1.- En 24 horas, el peligro tuvo el mismo origen (cayó sobre las cabezas procedente del aire) y la misma consecuencia (causó dos muertes en cada caso). Dos sucesos gemelos. Uno, en la playa del Acantilado de los Gigantes (Santiago del Teide), donde los bañistas desoyeron, al parecer, los avisos de un socorrista demudado tras los hechos que intentó disuadirles de tomar el sol bajo las rocas por riesgo de desprendimiento (ya en octubre hubo uno, que desató la alarma, el balizamiento de la zona y la prohibición). El segundo accidente ocurrió un día después en Arrecife (Lanzarote). Esta vez, los operarios (dos inmigrantes) limpiaban en la cesta de la grúa los cristales de un edificio, pero el brazo del artefacto cedió y los dos obreros salieron despedidos hasta estrellarse contra la calzada y morir poco después como en una escena de Quentin Tarantino. ¡Qué testaruda mala pata mortal! Aún estábamos el domingo bajo la conmoción de las víctimas del alud de la playa, dos mujeres (una británica y la otra vecina de Arona), y el lunes se reproduce, como un calco de cifras y circunstancias, ese otro siniestro laboral de un francés y un peruano en su primer y último día de trabajo. Sucesos a pares. El seísmo y la réplica. Las desgracias, a veces, avisan, van dejando pistas sueltas. El derrumbe en la playa de Los Gigantes tuvo su señal de alerta en otro registrado antes en la carretera a Taganana. Dos sucesos del mismo género con los citados paralelismos. Penúltimo y último. Así debutó noviembre penúltimo mes del año, por cierto.
2.- Obama saca a EE.UU. de la recesión en su primer año (diez meses para ser exactos), pero cae en las encuestas (la demoscopia es la comidilla estos días en Canarias y en España). La derecha republicano lo tacha de rojo (“socialista”, “marxista”, son los cargos enarbolados contra él). y la izquierda demócrata. de moderado y poco fiable (no ha conseguido cerrar Guantánamo ni cerrar la reforma sanitaria de carácter público, promesas incumplidas de momento en un país de veleidades). “Yes we can” sonaba bien. Como ‘This is it”, la canción inédita de Michael Jackson que daba título a su frustrado espectáculo ecologista que acabo de ver en la magnífica película documental del mismo nombre. Dos negros. El poder desgasta. La muerte, en cambio, recompensa con mayor gloria al mito. Si Obama no sucumbe a un atentado será mucho más que un Premio Nobel de la Paz por hacer. Hará cosas que sólo Whitman pudo imaginar: “Comprendo cómo el patrón del barco vio los restos del buque de vapor, sin timón y atestado de gente, y cómo vio a la muerte que los perseguía en medio de la tormenta”. O salva al mundo o se lo comen los sondeos cual tiburones.
3.- En España –ya no se trata sólo de Canarias, como se llegó a propalar en cierta forma y ocasión-, la corrupción se ha erigido en el problema. Problema de Estado. Embarazoso. Como en los 90. Ahora ya salpica a los principales partidos que se financian con ella como un secreto a voces a expensas de uno u otro juez. Es la locura, la lacra de la democracia. De Gürtel a Santa Coloma de Gramenet. Este último foco debe de estar especialmente infestado, porque a las pocas horas de que Garzón metiera en la cárcel a cinco políticos del PSOE y CiU, gobierno y oposición se apresuran a conjeturar media docena de reformas legislativas urgentes de mutuo acuerdo para poner coto a la epidemia que los invade. La corrupción es un cáncer que mina la salud de un régimen de libertad por maduro que sea. La libertad está por encima de ella, pero no inmune a sus estragos. En Italia, por no amputar a tiempo el miembro necrosado, toda la democracia acabó podrida, y de ahí que Berlusconi, sin el escudo legal que le protegía, advierta de que no dimitiría de ser condenado. Es posible que, incluso, las encuestas (aquí también desconciertan), contagiadas del mismo virus, no le retiren su confianza del todo al líder que se sitúa por encima del bien y del mal, abrasado por éste.
4.- Para terminar el año. Con buen pie. Que le encarguen a Manolo Blahnik los zapatos de la crisis. Ahora que lo tenemos más cerca. Me cuentan que acude regular y asiduamente a La Palma. A rehabilitar su hotel. A hacerse la casa. A crear su museo. A vivir. Entre la isla y el mundo. Mito. Zapatero (sic) del siglo. Bienvenido.