lunes, 19 de octubre de 2009

Juan García Suárez, ‘El Corredera’, es toda una historia. Y una leyenda. Resume un tiempo corrosivo y una sociedad cercenada. Era el enemigo número uno de la dictadura en Gran Canaria durante un vasto período de oscuridad política. Todo lo que se dijera del Corredera siempre era poco. El régimen tenía en cada esquina un lobo feroz, y se sustentaba en la cacería de los fantasmas de su bestiario. El Corredera mató, sin duda, a un carnicero falangista que había asediado a su familia. Y después intercambió disparos en los que hubo muertos. Vivió escondido por los muertos que mató y por los que no mató. Era de Telde. Al parecer, era un buen hombre. Con un destino marcado. Se fugó toda la vida. Y lo persiguieron mientras tuvo aliento por cuevas y caminos; en su casa, donde era como una sombra que no se dejaba ver, entraba y salía. El día –la noche- que lo iban a ejecutar, Pedro Lezcano se fue a caminar con los pasos perdidos mientras le invadió un dolor impotente que sólo podía tener una válvula de escape para un poeta: esa noche escribió con atraganto el ‘Romance del Corredera’, que cantó Mestisay. Digo que el ‘injusticiamiento’ del Corredera dividió a la sociedad grancanaria, porque el franquismo tenía adeptos, pero el Corredera también. El éxito de su larga supervivencia al margen de la ley fue obra de una confabulación de familiares, amigos y vecinos fieles, que no lo dejaron morir de hambre por nada del mundo. Por eso, el obispo Pildain –un carca indulgente- pidió a Franco que lo indultara, sin éxito. Era un símbolo. Quebrarle el cuello era desnucar todo intento de rebeldía. En la celda, esa noche, momentos antes de dirigirse, flemático y resignado, al cadalso improvisado en el patio de la prisión de Barranco Seco, Juan -Juan ‘el Nuestro’, lo llamaban- dijo algo al oído a un familiar. Después se supo: el pajarito canario que él cuidaba en su jaula mimosamente era un regalo de su parte para el carcelero, del que se había hecho amigo. Cuando el verdugo, quizá rezando entre dientes un Credo, lo ejecutó a garrote vil, hace ahora cincuenta años, mató a Juan García ‘El Corredera’. Pero no a la leyenda.

Comentarios
HIT
lunes, 19 de octubre de 2009 - 20:08
SR. Rivero:

Como siempre,me lo pone difícil a la hora de ofrecer resistencia alguna por mi parte, y termino arremetiendo, al abordaje de su espacio. Le ruego humildemente, que disculpe mi "engolosinamiento".

Fué un caso que conmocionó a una ciudadanía amordazada en sus derechos y libertades, lo cual siempre produce en la masa, el efecto necesariamente contrario, que aquellos que arbitran mediante la coacción y el miedo, desearían.

Es la lucha del individuo ante el totalitarismo caníbal, abominablemente asimétrica y feróz, un cúmulo de errores y horrores.

Ojalá, casos de esta índole nunca más vuelvan a darse.

Muchas Gracias




Añadir comentario:
Nombre *
Título *
Correo electrónico
Url
Comentario *

* Todos los comentarios están sujetos a aprobación antes de ser publicados.
Nos reservamos el derecho a editar comentarios que contengan un lenguaje inapropiado u ofensivo.