FEBRERO 2009 ENTRIES
lunes, 16 de febrero de 2009 - 9:39

Desde la antigua Roma, en carnavales irrumpe el espíritu travieso y mordaz de ese dios pagano de la burla inmisericorde llamado rey Momo, justo el cariñoso apelativo de Jerónimo Saavedra, el autor de las polémicas declaraciones a la Televisión Canaria en las que pidió la dimisión del ministro Bermejo. En el programa ‘El Envite’ del jueves me tocó hacerle la pregunta obligada sobre la cacería. El episodio es pintiparado para una letra de murga o una parodia en la gala que levante chispas. El propio Saavedra calificó la montería de “numerito”. La crítica de Jerónimo, como disfrazado de rey Momo del Carnaval, usa con el ministro Bermejo la irreverencia murguera, que es como echarle una cana al aire al año al partido.

En el revuelo nacional de sus declaraciones y en la reacción de la Moncloa tras el Consejo de Ministros, se ignoró la atenuante del contexto festivo en que habló ante las cámaras, vísperas de la gala de la reina del Carnaval de piratas de Las Palmas, la ciudad de la que es alcalde. Saavedra opinó que el ministro debería dimitir y se convirtió en noticia nacional. ¿Profanó la disciplina de partido?, sí, pero también honró la ética de partido, antes que la cinegética, que a cualquiera repele viendo las fotos de los venados abatidos alineados en el suelo.

Lo de Bermejo y Garzón cazando juntos en mala hora, porque coincide con la instrucción del juez de un caso de corrupción en el entorno del PP, es evidente que no es más que un pecado de amistad, una metedura de pata, pero el acto de mal gusto es imaginarles con la escopeta apuntando a un ciervo que asoma entre los arbustos, como escribía el domingo Manuel Vicent, en su columna de El País. La declaración de Saavedra rebotó en los telediarios de todo el país como un exabrupto, un exceso de discrepancia interna de un alcalde librepensador, que, agitando un palitroque con la cabeza de muñeco de Bermejo en la punta, hablaba en medio de un Carnaval, conciente o no de ser el rey Momo de la política canaria.

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viernes, 06 de febrero de 2009 - 11:59

La palabra naufragio es sinónimo de África en esta aguas. "El naufragio es un don afín al hombre", escribe el poeta Luis García Montero (antología en 'Voz y papel'), de CajaCanarias, colección al cuidado de Elsa López). Quienes viajaron a Dákar en una reciente delegación solidaria oficial de Canarias, cuentan que las madres ‘semiviudas’ (sus maridos e hijos emigraron a Europa a través de las islas y tardan, cuando no enmudecen para siempre, en dar señales de vida, como los canarios del éxodo americano de mediados de siglo) desconocían, por lo general, que entre ellos y nosotros había un mar por medio; pensaban que todo era territorio continuo y que sus familiares no corrían los peligros que ahora les refieren.

La novela de la inmigración, que está por escribir, es la historia de ese equívoco, origen de decenas, centenares, ¿miles? de muertos, sin que, dada la naturaleza del desastre y su dimensión, figure siquiera entre los grandes dramas olvidados del siglo (alguien algún día pedirá cuentas por ello a la mismísima ONU, que suma a su desidia en el Sáhara Occidental, su desinterés por las víctimas de la inmigración en el pasillo entre África y Canarias). Causa una auténtica perplejidad que, estando tan cercanas sus orillas, las islas y el continente de al lado se desconozcan tanto. En la Universidad de Dákar, el periodista Juan Manuel Pardellas encontró libros en abundancia de media Europa; sin embargo, de España apenas identificó unos pocos ejemplares en franca minoría. “¡Esto es el Plan África!”, exclamó el periodista de la SER sensibilizado con la deuda de decenios de falsas promesas de España a Senegal, que en poco ayudan al progreso de un país hermoso y hermano fruto de la inmigración, gobernado por el octogenario Wade, una de las mejores cabezas de África, según me dijo con estas palabras Samí Nair, pero no por ello menos golpeado como todo su entorno por la corrupción y la desigualdad. Náufragos siguen llegando a nuestras costas, vivos y muertos, como el otro día a Arguineguín. En los cayucos suelen venir menores no acompañados, a sabiendas de que la ley es más permisiva con ellos que con los adultos, pueden permanecer acogidos en centros donde los educan e integran y serán en el futuro ciudadanos europeos con toda probabilidad.

El reciente acuerdo del Parlamento canario, para que el Estado asuma la tutela de estos jóvenes y los aloje debidamente en las distintas comunidades autónomas, parecerá una obviedad cuando los hechos de este año se relean en un futuro no muy lejano, sin la polución política contemporánea que todo lo enrarece en esta tierra atada por los tobillos a sus demonios familiares. Son niños que cruzan un mar que ignoraban en busca de la Europa con la que sueñan, como ayer los canarios cruzaban el Atlántico en busca de América, ambos continentes, a la postre, una misma tierra de promisión. Y, como tales emigrantes a las metrópolis europeas que expoliaron sus países en el pasado, no me digan que eligen Canarias como único destino final y que recordarle a España su responsabilidad como Estado receptor de la diáspora juvenil africana sea una despreciable renuncia de una competencia autonómica de un archipiélago sin escrúpulos. Terrible la degradación del lenguaje y el pensamiento político canario actual.

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lunes, 02 de febrero de 2009 - 11:04

Como ya es febrero, nos cabe el consuelo de poder decir que hemos dejado un mes atrás. Y ya queda menos. En Davos, donde cantantes pops como Bono, de U2, y estrellas de Hollywood, se ausentaron dejando paso esta vez a artistas chinos y de Bollywood, los dirigentes, estadistas y empresarios han procurado hablar sin mirarse a la cara para mentir sin ponerse colorados. Davos es una estación alpina suiza donde regularmente los popes del capitalismo se reunían para brindar por el triunfo del modelo hegemónico tras la caída del muro de Berlín y el descalabro comunista.

Ahora, que la mayor crisis económica en más de medio siglo, trastoca las esencias privatizadoras del ultraliberalismo de occidente y abre una tercera vía de socialismo de choque que nacionaliza bancos y pronto hasta colegios, los señores del capital han vuelto a su cita anual cabizbajos, temiendo lo peor. La cumbre coincide con las primeras revueltas en la calle por el caos económico. Estas primeras huelgas y manifestaciones del descontento, que hemos visto en París e Inglaterra, son, a juicio, de la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, el preludio de que “la crisis puede desembocar en disturbios sociales”. En Argentina, cuando hace diez años sacudió al país una recesión local desmesurada tras las alegrías del gobierno de Menem, De la Rúa accedió al poder con medidas impopulares que desembocaron en el ‘corralito’ (restricción de los depósitos bancarios) y en un estallido social. La ministra francesa de Economía advirtió ahora en Davos de un fenómeno semejante a escala mundial. En Inglaterra, la huelga de los trabajadores de las refinerías trata de evitar la contratación de mano de obra extranjera, bajo el lema ‘Empleos británicos para los trabajadores británicos’. El propio primer ministro laborista Gordon Brown sucedió a Tony Blair con la promesa de priorizar el trabajo para los nativos, pese a que en toda la Unión Europea (Inglaterra, incluida) rige el principio de ‘libre circulación de mano de obra’. Gordon Brown paseaba por Davos con la cabeza agachada, desbordado por este conflicto que recuerda el volcán sindical de la recesión inglesa de los años 70 y el doble lenguaje de negar el proteccionismo de puertas afuera para salir de la crisis y practicarlo sin pestañear de puertas adentro, como hará con las escuelas privadas en la ruina.

Este debate inglés sobre el patriotismo laboral nos remite a Canarias, donde el gobierno autónomo de Paulino Rivero propone la preferencia del trabajador residente frente al extranjero a la hora de ocupar un puesto de trabajo. Es un eje de la estrategia de empleo del pacto entre nacionalistas y populares que no comparte la oposición socialista insular, pese a que en España el propio ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, es partidario de la misma política, ‘trabajo para los españoles’, más radical que la sugerida desde las islas, ‘trabajo para los residentes’ (sean o no canarios, sean o no españoles, sean de donde sean si viven aquí con sus familias). Son las paradojas del pandemónium político del archipiélago, una sociedad en bancarrota como la economía, donde los dirigentes se han quitado el habla y rebuznan por sistema, contrariados sin remedio, como si el modelo de convivencia política de las islas se hubiera despeñado y todos los intentos por detener la caída fueran inútiles.

En un artículo contracorriente publicado este domingo en el diario El País (página 7), Moisés Naím enumera ‘cinco razones para el optimismo’, tras el desalentador cónclave de Davos y el diagnóstico de los gurús de que la crisis va para largo. Una de esas razones es que aparecerán, necesariamente, otros, nuevos y mejores líderes. No podemos en Canarias haber caído más bajo con el desencuentro visceral de las principales fuerzas políticas. Si la derecha y el nacionalismo viven horas de desconcierto y necesitan una urgente catarsis, la izquierda, descarrilada, parece ajena al reloj de la crisis que cada hora que pasa destruye empleo y siembra un crash político, que amenaza la seguridad y el funcionamiento de las instituciones, no sólo en las islas, sino en todo el país. A causa de esa ceguera, vemos cómo cualquier tuerto se hace rey.

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