto de silencio, que ha vuelto a romper con indisciplina calculada Jerónimo Saavedra (habló de “cuestión de días”), sobre el porvenir (transmitido minuto a minuto como el culebrón de una ‘casa’ de paredes transparentes) del secretario general. Confirmada la continuidad de Joaquín Almunia (ascendido a vicepresidente) en la Comisión Europea, se deshace la teoría de quienes veían a Aguilar de comisario soltando, a cambio, el ‘lastre canario’. Los mejor informados, apuntan a otras responsabilidades menos ambiciosas para el brillante orador, y dan por segura su desvinculación del aparato canario del partido. Ha sido una etapa más breve de lo previsto. Pero intensa, tensa, densísima en acontecimientos que podrían ser historiados ya mismo.

El 12 es la primera fecha de un calendario de sorpresas que nadie precisa. Se reunirá el partido y no se asegura ninguna novedad. Suenan nombres. José Miguel Pérez para secretario general. Carolina Darias, para candidata. Pero el PSOE es un partido conspiranoico por definición, y ya se cruzan llamadas unos y otros para si es de Las Palmas el secretario general, que sea Manuel Marcos (La Palma) el candidato. Y alrededor proliferan los nombres que todo el mundo baraja desde el principio: Arcadio Díaz Tejera, Santiago Pérez, Casimiro Curbelo dicen otros, en Tenerife un ala del partido promueve al alcalde de Candelaria Gumersindo García para lo que toque en el reparto del poder, o José Segura, las familias, a derecha e izquierda, se están moviendo (“movimientos de tierra”, diría Saavedra). Pero lo hacen con mayor rapidez sobre el tablero de ajedrez de piezas y cargos porque la partida está a punto de comenzar, que sobre ideas, ideales, ideario e ideología.

Alguien tendrá que exhumar los restos de los textos de Carballo Cotanda, Voituriez o Rodríguez Doreste (qué tres muertos ilustres bajo tierra demasiado tiempo), y el espíritu de aquel médico amigo de todos que Felipe González nombró embajador en Venezuela. Alberto. De Armas. Que también descansa en paz.

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