La imagen mariana venerada por los aborígenes, perdida en el aluvión de 1826, era como se sabe una escultura de bulto redondo cuyo mejor testimonio —al margen de las representaciones pictóricas y escultóricas que de ella se conservan— es la descripción realizada por Espinosa, a la que remitimos. Como explicaremos más adelante, pronto comenzó a recibir vestidos...