El Alakrana. Aminatur. Y ahora Al Qaeda en el Magreb, si las sospechas de Rubalcaba se confirman. Tres incidentes sin relación alguna entre sí que han puesto en evidencia a España y mantienen al Gobierno entre las cuerdas, en vísperas de asumir la presidencia de la UE dejando al descubierto algunas dudas sobre su capacidad de reacción ante crisis de carácter internacional.
Lo del Alakrana en aguas frente a Somalia concluyó, mal que bien, con las vidas de los tripulantes a salvo y una estela de improvisaciones, descoordinación y timos que si algún día salen a la luz harán resucitar a Luis Carandell, el ilustre periodista del Celtiberia Show que coleccionaba las chapuzas ibéricas como un taxonomista minucioso de los deslices, gazapos y meteduras de pata de la patria patrimonio nacional.
Lo de Aminatur Haidar se complica por momentos. Rebasadas dos semanas de huelga de hambre (esta mujer soportó 50 días en ayuno en otra protesta en 2005 en la Cárcel Negra de El Aaiún), en Lanzarote, el ministro Moratinos (apellido absolutamente casual) continúa haciendo equilibrismos para no molestar a Marruecos y tratar de llevarse al huerto a la activista saharaui: le ha ido ofreciendo por fases la carta de refugiada, la tramitación de un nuevo pasaporte marroquí y, finalmente, la nacionalidad española. Rodeada de amigos y simpatizantes, cada vez más frágil de salud a sus 42 años vapuleados en prisiones de exterminio y con una úlcera amenazante como una bomba intestina, suma adhesiones en cascada entre artistas comúnmente asociados a la órbita de Zapatero que apoyaron su candidatura enarcando la famosa ceja (desde Javier Bardem, que la considera “prisionera de España” a Pedro Almodóvar). “Yo soy siempre independiente”, respondía ayer en un comunicado la galardonada defensora saharaui de los derechos humanos que fue expulsada por las autoridades marroquíes de El Aaiún el 14 de noviembre, tras recibir un premio en Nueva York, y derivada, contra su voluntad, al aeropuerto de Guacimeta (Lanzarote), donde se debilita día a día reclamando volver a casa con sus hijos sin agachar la cabeza. “Independiente de presiones”, aclara Haidar, ante la insinuación del ministro de la influencia hostil de su entorno para que resista. Y “bajo presión de España y Marruecos”, precisa aún más la ‘Pasionaria saharaui’.
Moratinos añade a su curriculum de hábil diplomático para Oriente Medio una nefasta incapacidad de maniobra para resolver este contencioso por la vía expeditiva (permitirle viajar en un avión de regreso a El Aaiún para que Marruecos allí se las entienda), por la dichosa política de ‘atados de pies y manos’ con que España suele recular ante Rabat cada vez que sus ciudadanos (y el sentido común) le piden una cosa y Marruecos la contraria. Este es un perfecto callejón sin salida que retrata la alicorta estatura política de un estado soberano, capaz de dar el espectáculo de más de dos semanas de hazmerreír del mundo entero: desde Hillary Clinton a Ban Ki-moon, desde la fundación Robert F. Kennedy hasta múltiples dirigentes de los derechos humanos han coreado su apoyo a la insobornable mártir de una causa que acumula 34 años de ignominia y oídos sordos de los líderes mundiales (españoles, en particular, de todos los partidos) ante la violación sistemática por parte de Rabat de la legalidad internacional desde el día y hora en que en 1975 invadió por la fuerza el territorio de la Sáhara Occidental, estimulada por el abandono incalificable de España, una potencia colonial postrada para entonces en la cama como el propio dictador.
Ahora a verlas venir. El desenlace ni es fácil a estas alturas ni leves sus consecuencias si no se detiene a tiempo la inmolación de la ‘Gandhi saharaui’, camino del Nobel de la Paz.
Y, por último, el secuestro. Otro secuestro. Esta vez no es en alta mar, sino en el ancho desierto de aquí al lado. Si los tres cooperantes catalanes desaparecidos están en manos de la sucursal argelina del Magreb, tal como se aventura a afirmar el ministro Rubalcaba, conviene saber que desde hace unos años, las huestes de Bin Laden (¿vivo o muerto?) se han ido desplazando desde Afganistán e Irak hacia Argelia, Marruecos, Mauritania, Malí. Y han ido estableciendo nuevas bases, se han ido agrupando bajo un mismo paraguas (‘Al Qaeda en el Magreb’), haciendo proselitismo, cometiendo aquí y allá ciertos atentados para mantenerse en activo, entrenando con armamento sofisticado a sus voluntarios suicidas y desplegándose por toda Europa, especialmente Francia y España. Ahora, en la Audiencia Nacional se juzga a media docena de militantes de esta red y se les acusa de robar para financiar las operaciones de la organización. España está en el punto de mira de esta Al Qaeda africana emergente desde hace unos pocos años, por el asunto de Al Andalus y la participación en los conflictos de Irak, Afganistán y Líbano.
Este secuestro de los cooperantes (esperemos a que se esclarezca la identidad de los autores y sus pretensiones) recuerda que las Islas Canarias están a un tiro de piedra de uno de los más peligrosos focos de violencia integrista altamente cualificada, capaz de actuar en cualquier dirección y ocasionar daños devastadores, si no se dispone de servicios de inteligencia del máximo nivel de eficacia preventiva (como en tantas ocasiones en Europa se ha logrado por suerte abortar graves atentados, gracias a una labor de espionaje afinada tras la experiencia de los ataques del 11-S en Nueva York pronto hará una década y posteriores mayo de 2003 en Casablanca, 11-M en Madrid y 7-J en Londres). ¿Gozamos los canarios de esa garantía para poder dormir tranquilos?
En febrero de 2007, un individuo secuestró a punta de pistola un avión de Mauritania a Gando. En el aterrizaje, el comandante provocó un brusco frenazo, al percatarse de que el sujeto no llevaba puesto el cinturón de seguridad, con lo que fue fácilmente reducido por los pasajeros, al tiempo que una azafata avispada roció enseguida su entrepierna con agua hirviendo. Pero resultó que no era en realidad un terrorista, sino un ‘pirado’ solitario que pretendía de ese modo conseguir asilo político en París. No ha vuelto a pasar ningún susto más, que yo sepa. Pero los canarios seguimos durmiendo y levantándonos para ir a trabajar a dos pasos del Sahel.