ENERO 2009 ENTRIES
martes, 27 de enero de 2009 - 8:59

Estoy de mudanzas (casi a tono con 2009 y con esto que llamo, ficticia o presuntuosamente,  nuevo siglo con ocho años y veinte días de retraso, a partir de la toma de posesión de Obama –Whitman-, salvando las distancias de mi traslado respecto al suyo a la Casa Blanca) y rescato, en el trasvase, libros que había dado por perdidos, como tres Monterrosos de bolsillo, joyitas básicas de esencia pura de lectura única (‘Obras completas y otros cuentos’, ‘Movimiento perpetuo’, y ‘La oveja negra y demás fábulas’). Declaro mi admiración prolongada por este autor breve (el monumento al género, de sobra conocido, es su célebre cuento de siete palabras y una coma decisiva: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, que sostengo que fue aval suficiente para que le dieran en 2000 el Premio Príncipe de Asturias, que ningún canario ganará si no se muda –hoy toca mudanza- a vivir y medrar a Madrid, dicho sin malicia). Monterroso, guatemalteco, sin llegar a enteco, era como sus textos de poco empaque, un hombre corto y exacto, y genio. Salgan corriendo a leerlo, y no se lo despachen de un plumazo, tentados por su brevedad engañosa, que hay tela que cortar en cada párrafo de este clásico de clásicos (los leía como uno entre ellos, siéndolo, y de ahí que opinaba que “un escritor no es nunca él mismo hasta que comienza a imitar libremente a los demás”). Y después, o antes incluso, si les apetece, escriban microrrelatos con que inundar este blog y todos los que se pongan por delante.

A eso invita Augusto Monterroso, al que El País dedicó una obra espléndida en su colección ‘Clásicos del siglo XX’, en 2003, con este título, ‘Cuentos, fábulas y Lo demás es silencio’, una maravilla. Les podría citar todos (no son muchos, en total) los grandes libros que he leído con delicia de este autor bajito. Libros de su cosecha y libros de conversaciones con él, como ‘Viaje al centro de la fábula’ (placer en sumo grado). Los escritores (que ‘semos’, si dejan que me incluya, bastante adanistas, deben leer sus páginas todas, que ya digo que no son tantas, pero cunden, y aprender de un maestro sin segundas. Ideó un ‘decálogo del escritor’. Reproduzco algunos consejos jugosos para literatos timoratos: “Cuando tengas algo que decir, dilo, cuando no, también. Escribe siempre”; “Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras”; “Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto…” Heredero fabuloso de fabulistas de toda época, leyó con interés al paisano Tomás de Iriarte (su versión de ‘El Burro y la Flauta’, apenas dos párrafos, darían para un coloquio sobre feminismo, sobre arte y azar, sobre cultura y multiculturalismo, sobre el amor, sobre la amistad, así era y es, en su laconismo, una de las grandes voces de la literatura en nuestro idioma) ¿Un pecado? Dos, no haber leído nunca a Monterroso ni a Borges.

(El 21 de febrero es el Día de las Letras Canarias. Así que pronto toca hablar de Mercedes Pinto, saber por qué, quién es y fue esta gran ausente que vuelve.)

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viernes, 16 de enero de 2009 - 16:33

Estamos a tiempo de hacernos la pregunta. ¿Será éste el annus horribilis de la crisis económica mundial? En realidad, el tránsito de 2008 a 2009 ha sido fluido y ordinario; los mismos males de uno los hereda el otro (crack financiero, caída a plomo de la construcción y la automoción, penalidades de las pymes sin liquidez…), con la excepción de las cifras dantescas de paro conocidas en enero (autonómicas y estatales, más invasivas éstas que aquéllas). Por alguna razón endémica (como la excesiva dependencia de la elefantiasis inmobiliaria), se cumplen los peores augurios del oráculo de la crisis, la OCDE, respecto a España como fiasco, como fábrica de parados. Con elusiva planificación, el presidente Zapatero logra en el Congreso posponer hasta febrero toda comparecencia explicativa sobre el récord de la vergüenza (más de 3 millones de parados al término de 2008). El comienzo de ejercicio se tornó una mala racha, con la colisión de problemas que quitan el sueño: el primero, el paro (para más del 70% de los ciudadanos, según el barómetro de diciembre del CIS), después el temporal de nieve y el caos de Barajas y media España, que se acordó de Magdalena Álvarez; y la amenaza de huelga de los jueces por la obsoleta maquinaria y falta de medios y la renuencia ante las reformas legales que les restan poder, amén del incidente del ‘caso Mari Luz’, que me temo que es la piedra en el zapato del Gobierno que le costará más de un callo.

Pero estamos a escasas fechas de la llegada de Obama a la Casa Blanca (o Casa Negra, en términos de un cromatismo político inédito, más allá del juego de palabras). El 20 ya es una efeméride de antemano. Velar por la seguridad del presidente que desafió las convenciones raciales y anuncia cambiar también la historia de las relaciones diplomáticas de la primera potencia, se ha convertido en tarea de todos, escarmentados por el desenlace de Kennedy y una necesidad casi taumatúrgica de que el joven negro guíe sin tropiezos (sin atentados personales ni más Iraqs) los destinos del mundo (desde los estadounidenses a los canarios, pasando por todos) con éxito. El primer presidente negro de los EEUU vino al mundo en medio de la primera gran crisis de la globalización. Habrá alguien que encuentre la profecía de Nostradumus y el símil del Mesías del Génesis trasunto de salvador de una crisis infernal. Todos queremos que triunfe y lo sentimos como una especie de presidente global inmortalizado en un afiche imitación de Warhol, de Gran Hermano benigno (antagónico del prototipo orwelliano de la célebre novela ‘1984’). Y empujaremos en la medida de nuestras fuerzas para que le vaya bien. Para que nos vaya bien.

Éste que se acaba (otro empieza con Obama en unos días) ha sido el mundo de Madoff, el gran estafador piramidal que timó a los ricos los ahorros millonarios que depositaron en sus manos de mago hasta hacerlos desaparecer. Por una calle de Santa Cruz me crucé anoche con una de las víctimas de Madoff. No digo el nombre, pero muchos sabrán a quién me refiero. Es un personaje silencioso que se desliza entre la gente, sin hacer ruido, con una timidez rutinaria y familiar, un hombre sencillo y entrañable, que tiene una fortuna inmensa y nadie lo diría cuando pasa a su lado. Y ése que acabó (o aguarda en su prórroga) ha sido el mundo de Bush y los famosos ataques preventivos. El de las falsas armas de destrucción masiva de Sadam. El mundo mendaz de Madoff y Bush. Esperando a Obama, como Vladimir y Estragon esperando a Godot, como si Beckett hubiera querido decir (aunque siempre lo negó) esperando a Dios.

Un año se va y otro viene, incluso insistiría en esa impresión de que el año nuevo aún no ha empezado, en realidad, de que esta vez comienza un 20 de enero, con el nuevo inquilino de la Casa Blanca y Negra. Como de la noche al día.

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viernes, 09 de enero de 2009 - 9:24
 

El paro se ha desbocado en España. Era previsible, pero rebasar la barrera de tres millones de personas sin trabajo plantea dudas razonables sobre la política de empleo en todo el país. La crisis económica, la misma para toda Europa, castiga al trabajador español más que a ningún otro. Si pensamos en clave familiar y no en términos macroeconómicos, de nada nos vale congratularnos de que ningún banco haya quebrado en España, si, en cambio, han quebrado en todo el año 2008 un millón de puestos de trabajo nada menos. Tampoco nos vale de nada lamentarnos por toda respuesta. Aquí viene como anillo al dedo la fabula titulada ‘¿Quién se ha llevado mi queso?”, de Spencer Johnson, que causa furor entre partidarios del pensamiento positivo desde comienzos de década. Mi sorpresa y decepción ante una cifra de paro tan brutal (¡3 millones de personas desocupadas y, por tanto, nominadas a vegetar en bares y a matar el tiempo como si todos los días fueran lunes al sol, o a frustrarse encerrados en casa sin saber qué hacer ni a dónde ir, o a repartir currículos hasta que suene la flauta, o a montar con suerte una empresa como autónomos, o a beber, o a gallofear y hasta delinquir, etc.) me dictan que hay que hacer algo y nunca quedarse con los brazos cruzados. Hacer algo pronto y eficaz que dé esperanzas desde la Administración a tantas decenas de miles de personas de que un nuevo empleo es posible. Y el parado ya sabe que no son tiempos para pensárselo dos veces, sino para aceptar la plaza que le ofrezcan sin reparar en distancias ni, muchas veces, en categorías profesionales; no digo sueldos, porque éstos, por mucho paro que haya y mucha necesidad de conseguir trabajo como sea, y toda la crisis que se quiera, nunca estarían justificados si entrañan explotación alguna por tratarse de una demanda desesperada. Urge aplicar la receta que sea, el fondo que sea para salvar a tres millones de personas que han perdido lo más importante, el trabajo. Esta crisis es la primera evidencia de la perversión del sistema de globalización económica: paga justo por pecador. El millón de españoles a los que la crisis el año pasado dejó en la calle no eran grandes fortunas estafadas por Madoff con su método piramidal, o grandes empresarios multinacionales que cayeron a pique en la bolsa. Eran trabajadores. Y lo han perdido todo.

Esta especie de katrina del mercado laboral español, en que todos los diques de contención del paro se han visto desbordados, exige una rápida acción contundente y eficaz, un plan de drenaje de empleo que evite una completa inundación y el desastre. Con el crecimiento del paro registrado en España en diciembre, 2008 ya pasa a la historia como el annus horribilis del empleo en el país desde que hace doce años que se mide su evolución. En los últimos doce meses hubo un millón de parados más, una cifra disparatada que multiplica casi por diez el mismo dato referido a 2007. En otras palabras, España pasa en tan sólo un año de dos millones a tres millones de personas en paro, un récord deshonroso que lidera el ránking de toda Europa y que en diciembre sólo fue comparable a Letonia. Ya la OCDE avisó de que España, a raíz de la crisis, era el país que peor lo iba a pasar en empleo, y el pronóstico iba a misa. Perder el trabajo es padecer la crisis en toda su crudeza, no hay mejor termómetro; lo demás son ganas de alardear de conocimientos macroeconómicos sobre la gran depresión del siglo XXI y bla bla bla, y análisis prospectivos para la galería. Crisis es quedarse en la ‘p…’ calle sin trabajo, sin sueldo, con una prestación en su caso que tiene fecha de caducidad, y con una edad no siempre propicia para buscarse la vida en otra actividad. La pérdida del puesto de trabajo es la señal inequívoca de que la economía se ha ido al carajo. Contar con empleo y vivienda son condiciones básicas que retratan la situación de un país a los ojos y los bolsillos de los ciudadanos. Se hace urgente, a partir de este momento, en que España supera el umbral psicológico de tres millones de parados, una reacción lo bastante convincente del Gobierno que acredite su capacidad para remontar la situación. Los 8.000 millones de euros para obras municipales a corto plazo pueden resultar una venda o una tirita en la herida y conviene saberlo cuanto antes, porque el paro va a seguir aumentando este año ya calificado de ‘nefasto’. No vaya a ser que por un exceso de confianza, se disparen todas las alarmas cuando ya sea tarde y saben que me estoy refiriendo a lo que me estoy refiriendo, porque esta ecuación es bien sencilla y termina reflejándose en términos de seguridad. El hecho de que las islas, que soportan 203.000 parados, estén registrando en los últimos meses crecimientos de desempleo menores que el resto del Estado, se ha visto ahora, en diciembre, más gráficamente, cuando el paro aumentó en toda España tres veces más que en Canarias, a pesar de que nuestras dificultades son mayores en proporción a las del conjunto del Estado. Para los próximos nueve meses, período crítico según todos los expertos, deben afinarse las mejores recetas locales y estatales para prevenir y paliar los casos de familias sin ayudas, sin empleo, sin recursos y, como ya estamos viendo, sin otro remedio que acudir a los comedores públicos para salir del paso. Cuando se llega a ese extremo se toca fondo y el Estado está tardando en lanzar un plan de rescate para los parados, cuando en Europa y, sobre todo, en Estados Unidos lo han hecho para los bancos, las constructoras, el sector automovilístico y, con un poco de suerte, hasta para Larry Flynt, el rey del porno, que ya ha puesto la mano pidiendo su parte de la tarta pública de solidaridad.

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