¿Hablaba en serio Soria? En presencia de periodistas, el presidente del PP en las islas afirmó que “en Canarias hay que ir hacia un tripartito”. ¿Un tripartito?, preguntó alguien del corro. “Sí, un gobierno tripartito formado por el PP, CC y dos consejeros del PSOE?” ¿Del PSOE o de una escisión socialista?, requirió otro. “No, no, del PSOE. Dos consejeros salidos del grupo socialista que se integraran en el gabinete”, insistió el vicepresidente del Gobierno canario.
José Manuel Soria se extendió unos minutos sobre el hipotético gobierno que él diseñaría si lo presidiera. Sustentó la idea en la necesidad de repartir juego con la oposición. Son muchos años lejos del poder y ése es el origen de la tensión en que vivimos, vino a decir, pensando, sin duda, en que un par de consejeros socialistas en un gobierno de populares y nacionalistas, implica, a su vez, una cadena de cargos públicos subordinados que, a su juicio, calmaría las aguas de la bronca política en el infierno insular.
¿Pensaba en voz alta Soria o verbalizaba a conciencia un proyecto madurado de gobierno tripartito que pacifique la continua operación ‘tormenta’ de la política canaria inspirada en aquel asedio del general Norman Schwarzkopf en la guerra del Golfo de comienzos de los 90? Dio la impresión de que abundaba en algo pensado y repensado y nada improvisado. Y citó a Sarkozy, encantador de socialistas a los que llamó a gobernar desde la derecha. Y puso algún nombre sobre el tablero de la conversación. “¿Por qué no un Paco Spínola de consejero de ese gobierno tripartito?” Durante unos minutos siguió perfilando el ejecutivo que ronda en su cabeza. No dijo, en ningún momento, si lo había comentado con el presidente Paulino Rivero para ensayar el experimento en la segunda mitad de esta misma legislatura. Viendo el estado de opinión (el estado de las opiniones) en el seno del PSOE, a raíz de los pronunciamientos del diputado José Segura en Radio Isla y La Opinión, y del alcalde Jerónimo Saavedra en Canarias Radio La Autonómica, ambos en sintonía, convencidos de que Ferraz medita mover la silla a JFLA, y viendo el tono que ha adquirido la polémica a bordo del Partido Socialista Canario (el portavoz del grupo parlamentario, Santiago Pérez, dijo que Segura quiere ser el novio de la boda y el muerto del entierro), la (¿ocurrencia?) propuesta de Soria parece un caramelo envenenado, pero quién sabe. Quién sabe.