El ideal de este blog sería, de antemano, erradicar todo asomo de adulteración en los temas y opiniones que vierta por mi parte y, a ser posible, también de la otra parte. Ése es un objetivo que ya sé que se asocia al ámbito de la utopía, pero quienes me conocen de primera mano y no de tercera o cuarta que se empecinan en encasillarnos en su clichet favorito, saben que abro la boca sólo para decir lo que pienso. En mi equipaje se agolpan noticias y lecturas, reflexiones y confidencias que iré desgranado con sumo gusto. Espero que de este laboratorio salgan a la luz razonamientos que puedan sernos útiles en términos colectivos. Soy algo reacio a las pérdidas de tiempo, tanto como a esa amalgama sórdida de prejuicio y mala leche que embadurnan los foros de Internet sin otro propósito que desahogar el caudal de exabruptos que una vida perra o la condición elegida de perro en la vida provocan en más de uno. Tengo la esperanza, no digo la obsesión, de que siempre saquemos algo en claro. Considerando que este blopg viene el amundo en una época de crisis, preveo que a menudo abordaré las mil y una aristas de este caos, pero, más allá de las palabras que amenazan dominarnos la conversación (paro, inflación, morosidad, cierres, despidos,recesión, depresión...), haremos contrapeso, siempre que podamos, con otras que inviten a sortear los obstáculos y mirar la vida con mejor cara. Ahora mismo, mientras escribo, en Europa, los jefes de Estado y de Gobierno están reunidos para decidir cómo aplicar sus recetas de rescate anticrisis, cómo afrontar el cambio climático en estas circunmtancias inesperadas y cómo desbloquear (esta palabra me gusta en un sitio como éste) el Tratado de Lisboa. Acaban de acordar que Irlanda repita el referéndum, en que votó no, antes de noviembre de 2009. A mi juicio, la presidencia francesa, que culmina su período semestral, ha sido dinámica y efectiva (amén de efectista, pero le reconozco haber sufrido de lleno la gran explosión de la crisis y haber afrontado, pese a las divisiones, medidas trascendentales en el momento más grave de la historia del capitalismo, un suceso que tardará en repetirse), pero hemos de admitir, a su vez, que, bajo la impronta de Sarkozy, se instaló como recurso una política pragmática por encima de las ideologías. De ahí, esta segunda oportunidad a Irlanda, cuando el 'no' francoholándés abortó en su día la posibilidad de una Constitución europea. Me pregunto, desde una Canarias que espera mucho de la nueva Europa, si a partir de ahora se saltarán todas las alarmas, reglas y ortodoxias para resolver los problemas, uno a uno, sin más horizonte que el corto plazo.