jueves, 08 de julio de 2010
Carlos Rodríguez Morales *
 
Como en un caleidoscopio, la imagen de María se ha mostrado multiplicada a lo largo de la historia adoptando formas reconocibles y familiares. Sus representaciones han cumplido la doble misión de hacer cercano lo trascendente y, a la vez, constituirse en emblemas para distintos grupos humanos identificados con ellas. El afecto por ciertas esculturas sagradas se concretó —sobre todo a partir del siglo xvi— en el gusto por poseer pinturas y estampas en las que quedaran retratadas. Este es el sustrato piadoso de un género pictórico —el de los verdaderos retratos o veras efigies— definido por la pretendida fidelidad respecto al modelo, principalmente imágenes marianas sobrevestidas, enjoyadas y entronizadas en sus altares.
 
En Canarias, las patronas insulares de La Palma, Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura —las Nieves, la Candelaria, el Pino y la Peña— encabezan este particular catálogo artístico y devocional que, a la vez que testimonia el arraigo religioso de cada una de ellas, constituye una insustituible fuente histórica y gráfica. Realizadas principalmente para el culto doméstico, esta circunstancia motiva que poco a poco vayan conociéndose nuevas obras de este tipo conservadas todavía en el ámbito familiar y transmitidas como preciada herencia de generación en generación. Una puesta al día de este repertorio referido a la Virgen de las Nieves puede contemplarse, coincidiendo con la Bajada de este año, en la exposición María, y es la nieve de su nieve. Favor, esmalte y matiz, organizada por CajaCanarias en su sede central de Santa Cruz de La Palma.
                
Siempre sobrevestida, estos retratos pintados sobre todo en los siglos xvii y xviii admiten una primera distinción dependiendo de su escenario. Los más numerosos presentan a la Virgen en su entorno devocional, en su hornacina, sobre peana, en sus andas procesionales o ante fondo de damasco. Sus autores se recrean en la reproducción de los vestidos y de las joyas con los que a través de los siglos los fieles han demostrado su devoción a la Patrona.
 
Menos frecuentes son aquellos que insertan su efigie en otro escenario, emergiendo del mismo cielo sobre una peana de nubes. Entre éstos destacan dos que rememoran un prodigio atribuido a la Virgen: la erupción de un volcán que había reventado a principios de octubre de 1646 en Fuencaliente cesó el 18 de diciembre de 1646 ese año, fiesta de la Expectación de Nuestra Señora, y ese día «amaneció cubierta de nieve la boca del volcán, con universal aclamación de milagro de Nuestra Señora de las Nieves». Y a este grupo pertenecen también los exvotos conservados en el Real Santuario Insular, que recuerdan la especial protección de la Virgen sobre los hombres de la mar.
* Licenciado en Hª del Arte. Comisario de la exposición 'Vestida de Sol', sobre la Virgen de Candelaria.
Comentarios
viernes, 09 de julio de 2010 - 13:17
Y la Virgen de Los Reyes de El Hierro?
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