Me cuentan que un hombre muy rico, muy rico, quiso, quiere y va a comprar un equipo que estaba al borde del abismo económico y deportivo. Como primera condición dijo que si dicho club perdía su situación en la élite, no lo compraría.
En la última jornada de la liga de ese país, se enfrentaron el equipo en cuestión y un candidato al título con un presidente no menos rico, bueno si, un poco menos rico; pero con intereses fuera del deporte en el país del futuro nuevo comprador. ¿y qué pasó? Que el candidato al título se quedó en eso, candidato y sin entorchado un año más, y los que tenían la soga del descenso en su cuello se salvaron sumando un punto y ante un rival ramplón. ¿Raro, no? A veces el deporte da asco. Un día les tengo que contar como dicen que se pactaron otros dos finales de liga con un clamoroso estruendo en la grada; “que se besen, que se besen”. Estas cosas son como las meigas, haberlas haylas y bien guapas.
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.