martes, 18 de agosto de 2009

Vuelvo a América como una costumbre que se reanuda año tras año. En el avión, una de las lecturas que me traigo a bordo aborda la idea de la repercusión informativa como fenómeno intrínseco del siglo del conocimiento, el eco de todo hecho que acontece sin margen geográfico limitado, la eterna noción de noticia y su externalización a que obliga la era de la aldea global, no por manida menos cierta. Conviene aceptar, como precepto, que todo acontecimiento que se precie se deprecia ante el desprecio de una prensa que lo ignora con intención o sin ella. Es un viejo asunto, en efecto, recurrente en las islas –ellas, entendidas, a su vez, como un condicionante que aboca a ese incidente sobre la repercusión-, que se me refrescó con motivo del apagón informativo, este verano, por parte de los medios de comunicación nacionales respecto a la puesta en marcha del Grantecán –huelga añadir que estamos hablando del mayor telescopio óptico-infrarrojo del mundo, arropado en su debut por los Reyes de España y una nutrida corte de científicos y autoridades, sin ninguna trascendencia para el oráculo nacional-, en el mes de julio, en la isla de La Palma. Esta isla, como veremos, ha puesto este verano sobre la mesa, con dos grandes pretextos, de modo consecutivo, un debate que, a mi juicio, padece una inexplicable atonía en los círculos canarios de opinión, a menudo reacios a ‘sacar el tema’ para evitar ser acusados de provincianismo y complejo de inferioridad. Con ese prejuicio, tragamos más trato discriminatorio de la cuenta.

Aquella descarada omisión de la noticia en la prensa nacional, ninguna foto ni prácticamente titular alguno en primera en ninguno de los grandes diarios que se imprimen en Madrid, abochorna desde el punto de vista profesional al periodismo de un país, no ya porque revele un completo desinterés por la ciencia –y bien que se nos llena la boca de brindis grandilocuentes a la innovación y las nuevas tecnologías en la España que rasca puestos de ránking en Europa, como uno de tantos vacuos estribillos al uso-, sino porque, además, pone de manifiesto un anacrónico centralismo informativo que, por muchos seminarios y reprimendas puntuales que demandemos, el periodista y la empresa periodística radicados en la capital de España no consiguen exorcizar pese a las evidencias del formidable despliegue territorial que experimenta ‘la actualidad’ hoy en día. Tal es así que en una isla de la ultraperiferia europea como La Palma, en efecto, cabe imaginar la instalación del mayor observatorio astronómico del hemisferio norte y en él, como prueba irrefutable de su capacidad tecnológica, el telescopio más grande y avanzado hasta el momento.

El silencio de la prensa nacional hacia La Palma astrofísica (la ironía del apagón informativo de una isla que apaga las luces para ver, precisamente, el cielo), ese silencio de portada agravado por una insultante minimización de la noticia en páginas interiores, pese a tratarse probablemente del hito más relevante de Canarias en toda su historia y de la ciencia española, plantea una duda casi ontológica a los canarios sobre nuestra existencia no ya física, sino informativa, reconocible, periodísticamente valorable: ¿si nada menos que el Grantecán no es noticia de primera página para el periodismo español, qué otro logro insular podrá serlo en el futuro, o acaso, por esa regla, definitivamente, no lo sería ninguno? Y en este último caso descabellado, la consecuencia es atroz: Canarias, en positivo, no está llamada a ser noticia nacional de ninguna de las maneras. Un silencio paralelo, el de las propias islas que apenas se inmutaron con desidia ante el caso omiso que su joya científica suscitó en la prensa española, remata el pronóstico sobre el pobre destino informativo que aguarda al archipiélago en la sociedad de la información.

¿Podemos permitirnos el lujo de pasar desapercibidos en la propia prensa nacional hasta ese punto, como hemos comprobado con ocasión del estreno de un telescopio que concede a Canarias el liderazgo de la astrofísica mundial? Nada justifica ese mutismo, más allá de una histriónica ceguera política amén de informativa, que no viene al caso, o estaríamos ante una extremada locura general si pensáramos que la noticia de la inauguración de un telescopio muy importante en un lugar muy alejado de los centros de poder del país debe ser rebajada de tono por razones políticas desconocidas que no alcanzo a ver y que parecen más propias de un conspiranoico en la Red. Aquí no hay vuelta de hoja, se trata de un acto de ignorancia supina, que sólo hiere la esencia misma del periodismo en cuanto a su escala de valores respecto a qué es noticia según qué territorio. (Algo tan deleznable y antiguo, por otra parte.)

El efecto para las islas –al menos para las nuestras a la luz del periodismo que se practica en la capital del reino- del concepto repercusión se ve reducido de antemano, como a nadie se le oculta, a la saga de sucesos que acarreen drama y dolor por anticipado (y esto tampoco es un tópico más, sino uno de los cánones más viejos y consagrados en la prensa nacional). El incendio de La Palma es el último ejemplo que sumar al catálogo de naufragios de cayucos y muertos, asesinatos, desapariciones y siniestros aéreos –en los que, por cierto, siendo considerados en una ocasión un caso igualmente excepcional, esa vez por el elevado número de víctimas, merecimos, entonces sí, los honores de cinco columnas en todas las primeras páginas de los rotativos patrios-. Ejemplo éste el del incendio de La Palma que resulta providencial porque ilustra a la perfección la alta sensibilidad de que es capaz la prensa española hacia la periferia como noticia cuando se trata de sucesos y catástrofes, no dudando enmendar todo tic centralista, y porque, dado lo dicho, demuestra palmariamente hasta qué punto a un mismo territorio no se le presta atención cuando protagoniza un acontecimiento científico del que pueda alardear no ya él en particular, sino todo el Estado, y, en cambio, se le conceda el máximo interés en prensa, radio y televisión si arden sus montes, casas y ganados y se ven amenazados sus habitantes durante días.

No creo que estemos ante un debate a priori estéril, ni provinciano, ni ombliguista, como alguno interesadamente se apresurará a pensar; antes al contrario, visto desde aquí, desde Perú (donde los escritores siempre emigraron a Madrid y Barcelona para hacerse con un nombre y un hueco no sólo en el mercado editorial, sino en cualquier suplemento literario de la prensa española, desde Vargas Llosa y Bryce Echenique hasta Jorge Eduardo Benavides), y desde una América donde Europa cuenta con la mitad de sus regiones ultraperiféricas, justamente éste, el escaso peso informativo que islas y territorios alejados tienen en el seno de las redacciones de los diarios más influyentes de las capitales de la UE, es el tema. Como América es el interminable tema sobre el que volveré.

Comentarios
HIT
sábado, 22 de agosto de 2009 - 22:10
Estimado Periodista;

Es un poco parte del perfil, de la tradición del botijo y la boina, ya un tópico que nos vino acuñado desde detrás de la cordillera pirenaíca, España VS Tecnología, en Alemania lo dan por sentado, tristemente, y junto con el "mañana, mañana", algún historiador germano de comienzos del XX dijo que España guarda una extraña relación con el pasado, pues en ella se encuentra vivo y coleando.

Una nación que aspira a formar parte del "primer mundo", no puede permitirse faltar a su deber, para con el conocimiento, la industria del futuro, y en este caso coincido con usted Sr. Rivero, se ha faltado al deber.

De todas maneras , el grueso del asunto es importante, por fin nos pondremos a la altura de los más grandes con esta espectacular herramienta.

Muchas gracias
jueves, 14 de enero de 2010 - 20:09
Hola desde Villa Rica - Oxapampa, te saluda el propietario del caffe cohuen, el cual tubo el agrado de atenderte, durante tu estancia en esta tierra maravillosa,mi nombre wilder villaizan vajda, agradesco tus comentarios muy faborables a mi actividad economica y te esperamos a ti y amigos pronto.
cuidate ..........chaooo
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