martes, 10 de agosto de 2010

 

Lorenzo Santana Rodríguez


El culto en los primeros años tras la Conquista

Los guanches veneraban la imagen de la Virgen de la Candelaria en la cueva de Achbinico antes de que la isla de Tenerife fuese conquistada por la Corona de Castilla, y allí mismo se organizó posteriormente su culto, en la que sería conocida como cueva de San Blas. Se hallaba bajo la jurisdicción del obispo de Canaria, por lo que era el clero secular, o diocesano, el que atendía espiritualmente el templocueva, mientras que un ermitaño se encargaba de su limpieza y de recibir a los peregrinos.

 Del ermitaño podemos aportar algunas noticias, que además nos ilustran sobre uno de los aspectos de su actividad. Así sabemos que el 28 de mayo de 1517 García de Morales, «ermitaño de Nuestra Señora de la Candelaria», se obligaba a pagar a Antón Martín, arrendador de las abejeras salvajes de la isla de Tenerife: «tres doblas y media de oro. Las cuales son por razón que me arrendasteis todas las abejeras salvajes que hubiere media legua a la redonda de la Casa de Nuestra Señora la Candelaria por dos años».

La producción de estas abejeras salvajes debía ser bastante crecida en atención a otro documento, fechado el 22 de agosto de 1519, en el que García de Morales, «santero de Nuestra Señora la Candelaria», para abonar el pago de una ropa se comprometía a entregar cincuenta libras de cera.

La cofradía de la Candelaria

Juan Perdomo falleció tras otorgar este testamento, por lo que se procedió al nombramiento de un nuevo mayordomo, recayendo la elección en Pedro de Lugo, regidor de Tenerife, sobrino del Adelantado don Alonso Fernández de Lugo y propietario de un ingenio de azúcar en La Orotava, todo lo cual hacía de él una persona con gran peso económico y político en la sociedad isleña. Con él se inicia un nuevo capítulo en el culto candelariero, que no significó ruptura con el ya existente, como podremos comprobar más adelante, sino una evolución lógica y enriquecedora del mismo, en concordancia con los deseos del clero secular y del cabildo catedral por una parte, y por otra respetando los derechos de los guanches sobre la imagen.

 

                               

                                                 Cueva de San Blas, Candelaria, Tenerife

Pedro de Lugo se asoció con Juan Pérez de Virués, hombre sin peso político alguno y de escasos recursos económicos, pero que hizo gala del suficiente celo, capacidad organizadora y ascendiente sobre los fieles como para hacerse cargo de la administración, y tras el fallecimiento del regidor, acaecido en 1525, de la dirección del proyecto. Fundaron una cofradía, la primera que tuvo la imagen, con sede en el convento del Espíritu Santo, de la Orden de San Agustín, en La Laguna, donde colocaron una imagen de este título con altar propio, que aparece ya mencionado el 18 de abril de 1520 por Francisca del Castillo en su testamento: «Item mando que me digan una misa los frailes de Santo Espiritus rezada en el altar de Nuestra Señora Candelaria que está en el monasterio de Santo Espiritus».

 Este altar estuvo colocado inicialmente en el cuerpo de la iglesia, y tuvo después capilla propia en el claustro principal del convento, que fue ocupada en 1670 por la cofradía de la Virgen de Gracia. En este altar la cofradía rindió culto a la Virgen hasta su extinción en la segunda mitad del siglo XVII. La Candelaria de San Agustín no nace como la hermana pobre sino que se tratará casi en plan de igualdad con su hermana mayor. De tal modo que la Candelaria de la cueva de San Blas, que hasta ese momento era designada simplemente como Nuestra Señora de Candelaria se llamará desde ahora la del término, o de las partes, o de la banda o del reino de Güímar para así distinguirla de su hermana de la ciudad.

Tras fundar la cofradía, y disponer de su propio altar en el convento agustino, el siguiente paso fue la construcción de una iglesia en el que colocar la imagen venerada por los guanches, a poca distancia de la cueva. Así, el 15 de octubre de 1522 Juan Pérez de Virués, en nombre «de Pedro de Lugo mayordomo de Nuestra Señora Candelaria y de todos los cofrades y hermanos de ella» contrató con Rodrigo Cañizales el que cortara la madera necesaria para la obra este templo. Y el 22 de septiembre de 1524 Pedro de Lugo, como mayordomo de la iglesia y ermita de Nuestra Señora de la Candelaria, contrataba con el carpintero Francisco Álvarez el enmaderamiento y cubierta de esta iglesia. Esta cofradía organizaba y encabezaba, según lo que hemos podido recabar, las procesiones y rogativas que saliendo de la ciudad de La Laguna se dirigían al término de Candelaria, a la iglesia donde se veneraba la imagen de los guanches.


                                 

                                       Virgen de Candelaria. Iglesia de Santa Úrsula, Adeje.


La tradición de los guanches

 Para concluir este somero estudio sobre los inicios del culto candelariero hemos escogido un tema que nos permitirá retrotraernos a la época anterior a la Conquista de la isla, pues nos proponemos hacer un primer intento28 de reconstruir la tradición de los guanches sobre la Candelaria a partir de los detalles que ellos mismos aportan en el conocido como pleito de los naturales29, pues no es lo mismo oír lo que Espinosa dice que a su vez dicen los guanches, que el escuchar a estos directamente. En otro estudio adelantamos el comienzo de este pleito hasta el año 1544, como se deduce de una carta de poder otorgada en la ciudad de La Laguna el 11 de septiembre de ese año:

Sepan cuantos esta carta vieren cómo yo, Pedro Goçón, cl[é]rigo presbítero, beneficiado de este término de Güímar, que es en esta isla [d]e Tenerife, y cómo nos, Pedro Delgado, y Juan Gaspar, y Juan Hernández, y Juan Castellano, y Luis Hernández, y Juan Castellano, y Luis Hernández, y Pedro Madalena, y Juan de Santa Cruz, y Antón Gutiérrez, y Juan de Baltazar, y Juan de Tacoronte, y Luis García, y Pedro Hernández y Luis Hernández de Ibavte, vecinos y naturales de esta isla de Tenerife, moradores en el dicho término de Güímar y de Nuestra Señora Candelaria, por [n]os y por los demás vecinos y moradores del dicho término, por los [c]uales hacemos y prestamos voz [y] caución (… otorgan poder general de Gutierre de Trejo, clérigo presbítero, beneficiado de Nuestra Señora de la Consolación de Santa Cruz, para…) pedir y suplicar que no c[on]sientan ni den lugar a que la iglesia de Nuestra Señora d[e] Candelaria, que al presente est[á …] se mude del lugar dond[e …] está hecha y edificada […] allí donde está nosotr[os y nuestros] padres la ayudaron a [… edi]ficar con limosnas que […] dieron. Y, así mismo, [… pue]da pedir que la ima[gen de Nuestra] Señora no se saque ni […] dicha iglesia para la ll[evar …] a otra parte, por[que donde(?) al(?)] presente está ha esta[do …] continua desde que la [dicha(?) imagen(?)] se hizo. Y, así mis[mo, pue]da pedir y pida [que en la dicha] iglesia de Nuestra Señor[a de(?) Cande]laria se nos admini[stren los(?)] sacramentos de la Igles[ia …] bautismos, como de vela[ciones …] entierros y otras cosas […] todo no se hace en la dich[a iglesia] por estar en po[der(?) …] de la Orden de Santo Domingo, de que todos nosotros y los demás vecinos del dicho término padece[m]os por no tener quién en la dicha iglesia de Nuestra Señora nos administre los dichos sacramentos.                                                     

Como dicen los guanches: «porque ellos ayudaron a hacer la dicha iglesia y imagen»; o como dicen en el documento que se elevó a público: «porque donde al presente está ha esta[do …] continua desde que la dicha imagen se hizo». Por la significación o novedad que supone esta afirmación, hemos optado por reproducir la minuta en su totalidad y el poder en su mayor parte32, pues para defender sus derechos sobre la imagen los guanches manifiestan, sin ninguna clase de reparos o dudas, que tienen memoria de cómo sus antepasados ayudaron a hacerla, es decir que ayudaron a costear su pago, lo que entra en flagrante contradicción con el relato de Espinosa, que afirma que ésta había aparecido en una playa a los naturales ciento y cinco años antes de la Conquista de Tenerife.

La cuestión que nos proponemos clarificar es que en el caso de la Candelaria, al igual que en el la Virgen de Pino de Gran Canaria, se produjo una sustitución de la imagen original, y en ambos casos, aunque inicialmente no parece haberse planteado un problema devocional, finalmente se acabó ocultando este hecho. El profesor Hernández Perera dató hacia la década de 1440-1450 la imagen de la Candelaria, la que los conquistadores encontraron en la cueva de Achbinico y que desapareció arrastrada al mar por el aluvión de 1826. Valiéndose de los testimonios gráficos que nos han quedado de la misma estableció esta fecha aproximada en base a su análisis estilístico. Esta fecha ha confundido a los historiadores, pues está tan arraigado el relato de Espinosa que hasta la fecha de hoy se ha aceptado, sin cuestionarlo, que la imagen a la que se refiere la narración de la aparición tenía que ser necesariamente la que estaba en la cueva de San Blas. Es por esta razón, por citar a modo de ejemplo un solo historiador, que Rumeu de Armas, que un primer momento la relacionó con las misiones mallorquines-catalanas de finales del XIV, tras la publicación del estudio de Hernández Perera rectificó su parecer inicial.


Comentarios
jueves, 12 de agosto de 2010 - 22:01
Uhmmm. Muy bien. Veo que continuais con estos planteamientos. Navegando por internet me encontré con un blog de La Palma y me enganché. Lo único que os pediría es si puede ser que redacteis los textos con un tipo de letra mayor.
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