Willy García se pasaba las mañanas enteras hablando delante de un micrófono. Yo lo tenía al lado y doy fe del espectáculo único de verle hacer radio. Practicaba un periodismo de raza que llevaba en la sangre. No lo aprendió. Nació con eso. Comunicaba como caminaba. Bajaba cada mañana al suelo a radiar la vida. Cada mañana. Cada día, cada minuto inolvidable con los sesenta segundos que lo recorren, que decía Kipling en el célebre poema ‘Si’. Releo a menudo ese vasto universo conciso de los versos de un poema universal, que, aplicado al caso de Guillermo García-Machiñena García-Checa (Willy García, llamado así familiarmente desde la época que rememoro en Radio Club), actual director general de la RTVC, nos explica su travesía y consagración. Escribe el autor inglés natural de la India: “Si puedes mantener la cabeza cuando todo a tu alrededor/pierde la suya y por ello te culpan …” Y continúa: “Si puedes confiar en ti cuando de ti todos dudan,/pero admites también sus dudas”. Añade: “Si puedes esperar sin cansarte en la espera…/Si puedes soñar y no hacer de los sueños tu maestro,/si puedes pensar y no hacer de las ideas tu objetivo,/si puedes encontrarte con el Triunfo y el Desastre/y tratar de la misma manera a los dos farsantes…” Prosigue el poeta: “Si puedes arrinconar todas tus victorias/y arriesgarlas por un golpe de suerte,/y perder, y empezar de nuevo desde el principio/y nunca decir nada de lo que has perdido;/si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones/para jugar tu turno tiempo después de que se hayan gastado./Y así resistir cuando no te quede nada/excepto la Voluntad que les dice:”Resistid”. Antes de concluir señala: “Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud,/o pasear con reyes y no perder el sentido común,/si los enemigos y los amigos no pueden herirte,/si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;/si puedes llenar el minuto inolvidable/con los sesenta segundos que lo recorren.” Para inferir por último de lo antedicho: “Tuya es la Tierra y todo lo que en ella habita,/y -lo que es más- serás Hombre, hijo”. El viento que lleva y trae poemas con cualquier pretexto, me acercó estos versos biográficos de quienes, labrándose un destino en la adversidad, vencen, y a cada instante me recuerdan a alguien, gente que conozco bien. A Juan Cruz, por ejemplo, fan de Kipling y lector temprano de esas palabras certeras que cinceló de niño sobre un muro junto a su casa, y en cuyas pinceladas se vio también reflejado como él mismo me confesó. Juan, premiado ayer con el Comillas de ensayo, por su nueva obra inédita ‘Egos revueltos’ sobre los hábitos y óbitos literarios que jalonan su vida de narrador, poeta, editor y periodista, entre admirados escritores y artistas, vivos o muertos, con los que ha lidiado, de Borges a Paul Bowles, hallando siempre en sus vanidades y exigencias la misma voluta, el humo de la soledad. Juan Cruz ayer era un hombre feliz en Buenos Aires (viajó a la ciudad de Borges como jurado del premio Clarín), donde el prestigioso galardón español le sorprendió entre amigos de letras, que son la sopa de su última obra por ahora. ¿Por qué habló hoy de Willy García y de Juan Cruz al alimón? De una parte, porque a los dos les premia la vida y el trabajo merecidamente, no sin poner a prueba su resistencia. Willy, el mismo día que Juan ganaba el Premio Comillas, cosechaba el mejor dato de audiencia de la TVC en todo el año y sumaba por decenas de miles los espectadores que ha conseguido reunir en torno al medio que dirige como una gran atracción. Preside la Forta, que es la cúpula de las televisiones autonómicas, y todos le felicitan por el éxito de su experimento televisivo en Canarias (la ‘teleespectáculo de Willy’), un 19,4% de share, que es una de esas marcas imposibles en la jungla de canales de hoy día en una comunidad autónoma. Y en segundo lugar, porque a los dos clava Kipling en su poema titulado ‘Si’: dos resistentes, que no resignados. Cuando el escritor portuense obtuvo el Premio Canarias, lo apremiaron en su tierra con fuego a discreción, el premio se le atragantó hasta que pasó la refriega. A Willy, cuando lo nombraron director general del ente público RTVC, lo crucificaron en plaza pública, vivió meses de apestado y sobrevivió. Los dos llegan siempre lejos. Ambos son los personajes del poema. Sí.