jueves, 18 de junio de 2009

La visita de Emilio Lledó coincide con otras (Felipe González, Clara Janés, Soledad Puértolas, Cristina Peri Rossi) que confluyen en el concepto de las islas como parada y fonda, según la idea de aquel libro de huéspedes ilustres, ‘Entrada y salida de viajeros’, que Domingo Pérez Minik dio a la luz en 1969 (de Bertrand Russell a Alberto Sartoris, de Valentine Penrose a Friedrich Dürrenmatt, de André Breton a Óscar Domínguez y de Óscar Domínguez a Patrick Waldberg, qué envidia de testigos de su época los de ‘Gaceta de Arte’). Lledó, amigo de Tenerife desde que arribó a La Laguna para dar clases en su universidad y sentirse como en Heidelberg, es un filántropo por naturaleza que va por ahí regalando pródigamente todo lo que halló en los libros y pensó por su cuenta. Es un lujo escucharle (y, por lo tanto, aprender tanto de una sentada), pero lo es más comprobar hasta qué punto un filósofo de carne y hueso, como si Aristóteles fuera en realidad un personaje de hoy con su ‘etica nicomáquea’ a cuestas, puede ser tan oportuno en un tiempo tan revuelto para desempolvar todos los prejuicios y afeites que han dado lugar a lo políticamente correcto y descifrar en pocas palabras qué es ser un ciudadano de izquierdas: alguien que profesa la bondad, la amistad, la solidaridad y el amor, alguien que no miente y fia toda su credibilidad al espejo en que se mira, alguien libre, alguien digno y decente. No está de moda este encadenamiento literal de palabras tales en desuso, acaso desterradas, muchas de ellas, de la conversación y el discurso político más frecuente por entender que no sean progres, sino más bien mojigatas. Pero ya ven las cosas que omitimos por obvias y, sin embargo, son las verdaderamente importantes. Don Emilio suele decir que “dentro de todo sí hay un pequeño no, y dentro de todo no hay un pequeño sí”. Si desean volver en sí, y sacudirse algunos noes errados, les recomiendo buscar las obras, textos y entrevistas de Emilio Lledó. El periodista y escritor Juan Cruz, uno de los que más ha hablado con él a lo largo de las últimas décadas, compartió su avidez con la sabiduría del catedrático sevillano en diálogo en vivo en el Espacio Cultural de CajaCanarias en Santa Cruz, un encuentro que se inscribe en el ciclo denominado no por casualidad ‘La condición humana’, a todas luces un homenaje al escritor mencionado al comienzo de estas líneas, Pérez Minik, autor del ensayo tan citado y escasamente leído, ‘La condiciòn humana del insular’. Ambos, Lledó y Minik, comparten el hecho de poseer un ‘alma navegable’, que diría el poeta, donde cabe algo tan inagotable como la curiosidad de saber.

Conviene seguir con suma atención las revueltas en las calles de Teherán tras las elecciones del viernes. Si el fútbol se suele acercar a la verdad, los jugadores iraníes que lucieron, en el choque con Corea del Sur, brazaletes verdes de adhesión a las protestas por el fraude de las urnas, son el mejor indicio de que Ahmadineyad ha ido esta vez demasiado lejos, y los ayatolás han caído demasiado o es que estos jóvenes se les han subido a las barbas. En las plazas de Hafte- Tir y Vali Asr hay una parte considerable del pueblo que exige nuevas elecciones para salir de dudas sobre si, como creen, ganó el reformista Musavi, en contra del escrutinio oficial. Es probable que Irán tenga la tentación de silenciar a los jóvenes, como sucedió, hace veinte años, en Tiananmen. Entonces la gente se pasaba la consigna boca a boca; ahora lo hace por sms y cuando, como en Irán, tratan de impedírselo, lo hacen por Twitter o Facebook, y en última instancia, lo hace cuerpo a cuerpo, cara a cara, midiendo sus fuerzas con los medios de represión, arrebatándole la porra como en esa foto en que el joven ataca al policía y éste le dispara, con ventaja, un gas para inmovilizarlo, sin que sepamos, porque la imagen se detiene ahí, cómo termina el duelo que simboliza el pulso que está librando la juventud con un régimen (teocrático) pronto a ser nuclear. Permanecemos a la espera de conocer ese desenlace, pese al apagón informativo impuesto por quienes tienen algo que ocultar.

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