viernes, 06 de febrero de 2009

La palabra naufragio es sinónimo de África en esta aguas. "El naufragio es un don afín al hombre", escribe el poeta Luis García Montero (antología en 'Voz y papel'), de CajaCanarias, colección al cuidado de Elsa López). Quienes viajaron a Dákar en una reciente delegación solidaria oficial de Canarias, cuentan que las madres ‘semiviudas’ (sus maridos e hijos emigraron a Europa a través de las islas y tardan, cuando no enmudecen para siempre, en dar señales de vida, como los canarios del éxodo americano de mediados de siglo) desconocían, por lo general, que entre ellos y nosotros había un mar por medio; pensaban que todo era territorio continuo y que sus familiares no corrían los peligros que ahora les refieren.

La novela de la inmigración, que está por escribir, es la historia de ese equívoco, origen de decenas, centenares, ¿miles? de muertos, sin que, dada la naturaleza del desastre y su dimensión, figure siquiera entre los grandes dramas olvidados del siglo (alguien algún día pedirá cuentas por ello a la mismísima ONU, que suma a su desidia en el Sáhara Occidental, su desinterés por las víctimas de la inmigración en el pasillo entre África y Canarias). Causa una auténtica perplejidad que, estando tan cercanas sus orillas, las islas y el continente de al lado se desconozcan tanto. En la Universidad de Dákar, el periodista Juan Manuel Pardellas encontró libros en abundancia de media Europa; sin embargo, de España apenas identificó unos pocos ejemplares en franca minoría. “¡Esto es el Plan África!”, exclamó el periodista de la SER sensibilizado con la deuda de decenios de falsas promesas de España a Senegal, que en poco ayudan al progreso de un país hermoso y hermano fruto de la inmigración, gobernado por el octogenario Wade, una de las mejores cabezas de África, según me dijo con estas palabras Samí Nair, pero no por ello menos golpeado como todo su entorno por la corrupción y la desigualdad. Náufragos siguen llegando a nuestras costas, vivos y muertos, como el otro día a Arguineguín. En los cayucos suelen venir menores no acompañados, a sabiendas de que la ley es más permisiva con ellos que con los adultos, pueden permanecer acogidos en centros donde los educan e integran y serán en el futuro ciudadanos europeos con toda probabilidad.

El reciente acuerdo del Parlamento canario, para que el Estado asuma la tutela de estos jóvenes y los aloje debidamente en las distintas comunidades autónomas, parecerá una obviedad cuando los hechos de este año se relean en un futuro no muy lejano, sin la polución política contemporánea que todo lo enrarece en esta tierra atada por los tobillos a sus demonios familiares. Son niños que cruzan un mar que ignoraban en busca de la Europa con la que sueñan, como ayer los canarios cruzaban el Atlántico en busca de América, ambos continentes, a la postre, una misma tierra de promisión. Y, como tales emigrantes a las metrópolis europeas que expoliaron sus países en el pasado, no me digan que eligen Canarias como único destino final y que recordarle a España su responsabilidad como Estado receptor de la diáspora juvenil africana sea una despreciable renuncia de una competencia autonómica de un archipiélago sin escrúpulos. Terrible la degradación del lenguaje y el pensamiento político canario actual.

Comentarios
lunes, 09 de febrero de 2009 - 20:08
Efectivamente. Es triste comprobar cómo a veces reaccionamos de forma irracional.

Recuerdo algún momento vergonzoso protagonizado por vecinos que criticaban la instalación de un centro de menores inmigrantes cerca de sus casas.

¿qué está pasando?
martes, 25 de agosto de 2009 - 23:14
reaccionamos de forma inrracional hasta con el vecino que siempre tubo un puesto especial ya no hay humanidad no sentimos dolor ni amor que nos esta pasando que hasta que no nos llegan los problemas no nos damos cuenta de realmente como tratamos a las personas .
Añadir comentario:
Nombre *
Título *
Correo electrónico
Url
Comentario *

* Todos los comentarios están sujetos a aprobación antes de ser publicados.
Nos reservamos el derecho a editar comentarios que contengan un lenguaje inapropiado u ofensivo.