DICIEMBRE 2009 ENTRIES
viernes, 18 de diciembre de 2009 - 17:01

Aminatu regresó un mes después a casa y ahora vivirá con esos 32 días de huelga de hambre en su palmarés de pacifista como un trofeo que le ganó a la muerte. Los derechos humanos, como el aire que se respira o el silencio, son impalpables, pero están presentes en el haber de todo lo humano: vivir sin derechos humanos, como vivir sin aire o sin un instante de silencio debería ser imposible. Comprender que es así, aun a estas alturas, exige recordarlo. Y es lo que ha hecho esta mujer que vino por el aire y guardó silencio casi todo el tiempo que permaneció en Lanzarote sin abrir la boca para comer.

“Volveré a El Aaiún viva o muerta, pero volveré”. Sólo esa determinación la ha llevado al hogar junto a los hijos. Con toda seguridad, el rey alauí se retractó a cambio de importantes concesiones; algunas están explícitas en los comunicados oficiales de España y Francia, este jueves 17 de diciembre del regreso de Aminatu a El Aaiún, que reconocen la “ley marroquí” sobre el Sáhara Occidental mientras el conflicto no se resuelva. No es poco relevante ese ‘favor’ de Zapatero y Sarkozy, porque en términos pragmáticos, equivale a reconocer la soberanía transitoria del territorio ocupado al invasor.

Francia ha ido esta vez más lejos que España, al consagrar de paso por escrito la propuesta marroquí de una “gran autonomía” del Sáhara frente a la defensa saharaui del derecho a la autodeterminación (tampoco es un respaldo sorprendente, habida cuenta de que a todos nos constaba que Rabat daba por seguro el visto bueno del padrino francés en su oferta a la ONU). España no llegado a ese extremo, pese a que es vox pópuli su simpatía hacia un desenlace autonómico de su antigua colonia. Pero no paso por alto que en todo este largo mes de ‘cerrazón’ de Rabat a entrar en razones, ha habido pronunciamientos españoles cualificados a favor del referéndum de autodeterminación del Sáhara: desde el ministro Miguel Ángel Moratinos al portavoz parlamentario del PSOE en las islas Santiago Pérez (el mismo jueves en el programa ‘El Envite’ de TVC). Diríase que en el seno del partido en el gobierno y del propio Gobierno se han hecho públicas opiniones que han debido incomodar al rey Mohamed VI. Por meras declaraciones y manifestaciones públicas prosaharauis, Marruecos tensó en el pasado las relaciones con España. Me pregunto si esta vez, ante el calado de las desavenencias (Moratinos admitió el mismo jueves definitivo en la Comisión de Exteriores del Congreso que su colega alaui Fassi Fihri desoyó la negativa española a recibir en Lanzarote a la activista expulsada) y la evidente tensión bilateral maquillada en público con buenas palabras de preocupación, el incidente Haidar dejará secuelas en las relaciones entre Madrid y Rabat.

España no ignora que Marruecos comenzó amenazando con bajar la guardia en el control de las pateras, el narcotráfico y hasta el terrorismo si persistía en las presiones para que la activista volviera a El Aaiún. Tampoco desconoce que ha tenido que recurrir a los buenos oficios de Francia y EE.UU. para vencer las resistencias de Marruecos (en una clara demostración de flaqueza pese a ser su vecino más allegado). Y no es descartable que haya habido alguna mediación con la máxima reserva del Rey de España, que tampoco bastó de haberse producido. Al menos, el grado de confianza y fiabilidad pacientemente reconstruido por parte de España con Marruecos, en estos últimos cinco años, sobre las ruinas de aquella crisis del islote Perejil, se ha visto mermado en estos 32 imborrables días de incertidumbre diplomática.

A Canarias, testigo no pasivo de este conflicto humanitario y político, le deja una huella el valiente ayuno de esta mujer cuya sonrisa serena ha pasado la mano sobre la capa de polvo que cubría el contencioso del Sáhara durante más de 34 años. La huella de su indomable dignidad.

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jueves, 17 de diciembre de 2009 - 9:36
El desparpajo de Pedrito no es la desfachatez de un jugador fanfarrón. Ésa nunca fue la vitola de los canarios, más dados a pecar por defecto que por exceso. Lo que sorprende de este delantero que no se arruga en el área no es que ‘no parezca canario’ en el viejo sentido peyorativo con que siempre se ironizó en la Península del aplatanamiento isleño, sino que haya hecho la proeza de meter goles en todas las competiciones en una misma temporada (hito sin precedentes por el que ha entrado en la historia del fútbol) justamente en las filas del mejor equipo del mundo. Su hazaña es múltiple, de ahí que el gol al Atlante mexicano en el Mundialito de Abu Dabi, por el que se le recordará siempre como autor de un récord para elegidos, no sea el mayor éxito que ha obtenido este tinerfeño precoz. Lo más importante de Pedro Rodríguez Ledesma es estar en su momento de gloria donde está, en el Barcelona de Messi, y tutearle el puesto al argentino, recién declarado mejor jugador actual. Esa responsabilidad recae sobre unas piernas que no han dejado de creérselo. El día que Pedrito no se lo creyera, se lo tragaría el fantasma de carne y hueso que, por suerte, se convirtió en otra pasta cuando Guardiola creyó en él. Jugadores mágicos, como dibujos animados, que no parecen de este mundo. El fútbol es talento y mucha fe. Valdano decía que cada jugador puede dar más de sí, porque cada uno lleva otro dentro que le habla al oído y le hace crecer. Son esa clase de jugadores que tienen sueños, “sueños de fútbol”, decía Benedetti en el célebre cuento ‘El césped’. El que llega a su casa exhausto y se echa en el sofá tras subir siete plantas por la escalera, el día que se averió el ascensor, se siente sin fuerzas. Pero si alguien grita “¡fuego!”, porque se declara un incendio, olvidará que estaba agotado y no parará hasta poner a toda la familia a salvo. Pedrito ya ha salvado al Barcelona de algún incendio. Y nunca está cansado.
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martes, 15 de diciembre de 2009 - 0:47

El fracaso de la cuarta conferencia de presidentes (abierto el espectro político en canal, con las vísceras fuera: comunidades del PSOE a un lado y al otro las del PP, como las dos caras opuestas de una moneda de imposible coincidencia) augura pocas esperanzas a un acercamiento de los dos colosos, a raíz de la nueva ley de economía sostenible y todas las leyes económicas que el Gobierno quera poner sobre la mesa. La estrategia (o el tactismo, al que aludió Zapatero en la rueda de prensa tras el fiasco autonómico) se impone en la prelación de los partidos al interés general. Fue el pecado del PSOE en la pasada legislatura (aquella etapa tierna de leyes a mayor gloria del lifting del gobierno, durante la bonanza económica ajena al terremoto financiero que se avecinaba, como si el ojo de un cámara aficionado filmara el atardecer placentero de cualquier ciudad de costa horas antes de que un tsunami devorara las casas, los coches y transeúntes y los borrara del mapa, quiero decir) y ahora el PP copia el prontuario y juega con él como alevín imitando a las estrellas que ve en televisión.

Acudieron los presidentes populares al salón de los pasos perdidos del Senado, fingiendo una cortesía alentada por Rajoy que levantaba sospechas, y simularon afanarse en intercambiar documentos y propuestas ilusionando a Zapatero con algo más que una foto de familia: la hipótesis más remota de un acuerdo formal de los jefes de gobierno de las tribus de España para crear empleo, frenar el déficit, en una palabra, remar todos juntos contra la crisis, aunque ésta tenga olas de 30 metros y no haya brazos que resistan las embestidas. Sin embargo, el bloqueo de los populares a toda ‘pax’ económica desmoronó a Zapatero, que los llamó ‘desleales’ herido en su amor propio como quien se había tragado el anzuelo. De manera que, en vísperas de una presidencia semestral europea ya de por sí un tanto descafeinada por los cargos recién electos de presidente permanente y ministra de Exteriores tras el Tratado de Lisboa, a ZP le aguardan meses, incluso años (de prolongar la legislatura hasta su límite, en marzo de 2012) de diálogo de besugos.

Mientras el resto de la eurozona sale de la recesión y España alarga la agonía por problemas estructurales de economía interna, carece el país de altura política entre los principales partidos, incapaces de sellar un mínimo acuerdo que levante el ánimo de cuatro millones de parados y de cuantos temen perderlo en 2010 (el año del que nadie habla). Un presidente periférico, como el canario, tuvo que terciar en el desencuentro de los dos grandes partidos, según las noticias del postpartido, y abogar por una prórroga que no impidió la huelga de brazos caídos de los participantes del PP.

Paulino Rivero tiene a su favor haber suscrito hace muchos meses un acuerdo de concertación social con sindicatos y patronal, que no ha sido posible en Madrid (bien es cierto que no contemplaba el escollo de recortes en las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social, competencia del Estado) y el hecho de presidir un gobierno en coalición con el PP, que no le impide alcanzar acuerdos con el Gobierno socialista de Zapatero, como prueban el sí canario en esta conferencia, junto a navarros y cántabros, y el precedente de diálogo entre gobierno que consagrara el 9 de octubre el ‘Plan Canarias’ en el Consejo de Ministros de Las Palmas. Pero el cabo que echó Canarias quedó flotando en las aguas sucias de la política española actual que no ve más allá del dicho de que ‘cada palo aguante su vela’. A Zapatero, ahora, no le queda otra, ante el boicot del PP (Esperanza Aguirre lo resume en el agravio de tildarle de ’campeón del paro’), que consensuar contrarreloj con sindicatos y CEOE una espinosa reforma laboral que contente a todos y, sin flexibilizar el despido, favorezca un modelo de contratación único más ventajoso que genere empleo.

Los alemanes han tenido una idea (la ‘kurzarbeit’ o reducción de tiempo de trabajo para frenar el paro masivo) y ya despierta simpatías en Europa: de hecho mediante esta fórmula, por la que los trabajadores aceptan recortar la jornada y cobrar las horas que pierden por debajo de su precio con cargo a las arcas públicas, cerca de medio millón de personas han salvado el empleo. El Estado ahorra y el paro no crece. La llamada crispación española ya se sabe que se parece más a la beligerante política italiana que a los buenos modales alemanes (capaces de aquel abrazo de elefantes entre los dos grandes partidos, que gobernaron juntos para sanear el país y nadie se rasgó las vestiduras), pero, si no se juramentan pronto los líderes y lanzan un mensaje a sus tropas de la necesidad de mantener la fiesta en paz porque el país se desangra, veremos cualquier día a un dirigente, y no ya metafóricamente al país, con la cara bañada en sangre porque a un loco se le fue la mano.

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jueves, 10 de diciembre de 2009 - 19:18
Es el Día Internacional de los Derechos Humanos. Paradoja en Lanzarote, dice Aminatu Haidar: ella está allí en contra de su voluntad, retenida en un aeropuerto que es un lugar de paso (otra paradoja). El Rey (desvela Cayo Lara, de IU) quiere intervenir ante Mohamed VI, pero Zapatero no lo deja (nueva p.). Obama recibe en Oslo el premio Nobel de la Paz; en su discurso habla de la guerra (p.): “A veces la guerra está justificada”. Obama no necesitaba quemar su nombre ni su prestigio en esa hoguera de las vanidades del galardón más preciado. Le han hecho un flaco favor. El Nobel del marketing empiezan a llamarlo. El Nobel de la Paradoja: aun no lo había recogido en sus manos y ya había anunciado nuevos esfuerzos (efectivos, vidas y presupuestos) para redoblar la guerra de Afganistán. Obama no habla de Aminatu el día de la paz en que habla de la guerra y el día de los derechos humanos en que ignora los abusos de su aliado favorito en África occidental. Marruecos no es un buen ejemplo de nada: ni de democracia, ni de convivencia, ni de ética, ni de respeto a la legalidad internacional. No se puede lanzar discursos contra la libertad que recuerdan épocas feudales, reminiscencias de la esclavitud, odio y tiranía. El 6 de noviembre, Mohamed VI desenterró el hacha de guerra: en la arenga conmemorativa de la Marcha Verde dividió a los saharauis en “patriotas o traidores” y les prometió a estos últimos el infierno. En Marruecos, la palabra del rey es ley. Aun no habían reformado el Código Penal para castigar a los traidores (los saharauis que renieguen de la nacionalidad marroquí) y se les presentó Aminatu en el aeropuerto de El Aaiun procedente de Las Palmas rellenando el casillero del control policial con su verdadero y único origen: saharaui. Ahí comenzó su calvario hasta hoy, 25 días en huelga de hambre después. Alguien tiene que detener a Marruecos o África será un continente fallido. Si los pocos estados que presumen de demócratas violan flagrantemente los derechos humanos mínimos imprescindibles para vivir en paz, África no tendría solución. Marruecos no es un espejo para África con este estilo de monarquía represora. España, Francia, Europa y Estados Unidos tienen que hacer algo. No pueden cruzarse brazos. Si hoy, Día Internacional de los Derechos Humanos, éstos no han sido abolidos por consenso universal, la huelga de hambre de Aminatu Haidar es la prueba de fuego de que el mundo no consiente, a estas alturas, que una cabezonería tribal de un rey soberbio tire por tierra todos los progresos de las políticas occidentales de cooperación y ayuda al Tercer Mundo. No sólo el fundamentalismo islámico atenta contra la razón y el derecho de las personas a convivir en paz. También los fanatismos de un rey fuera de sí alarman y obligan a actuar. O el muro de 2.600 kilómetros que divide a los saharauis es peor que el muro de Berlín. Se habrán cerrado no sólo las puertas a la paz y a la vida de ese pequeño territorio de al lado. ¿Dónde está la voz del Papa? ¿Dónde la ONU? ¿A quién, con la conciencia limpia, podemos confiar nuestro destino si una mujer sola en una isla es capaz de movilizar adhesiones de la gente de espíritu libre, sin que ningún dirigente se compadezca? Delante de un televisor, aguardan sin conciencia a que ella caiga inconciente para alimentarla a la fuerza. Y en la tierra “paz” y en el cielo gloria. Es Navidad.
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miércoles, 09 de diciembre de 2009 - 9:21
La huelga de hambre de Aminatu, que hoy miércoles cumple 25 días, se adentra en un terreno peligroso, que escapa al alcance de los políticos. Da la sensación de que esta irreductible mujer de principios tan firmes, cuya sonrisa en la orilla de la muerte parece fruto de la magia, ha tomado una decisión, que no es nueva ni premeditada, sino única. No creo que la pensara antes dos veces, ni ahora le esté dando vueltas en su cabeza bajo una preciosa melfa: morir o volver a El Aaiún. A España esta posibilidad se le atraganta por impensable, no la calculó cuando el ministro marroquí de Exteriores, hace ya casi un mes, le endosó a Moratinos el problema tras expulsar a Haidar por declararse saharaui en el casillero del control policial. Las causas existen. Y los ideales. Las convicciones. Pero las democracias suelen, en el curso de su degradación, olvidar estas cosas. Y lo que nos recuerda Aminatu es que la historia se repite. Gandhi se repite. Y los errores del 75 (falsa descolonización del Sáhara Occidental) también se repiten. España ha vuelto estos días a reencontrarse con los fantasmas de un conflicto que ha querido en vano en 34 años olvidar. Quiero, no obstante, cargar las tintas sobre el único gobierno y el único rey que asumen la mayor carga de la responsabilidad de que Aminatu se pueda, en cualquier momento, morir. El gobierno y el rey de Marruecos. Un gobierno que escupe en la cara de una mujer que defiende, a la vez que su dignidad, la de las demás mujeres musulmanas y la de todo su pueblo. Incluidos dos hijos que nadie debería permitir que queden huérfanos, como quedaron los saharauis de España el año del mal paso.
viernes, 04 de diciembre de 2009 - 14:13

El ‘caso Aitana’ está siendo un lamentable cajón de sastre (desastre), en el que cada cual ha arrojado primero sus miserias y después se ha limpiado la conciencia con la misma naturalidad, unos por verdadera contrición y otros por pura demagogia, que es la virgen de los sicarios de este oficio. Pocos lamentan la pérdida de la niña (si resulta cierto el error médico), que es la víctima humana, con el mismo énfasis con que se han lanzado a cobrar la pieza del periodista que cometió el pecado de hablar con Diego, que es la víctima social.

Éste es un episodio que pasará a la historia por la honesta catarsis de un periodismo que se duele de uno de sus pecados más extendidos (promover juicios paralelos) y por sacar a flote una vez más el rejo que define a una profesión en ocasiones malvada, capaz de morder la carne de su semejante.

Un caso sintomático para muchas otras profesiones, que asisten a la misma terapia grupal temiendo la próxima recaída. El protocolo de actuación contra posibles abusos a menores implica a la Sanidad, la Seguridad, la Justicia, los Medios. A mi juicio, el método ha fallado, aunque la ministra Trinidad Jiménez lo niegue; ha puesto al descubierto una vía de agua que amenaza llevar a pique años de mentalización de todos los colectivos en aras de no dar un milímetro de ventaja al maltratador, a la más mínima sospecha. Diego era una sospecha. Hoy es una Víctima. No un daño colateral de toda una ofensiva cuyos cañones apuntan en una dirección con la mejor voluntad de erradicar una lacra que nos espanta y arruina moralmente: la violencia de género y la violencia contra niños. Pero el sistema erró gravemente al topar con la excepción. Y la excepción exige, contra todo riesgo de soberbia oficialista, revisar cada uno de los pasos del procedimiento para asegurar la presunción de inocencia. Esa es la lección positiva de este escándalo.

Matar al mensajero

Al margen de las enseñanzas de los errores, se está librando en el periodismo canario una batalla interesada por sacudirse las culpas matando al mensajero.

Primero, se criminaliza al joven padrastro de la niña; después, automáticamente, se procede a abrir un proceso similar contra la clase médica, y, por último, desembocaron las aguas sucias de la profesión periodística en un alarde de hipocresía: matar al mensajero por entrevistar al único protagonista de interés social, con el que nadie había conseguido cruzar dos palabras, el eje de toda la historia, la única persona con la que todos querían (queríamos) hablar: el joven Diego, el joven que fue detenido indebidamente, el joven que fue acusado de graves delitos falsos, el joven que no había abierto la boca y el único que tenía algo que decir.

El medio que consiguió contactar y dialogar con él cumplió un deber deontológico de esta profesión, dar la palabra al ‘maltratado’ en todos los medios, y un derecho cívico, permitir a los ciudadanos malinformados por fuentes indirectas conocer de primera mano la opinión del protagonista central de una historia impensable aireada dentro y fuera de España, el primer caso que pone patas arriba toda una cultura informativa sobre violencia de género y pedofilia, un caso que supone un antes y un después en el mundo de la información de la lucha por la igualdad y la defensa de la presunción de inocencia. El debate que todavía está por empezar sin medias tintas, y que otros juegos gremialistas de pirotecnia efímera aplazan de momento.

Hética y febril, la profesión periodística ha quedado tocada, pero hace tiempo que esa enfermedad la devoraba por dentro. No es ahora cuando, de pronto, la ‘integridad’ del oficio está en peligro. Venía arrastrando sus males crónicos de lejos.

Víctor Hugo y ‘la entrevista’

A mi juicio, el periodista que rompió el cascarón de la entrevista por todos deseada nos reconcilia con la verdad de este trabajo en un tiempo de crisis del oficio. Víctor Hugo Pérez, un profesor de Física y periodista que forma parte de la plantilla fundadora de Canarias Radio La Autonómica, no me es un desconocido, y puedo asegurar que no estamos ante un arribista del sensacionalismo que atraviesa, por cierto, todos los patios interiores de esta profesión. Algunos ahora lo señalen con el dedo por tres motivos: por envidia, por envidia y por envidia.

Llevó casi 40 años de una modestia que me ha salido cara. No deseo para Víctor Hugo ni para su medio, aún jóvenes ambos, los maltragos que colecciono de un periodismo cainita que se excede frente a toda muestra de humildad con que se topa a su paso. De ahí que les invito a sacar pecho. Una primicia es una primicia. Una exclusiva es una exclusiva. Hacer, no ya una entrevista, sino ‘la entrevista’, es tocar un techo en un oficio de escaladas. Hacerlo con honestidad y rapidez de reflejos es el mayor éxito profesional al que pueden aspirar un periodista, sus compañeros (a Diego, al parecer, lo localizó toda una redacción trabajando en equipo) y, en definitiva, su medio. Y cuando todo eso ocurre, normalmente, hay algunos que te darán patadas en la espinilla. Porque ésta no ha sido ni será nunca una profesión solidaria. Solitaria, sí.

Aprender esa lección cuanto antes curará de futuras decepciones. Juan Carlos Mateu, director de Canarias Radio La Autonómica, me consta que lleva ya cierto recorrido. Ni es un recién llegado ni le asombrarán algunas cosas. Como ésta. Pero estoy seguro de que no lo estará pasando bien. Tampoco su director general, Willy García, al que todos felicitan en España por el éxito de la RTVC y aquí o le regatean elogios o le echan pócimas de envidia, que es el deporte nacional como corresponde a todo el que triunfa, según nos instruyera en su día don Fernando Díaz-Plaja. No entenderán todavía, ni uno ni otro, cómo es posible recibir enhorabuenas por el documento radiofónico de la primera entrevista a Diego y verla reproducida en la práctica totalidad de los medios de comunicación de este país (el eco internacional se le supone en un caso que traspasó nuestras fronteras), en lo que seguramente es el mayor logro informativo de su emisora hasta ahora, y, a renglón seguido, sentir los picotazos de ciertas voces periodísticas (y políticas también) que huelen a rancio, a oportunismo y a (¡ah!) hipocresía. Antes a todo se le decía: gajes del oficio. Pero son miserias. Son miserias del oficio.

El interés social

Éticamente, la entrevista es intachable, porque el periodista se presenta como tal, nombra su medio y cede la palabra libremente al protagonista de mayor interés social del momento. Iñaki Gabilondo me confesó en una ocasión las dudas que le asaltaron cuando tuvo en sus manos aquella célebre grabación pirata del diálogo de Txiki Benegas y Germán Álvarez Blanco, a través de una motorola, hace 18 años, que finalmente reprodujo la SER por el interés social (la relevancia informativa) del testimonio.

No estamos siquiera ante un caso similar: la entrevista a Diego es consentida y sin tapujos, realizada una vez de alta tras su paso por el hospital. Un trabajo limpio. La circunstancia del tono de voz sedada, que no resta ni coherencia ni inteligibilidad, es la misma de tantas otras entrevistas que hemos visto y oído sin que nadie las cuestione alarmado, y de tantas imágenes emotivas en escenarios donde el dolor lo ciega todo: las primeras palabras del superviviente de una catástrofe, aún en estado de shock y con heridas visibles; los familiares de víctimas del terrorismo, desgarrados y en caliente delante de las cámaras; la madre del soldado canario muerto en Afganistán, bajo los efectos de calmantes; el profesor Neira incapaz de articular palabra con fluidez entrevistado tras salir del estado de coma; Maradona, intoxicado de alucinógenos, con la vista perdida y la voz de un extraño, insultando a terceros, y tantos ejemplos que se pueden citar. En todos ellos, primaba el interés social del personaje y de sus primeras declaraciones. Periodismo por definición.

Lo que está en juego es el ser o no ser del periodismo como un oficio que se rige por el principio sagrado de la actualidad y la inmediatez. Periodismo radiofónico no se hace a toro pasado, se hace delante de las astas del toro. A todo riesgo. Un buen profesional hace buenas faenas; otros se dedican a hacerle “faenas” al prójimo.

Fotoperiodismo

Llegar primero recibe un nombre en inglés: ‘scoop’, primicia. Pero el ‘scup’ se vuelve escupitajo por las reglas demoníacas de esta profesión, que no perdona el éxito ajeno, la primicia de la competencia, y niega con desdén o con hipocresía. Nos felicitamos de los hitos del fotoperiodismo (uno de los géneros que más ha evolucionado y revolucionado en el periodismo mundial), pero nadie repara, con idéntica mala fe, en qué medida se vulneran derechos de imagen y al honor de miles de inmigrantes africanos expuestos sin defensa a la lluvia de flashes cuando arriban muertos de hambre a nuestras costas, con los ojos inyectados en sangre, que vienen de ver el diablo en alta mar. Nadie les pide permiso para retratar su humillación, su deterioro, su agonía. Nadie.

Y premiamos a nuestros fotógrafos con los máximos galardones por un merecido trabajo de ‘interés social’. Que lo es.

Confundir la amable y generosa entrevista de Víctor Hugo a Diego (ni una sola pregunta insidiosa, ni ninguno de los tantos infundios arrojados sobre el joven a sus espaldas durante toda la semana) con el espécimen de periodista sin escrúpulos que se cuela en un hospital y accede bajo bata de enfermero a la cama donde está su ‘objetivo’ para sorprenderlo a traición sacando el micrófono oculto y grabarle malvadamente, no sin antes de huir hacerle un par de fotos que vender a buen precio, es una maldad que repugna. Como me rompería los esquemas (confío en que no sea así) ver a partir de ahora el ‘caso Aitana’ expuesto, como uno más, de carnaza, al festín del mercado de los programas amarillos de las teles nacionales con bula mediática para despedazar en público los derechos de mayores y menores sin límite de tiempo. Ni de precio. En España, que se sepa, ninguna instancia periodística somete a juicio moral la ética de esos espacios, que, semana tras semana, son motivo de asco para esta profesión.

Y por último. No he visto estos días a nadie rasgarse las vestiduras por que todos (todos) sometan a interrogatorios periodísticos ‘solidarios’ en el aeropuerto de Lanzarote a la activista saharaui Aminatu Haidar, cuyo estado de salud y facultades son manifiestamente débiles, no ya porque pueda estar siendo medicada, sino porque está a punto de cumplir ¡20 días! de huelga de hambre. Entre la vida y la muerte.

martes, 01 de diciembre de 2009 - 19:28

El PSOE canario es un partido de larga militancia con la historia. Negrín, Saavedra, Carballo Cotanda, Rodríguez Doreste, Antonio Pérez Voituriez, Alberto de Armas, Arozena, Eligio Hernández, varias generaciones más, y estas aguas y estos naufragios. López Aguilar, como el guanche trasterrado en Venecia de finales del XV, es un personaje que pasea su nostalgia por Europa; con el cansancio vencido, acude a un éxodo sin retorno. Aguilar fue el revulsivo que el PSOE de las islas reclamaba en su justo momento, año 2007, cuando las encuestas daban bien y él las mejoró. Para la ganancia de votos reveló tener toda la cintura, para la negociación de un pacto de gobierno, ninguna.

Aquel hastío que exhibió en la gestión del éxito resulta, a toro pasado, premonitoria, pues, en sucesivas elecciones, se catapultó del Parlamento canario al Congreso y de éste al Parlamento Europeo. Un viaje a todo lo lejos. Vocación de política canaria, a fuer de sinceros, escasa; de política nacional, la justa (salvo suceder a Zapatero, si el desgaste del presidente fuera tal, aseguran socialistas con reservas hacia el exministro), e internacional, toda (también le patrocinaban para secretario general de la ONU, sin chanza, sus más dilectos admiradores en tiempos de máximo estrellato).

O le importaba poco traducir los votos en gobierno o su virtud y afán era tocar la cima, como el alpinista solitario insaciable, cuya sed le empuja a intentar nuevas escaladas de ochomil. Ahora, Europa se le ofrece, y el futuro es más extenso y pródigo en el estadio del continente donde caben 500 millones de personas que jugar con trotones sobre un césped dividido entre Tenerife y Gran Canaria, con mar de por medio y toda la influencia en otro sitio, Madrid. A cultura de pactos, indica Alemán, ninguna comunidad española da lecciones a Canarias. La ingeniería política que precede la formación de gobiernos en las islas da para impartir unos cuantos masters a muchos dirigentes nacionales imberbes apenas habituados a los mandobles verbales de la Carrera de San Jerónimo: poca escuela para el viento afilado que corre ahora mismo en el Parlamento canario bajo la batuta ‘atenta’ (demasiado atenta) de Antonio Castro.

Lo lejos de Canarias es su seny y su hándicap, lo bueno y lo malo, lo diferente y lo adverso: lo habitable e inevitable de Canarias. Así habla Juan Carlos Alemán, diez años líder de socialistas tinerfeños y otros tantos de socialistas canarios (¡20 años de capitán de un barco de motines a bordo!). La canariedad es la distancia, la africanía y lo europeante, lo cercano y lo lejano. Y (sigue hablando el líder histórico desde las canas de toda la vida) es también la fragmentación. Alemán no se ha vuelto de ATI ni CC, es su versión más ajena a los hilos de la intriga que manejó durante dos décadas de manera sibilina e incombustible. (Soy testigo de sus puzles de estratega militar en las batallas que libraba dentro y fuera de un partido que vive, ha vivido y vivirá en guerra permanente contra fantasmas, sombras y todos los faustos del infierno.)

El discurso de la canariedad es una apostasía en un dirigente socialista isleño. Así ha sido hasta hoy, salvo el período prehistórico en que Augusto Brito (¿también lo habían olvidado?) impulsaba una especie de familia nacionalista en el partido federal en que militaba. Ese ha sido más bien el lenguaje que forjó CC en paralelo a la metamorfosis de las Agrupaciones Independientes de Canarias (AIC) en lo que hoy es este pnv isleño o, más propiamente, PNC, que es su nombre inevitable, tarde o temprano. Alemán no pretende (me dice) robarle el guión a Paulino Rivero y CC, sino (mirando hacia dentro de su partido) concederse una segunda oportunidad, si le acompañan otros en sus filas, para asumir la identidad del archipiélago como eje central de la nueva ideología de un partido socialista a dos mil kilómetros de Madrid. ¿El síndrome Montilla? Tampoco parece que vayan sus tiros por ahí: que Montilla se eche al monte y salve su estatut de las ‘garras’ del Constitucional con la inquebrantable unidad catalana frente al PP, es harina de otro costal. Pero la imagen de los socialistas catalanes, vascos, andaluces o castellano-manchegos más patriotas del terruño que nadie, da envidia a un sector del PSOE canario, que admite que en su partido hablar de identidad, canariedad o banderas irrita como si de un virus se tratara.

Si el PSOE formaliza sus siglas y abraza las de PSC con todas las consecuencias dialécticas, Aguilar tendrá una razón de peso para soltar amarras con un partido que ya no sería el suyo. En ‘Claves de razón práctica’ ya explicitó en su día una total renuencia a picar ese anzuelo en política autonómica. Oír hablar de canariedad a Aguilar sería, en su caso, un regalo al morbo del oyente.

¿Qué va a pasar en el PSC?, le pregunto a Alemán, tras leer las dos entregas de su revelador artículo publicado en ‘La Opinión’ sobre la conferencia socialista de Tenerife, celebrada este fin de semana en el Magma del sur de la isla. No hay respuesta clara. Hay un pacto de silencio, que ha vuelto a romper con indisciplina calculada Jerónimo Saavedra (habló de “cuestión de días”), sobre el porvenir (transmitido minuto a minuto como el culebrón de una ‘casa’ de paredes transparentes) del secretario general. Confirmada la continuidad de Joaquín Almunia (ascendido a vicepresidente) en la Comisión Europea, se deshace la teoría de quienes veían a Aguilar de comisario soltando, a cambio, el ‘lastre canario’. Los mejor informados, apuntan a otras responsabilidades menos ambiciosas para el brillante orador, y dan por segura su desvinculación del aparato canario del partido. Ha sido una etapa más breve de lo previsto. Pero intensa, tensa, densísima en acontecimientos que podrían ser historiados ya mismo.

El 12 es la primera fecha de un calendario de sorpresas que nadie precisa. Se reunirá el partido y no se asegura ninguna novedad. Suenan nombres. José Miguel Pérez para secretario general. Carolina Darias, para candidata. Pero el PSOE es un partido conspiranoico por definición, y ya se cruzan llamadas unos y otros para si es de Las Palmas el secretario general, que sea Manuel Marcos (La Palma) el candidato. Y alrededor proliferan los nombres que todo el mundo baraja desde el principio: Arcadio Díaz Tejera, Santiago Pérez, Casimiro Curbelo dicen otros, en Tenerife un ala del partido promueve al alcalde de Candelaria Gumersindo García para lo que toque en el reparto del poder, o José Segura, las familias, a derecha e izquierda, se están moviendo (“movimientos de tierra”, diría Saavedra). Pero lo hacen con mayor rapidez sobre el tablero de ajedrez de piezas y cargos porque la partida está a punto de comenzar, que sobre ideas, ideales, ideario e ideología.

Alguien tendrá que exhumar los restos de los textos de Carballo Cotanda, Voituriez o Rodríguez Doreste (qué tres muertos ilustres bajo tierra demasiado tiempo), y el espíritu de aquel médico amigo de todos que Felipe González nombró embajador en Venezuela. Alberto. De Armas. Que también descansa en paz.

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martes, 01 de diciembre de 2009 - 0:33

El Alakrana. Aminatur. Y ahora Al Qaeda en el Magreb, si las sospechas de Rubalcaba se confirman. Tres incidentes sin relación alguna entre sí que han puesto en evidencia a España y mantienen al Gobierno entre las cuerdas, en vísperas de asumir la presidencia de la UE dejando al descubierto algunas dudas sobre su capacidad de reacción ante crisis de carácter internacional.

Lo del Alakrana en aguas frente a Somalia concluyó, mal que bien, con las vidas de los tripulantes a salvo y una estela de improvisaciones, descoordinación y timos que si algún día salen a la luz harán resucitar a Luis Carandell, el ilustre periodista del Celtiberia Show que coleccionaba las chapuzas ibéricas como un taxonomista minucioso de los deslices, gazapos y meteduras de pata de la patria patrimonio nacional.

Lo de Aminatur Haidar se complica por momentos. Rebasadas dos semanas de huelga de hambre (esta mujer soportó 50 días en ayuno en otra protesta en 2005 en la Cárcel Negra de El Aaiún), en Lanzarote, el ministro Moratinos (apellido absolutamente casual) continúa haciendo equilibrismos para no molestar a Marruecos y tratar de llevarse al huerto a la activista saharaui: le ha ido ofreciendo por fases la carta de refugiada, la tramitación de un nuevo pasaporte marroquí y, finalmente, la nacionalidad española. Rodeada de amigos y simpatizantes, cada vez más frágil de salud a sus 42 años vapuleados en prisiones de exterminio y con una úlcera amenazante como una bomba intestina, suma adhesiones en cascada entre artistas comúnmente asociados a la órbita de Zapatero que apoyaron su candidatura enarcando la famosa ceja (desde Javier Bardem, que la considera “prisionera de España” a Pedro Almodóvar). “Yo soy siempre independiente”, respondía ayer en un comunicado la galardonada defensora saharaui de los derechos humanos que fue expulsada por las autoridades marroquíes de El Aaiún el 14 de noviembre, tras recibir un premio en Nueva York, y derivada, contra su voluntad, al aeropuerto de Guacimeta (Lanzarote), donde se debilita día a día reclamando volver a casa con sus hijos sin agachar la cabeza. “Independiente de presiones”, aclara Haidar, ante la insinuación del ministro de la influencia hostil de su entorno para que resista. Y “bajo presión de España y Marruecos”, precisa aún más la ‘Pasionaria saharaui’.

Moratinos añade a su curriculum de hábil diplomático para Oriente Medio una nefasta incapacidad de maniobra para resolver este contencioso por la vía expeditiva (permitirle viajar en un avión de regreso a El Aaiún para que Marruecos allí se las entienda), por la dichosa política de ‘atados de pies y manos’ con que España suele recular ante Rabat cada vez que sus ciudadanos (y el sentido común) le piden una cosa y Marruecos la contraria. Este es un perfecto callejón sin salida que retrata la alicorta estatura política de un estado soberano, capaz de dar el espectáculo de más de dos semanas de hazmerreír del mundo entero: desde Hillary Clinton a Ban Ki-moon, desde la fundación Robert F. Kennedy hasta múltiples dirigentes de los derechos humanos han coreado su apoyo a la insobornable mártir de una causa que acumula 34 años de ignominia y oídos sordos de los líderes mundiales (españoles, en particular, de todos los partidos) ante la violación sistemática por parte de Rabat de la legalidad internacional desde el día y hora en que en 1975 invadió por la fuerza el territorio de la Sáhara Occidental, estimulada por el abandono incalificable de España, una potencia colonial postrada para entonces en la cama como el propio dictador.

Ahora a verlas venir. El desenlace ni es fácil a estas alturas ni leves sus consecuencias si no se detiene a tiempo la inmolación de la ‘Gandhi saharaui’, camino del Nobel de la Paz.

Y, por último, el secuestro. Otro secuestro. Esta vez no es en alta mar, sino en el ancho desierto de aquí al lado. Si los tres cooperantes catalanes desaparecidos están en manos de la sucursal argelina del Magreb, tal como se aventura a afirmar el ministro Rubalcaba, conviene saber que desde hace unos años, las huestes de Bin Laden (¿vivo o muerto?) se han ido desplazando desde Afganistán e Irak hacia Argelia, Marruecos, Mauritania, Malí. Y han ido estableciendo nuevas bases, se han ido agrupando bajo un mismo paraguas (‘Al Qaeda en el Magreb’), haciendo proselitismo, cometiendo aquí y allá ciertos atentados para mantenerse en activo, entrenando con armamento sofisticado a sus voluntarios suicidas y desplegándose por toda Europa, especialmente Francia y España. Ahora, en la Audiencia Nacional se juzga a media docena de militantes de esta red y se les acusa de robar para financiar las operaciones de la organización. España está en el punto de mira de esta Al Qaeda africana emergente desde hace unos pocos años, por el asunto de Al Andalus y la participación en los conflictos de Irak, Afganistán y Líbano.

Este secuestro de los cooperantes (esperemos a que se esclarezca la identidad de los autores y sus pretensiones) recuerda que las Islas Canarias están a un tiro de piedra de uno de los más peligrosos focos de violencia integrista altamente cualificada, capaz de actuar en cualquier dirección y ocasionar daños devastadores, si no se dispone de servicios de inteligencia del máximo nivel de eficacia preventiva (como en tantas ocasiones en Europa se ha logrado por suerte abortar graves atentados, gracias a una labor de espionaje afinada tras la experiencia de los ataques del 11-S en Nueva York pronto hará una década y posteriores mayo de 2003 en Casablanca, 11-M en Madrid y 7-J en Londres). ¿Gozamos los canarios de esa garantía para poder dormir tranquilos?

En febrero de 2007, un individuo secuestró a punta de pistola un avión de Mauritania a Gando. En el aterrizaje, el comandante provocó un brusco frenazo, al percatarse de que el sujeto no llevaba puesto el cinturón de seguridad, con lo que fue fácilmente reducido por los pasajeros, al tiempo que una azafata avispada roció enseguida su entrepierna con agua hirviendo. Pero resultó que no era en realidad un terrorista, sino un ‘pirado’ solitario que pretendía de ese modo conseguir asilo político en París. No ha vuelto a pasar ningún susto más, que yo sepa. Pero los canarios seguimos durmiendo y levantándonos para ir a trabajar a dos pasos del Sahel.

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